Vionaika Martínez: solo salen de mí canciones

En diálogo con Juventud Rebelde una joven cantante cubana destaca que los movimientos de artistas aficionados son vitales para lograr una cultura integral en los niños, y anuncia su presentación hoy en la capital de los temas que conforman su primer disco.

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Fue en Holguín, uno de esos días de mayo y de Romerías, donde la escuché por primera vez. Entonces, su nombre poco común me hizo erróneamente suponer que no encontraría en Vionaika Martínez una propuesta especial, como si un nombre fuese o no sinónimo de virtud. Y, no obstante, me «arriesgué» a ir en pos de su música el día que ofreció su concierto en La Periquera. Una hora y media después, su voz, tan suavemente hermosa e inmensa como las nubes, me cautivó, como seguramente le ocurrirá a quienes esta tarde se lleguen, a las 6:00 p.m., al Centro Hispanoamericano de Cultura (Malecón No. 17, Centro Habana), donde estará acompañada por su grupo. Pero ahora esta santaclareña hace un espacio en su ensayo para conversar con Juventud Rebelde.

Según cuenta, la música se fue adueñando de ella desde pequeña, porque esta siempre ocupaba todos los rincones de su casa. «Tengo entendido que en mi familia paterna había algunos músicos empíricos, hermanos de mis abuelos. Seguramente algún gen de ellos vino a parar a mi cuerpo. Desde pequeña estuve en el movimiento de artistas aficionados, donde desarrollé mis aptitudes. Lo mismo cantaba, que bailaba, que pintaba... Menos en teatro, estuve en todo.

«El propio movimiento fue el que me permitió descubrir que realmente lo que yo quería era la música. Luego ingresé en el Instituto Superior Pedagógico a estudiar esa especialidad, al tiempo que matriculé en la Escuela de Superación Profesional. Y sí, fue en el Pedagógico donde todo acabó de fraguar».

Posiblemente unos cuantos piensen como yo hace quizá alrededor de dos años. Pero Vionaika no es para nada una improvisada. Cuando esta joven de recién cumplidos 35 años actuó en la ciudad de los parques ya había dado pasos muy firmes en el panorama musical cubano en la década de 1990 como integrante del reconocido dúo Evocación, junto a Mayelín Pérez, al ser ganadoras de tres premios Cubadisco, aunque posiblemente esto no brinde una idea cabal de lo que significa ser dueñas de gargantas absolutamente privilegiadas.

—¿Por qué el dúo Evocación se desintegró justo en su mejor momento?

—Para ser sincera tengo que admitir que a mí me hubiese gustado continuar con el proyecto, pero Mayelín deseaba ampliar el formato, algo que a mí no me resultaba entonces ni oportuno ni atractivo. Evidentemente, ya no poseíamos los mismos sueños, así que decidimos finalizar con el dúo que se fundó exactamente en 1990, cuando las dos cursábamos la misma carrera universitaria. Mayelín también es de Santa Clara y provenía de aquel movimiento de artistas aficionados de las casas de cultura. Coincidimos en el Pedagógico, donde el magnífico instructor Jesús Bello —ahora está cantando con Sierra Maestra—, nos introdujo en la esencia de la trova tradicional para que contribuyéramos a rescatarla para nuestros contemporáneos, y así sucedió.

«En verdad teníamos una afinidad increíble y Bello logró motivarnos mucho, al punto de que estuvimos hasta en Sancti Spíritus investigando acerca del desarrollo de esa manifestación en ese territorio. Para ello contamos con la asesoría de importantes estudiosos como la maestra María Teresa Linares, Lino Betancourt... Fue un tiempo extraordinario para nosotras. Juntas logramos hacer cosas importantes, como trabajar con Compay Segundo cuando grabó su disco Calle Salud, donde interpretamos Viejos sones de Santiago. Hicimos junto a él la gira promocional, lo que nos permitió actuar, por ejemplo, en el Olimpia de París, en el Palaus de la Música de Barcelona, en el Palacio de los Congresos de Madrid o en el Teatro de la Ópera de Colonia, Alemania; lugares inolvidables donde tuvimos la suerte de actuar al lado de una figura increíble, porque era un señor tremendo, muy conocedor y un excelente conversador.

«Pero también nos complació tremendamente grabar con Pancho Amat y el Cabildo del Son (De San Antonio a Maisí) o de hacer Complicidad. Temas inéditos de Carlos Puebla.

«Como dúo dejamos registrado otros tres discos que fueron esenciales para nuestra carrera: Las hijas de la trova, Las flores del jardín y Siempre será el amor. Aunque comenzamos en el 90, como te dije, nos profesionalizamos tres o cuatro años después y nos presentamos como dúo hasta el 2001, cuando nos separamos. En fin, fue una etapa extraordinaria, en la que aprendimos y disfrutamos mucho».

—¿Ese es el momento en que te unes al trío Trovarroco?

