Chupa de dómine - Cultura

Chupa de dómine

Autor:

Juventud Rebelde

Cuasi significa casi. No está en desuso como muchas personas imaginan. Es muy correcto decir Mi vecina Ismenia es cuasicentenaria.

El nervio que produce la dolorosísima ciatalgia, de algia, elemento constitutivo que quiere decir dolor, es el ciático, no el «asiático». Nada tiene que ver con el Asia.

Carlos V dijo: «Se debe hablar a Dios en castellano, a los hombres en francés, a las mujeres en italiano, y a los caballos en alemán».

Oí a una señora que deseaba adelgazar y que por tanto había decidido «no probar los hidrocarburos». Debió haber dicho, claro está, «los carbohidratos», que constituyen una de las tres categorías de alimentos indispensables. A ese grupo pertenece la dextrosa o glucosa, el azúcar de caña o sacarosa, el almidón, el glucógeno, etc.

Poner a alguien como «chupa de dómine», es expresión figurada, indudablemente más elegante que la familiar cubana: «ponerlo como un trapo». Lógicamente no vamos a adoptar la ajena que no pertenece a nuestra norma, ni a pronunciar la nuestra en público. Con igual sentido se usa: «ponerlo de oro y azul».

Chupa es prenda de vestir que cubre el torso, a veces sin casaca. Se le llama igualmente de ese modo a la chaqueta o a la cazadora. Dómine es maestro, preceptor de gramática latina, o persona que sin condiciones para ello, adopta el tono de maestro. Tales personajes ganaban muy poco y, quizá por su pobreza, eran considerados paradigmas del vestir desastrado.

Valorar es, además de señalar precio de una cosa, reconocer, estimar o apreciar el mérito de una persona o cosa. También, igual que valorizar, aumentar el valor de una cosa. No es sinónimo de analizar; si dijéramos «valorar negativamente», la expresión carecería de sentido. Tampoco «valorar positivamente», pues resultaría una redundancia. Los daños que produce un huracán no se valoran, se evalúan. Sabemos que en filosofía hay valores positivos o negativos; pero eso es punto y aparte.

Cuando alguien me dice que no aparece algún vocablo en el diccionario de su casa, me acuerdo de un vecino nuestro que en los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando se refería a las últimas noticias, encabezaba sus palabras con: «El radio de mi casa dijo...». Claro está que hay diferencias entre ambas frases; pero no puedo evitar el recuerdo.

Pimpampum (de origen onomatopéyico) llaman a un juego en que se procura derribar a pelotazos muñecos puestos en fila. Los cubanos decimos así a una cama estrecha plegable.

El calendario republicano establecido en Francia durante la Revolución rigió desde el 22 de septiembre de 1792 hasta el 1ro. de enero de 1806. Dividió el año en 12 meses de 30 días cada uno, además había cinco días —o seis en algunas ocasiones. Los meses según este calendario se llamaron: vendimiario, de vendimia; brumario, de brumas bajas; frimario, de fríos; nivoso, de nieve; pluvioso, de lluvia; ventoso, de viento; germinal, tiempo de la germinación; floreal, de flor; pravial o prairial, de pradera; messidor, de messis —cosecha—; termidor, de calor y baños; y fructidor, de frutas.

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