—Efectivamente, mientras pensaba qué iba a hacer, cómo me iba a proyectar, decidí beber lo que me ofrecían estos muchachos que tenían una propuesta muy interesante. Con ellos actué no solo en la capital, sino en la Feria Internacional de Guadalajara en el 2002, otra experiencia indescriptible porque pude compartir el escenario con Silvio Rodríguez, Frank Fernández, José María Vitier, Amaury Pérez, otra vez con Compay... Ellos, hasta cierto punto, fueron quienes acabaron por convencerme de una idea que ya venía tomando forma: asumir la trova desde la música de salón, de cámara, lo que estoy intentando hacer hasta ahora; una idea que me ayudó a conformar Leida Quesada Quesada, directora del Museo de Artes Decorativas de Santa Clara, a quien todos los músicos de mi ciudad tenemos que agradecerle. Ella no solo me apoyó, sino que me ayudó a buscar el repertorio. De ese modo nació este formato de música de concierto que me sigue: Dayana Quesada García (piano), Asley Brito López (violín), Mei-Lin Chaviano Fleites (contrabajo), Diego Santiago Pérez (guitarra y laúd) y Alejandro Gil Moreno (percusión menor).

«El repertorio lo hemos conformado sin traicionar la canción. Interpretamos no solo piezas antológicas de la trova tradicional como Guarina, Ella y yo (solo a bajo), Flor del pantano, sino también, por ejemplo, temas de Brasil (sobre todo Tom Jobim), o de Joan Manuel Serrat. Asimismo, no puedo dejar de cantar las maravillosas composiciones de los jóvenes trovadores de mi tierra; canciones que estoy convencida de que van a perdurar, como hice en Vionaika, mi primer disco con el grupo.

«En Vionaika aparecen Sabor salado y El cinematógrafo —pieza que escogimos para el video clip que estamos rodando con Santana—, de Diego Gutiérrez; A tientas, de Alain Garrido; Solo salen de mí canciones, de Roly Berrío, que es el que abre el álbum; y Entre la luna y yo, de Leonardo García. El CD fue grabado en los estudios Abdala, gracias a que Lázaro García volvió a confiar en mí».

—¿Y no te has atrevido a hacer tus propios temas?

—Resulta que soy muy exigente para elegir mi repertorio y eso me limita mucho. No me creo capaz de componer temas tan bellos como esos. Prefiero ser intérprete. Hay muchas hermosas canciones que están esperando por mí, que tengo deseos de hacer. Lo mismo me sucede con los arreglos, que están a cargo de Pucho López y Lázaro Rivero «El fino» —por cierto, es mi esposo—, contrabajista del cuarteto del Maestro Chucho Valdés.

—Has actuado en La Habana en otras ocasiones, pero no estás con frecuencia en los medios. ¿Te preocupan esas cosas?

—Sí y mucho. Sin embargo, donde quiera que esté voy a defender este proyecto, que sé que vale la pena, como hacen muchos otros músicos del país. Claro, es muy importante actuar en la capital, pero eso resulta muy difícil porque no son pocos los obstáculos. Se podría estar en Santa Clara y presentarse aquí de vez en cuando, pero como desconocen lo que está sucediendo con nosotros, no nos llegan muchas propuestas. Por suerte esta tarde estaremos en el Centro Hispanoamericano de Cultura, donde se podrán escuchar los temas de Vionaika y algunos otros. Hasta la fecha hemos realizado conciertos en Holguín, Sancti Spíritus, Matanzas (Unión de Reyes), pero no es suficiente la necesaria promoción para los artistas de las diferentes provincias.

—Hablabas hace un rato del movimiento de artistas aficionados, que hoy no es como aquel del que formabas parte...

—Es una verdadera lástima, porque el desarrollo del Movimiento es vital para lograr esa cultura integral que tanto añoramos para niños, jóvenes e incluso para los adultos. Cuando yo formaba parte de él me sentía realizada, feliz, cultivada. Era sencillamente mágico. Todo era muy sano y te ampliaba el diapasón con respecto al arte, y eso te va dando una libertad superior, el arte te convierte en mejor ser humano, te saca a flor de piel la sensibilidad, te prepara para asumir la vida de otra manera, porque te forja un espíritu creador. Y mira que no lo veo como la vía para que todo el mundo llegue a ser profesional con el tiempo. No es eso lo más esencial, pero claro que es una vía para realizar tus sueños. Esa fue una experiencia muy significativa para mi generación. Un niño que hoy no conozca de danza, de canto, de teatro, no estará integralmente desarrollado, yo lo veo así, y por tanto no estará muy preparado para enfrentar lo que le viene más adelante.

—¿No has temido que tu nombre no llegue a «pegar» en la gente?

—Lo que me preocupa es que a pesar de que estamos trabajando y ensayando mucho, no haya la cantidad suficiente de pianos acústicos para hacer nuestros recitales —y por ahora no veo cerca la posibilidad de adquirir ese piano eléctrico que cuesta tanto—; o que a la gente no le interese nuestra seria propuesta, pero el nombre...

«Dice mi madre que una tía, cuando encontró en el periódico el nombre de una niña rusa que se llamaba Vionairka, le insistió para me llamaran de esa manera. Mi madre transigió pero quitándole la «r». Era el tiempo de los «ka», de los «yu», de los nombres inventados, y este no es de esos, pero es raro. A mí me han llamado Vitnaika, Viosinka, de todo, pero después que se acostumbran, les resulta interesante, y, créeme, no me concibo con otro nombre artístico, porque es tan duro este. ¡Dime tú con otro!».

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