Coro Madrigalista: música y movimiento

La agrupación santiaguera se resiste al paso del tiempo con sus 55 años de vida artística. Por ello asumen osados retos vocales e incorporan coreografías a sus presentaciones

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Sin la corneta china, ni el repique de los metales, aunque sí con toda esa rítmica creada con las voces, el Coro Madrigalista se dispuso a llevar al escenario una clásica conga santiaguera. ¿Cómo lo consiguieron? Eso sigue siendo una incógnita.

Esta es mi conga la cantaron en un local cerrado y dedicado a presentar la música de concierto. La acústica era perfecta y los «toques» impecables. Sucedió en noviembre último en su concierto de la Sala Dolores, durante el Festival Internacional de Coros de Santiago de Cuba. Dejaron al auditorio en la perplejidad, pues a la conga le adicionaron pasillos clásicos que hacían arrollar a los menos bailadores.

¿Cómo pueden desdoblarse y asumir retos musicales semejantes? Fácil, contesta Magalys Sánchez Malleuve, su directora desde 2004. «Los coros somos, en sí, una formación muy dócil y que se adapta a cualquier tendencia musical. Asimilamos muy bien los diferentes géneros y no somos resistentes a los cambios».

Y lo cierto es que esa «estrategia» que Magalys desarrolla en el Madrigalista coincide con la tendencia mundial que en la actualidad proyectan las agrupaciones corales en la escena. «La imagen dista mucho de lo que eran con anterioridad: grupos estáticos que solo se dedicaban a cantar, todo muy refinado».

La joven directora siempre ha preferido «incluir el movimiento escénico a las interpretaciones, porque le da otra vista al coro, nos permite desarrollarnos y disfrutar de lo que estamos haciendo. Es transmitirle al público que podemos hacer algo más allá de cantar», asegura.

Repaso la presentación del Madrigalista en la noche del 28 de noviembre: madrigales originarios de los siglos XV y XVI, luego algunas piezas clásicas acompañadas de una orquesta, y de ahí Kyrie Eleison, un negro spiritual compuesto por Melvín Rodríguez y con un tratamiento igual a los facturados en Estados Unidos.

La pieza causó sensación entre el público. Magalys devela que «los tres solistas que la interpretaron son estudiosos de ese estilo y se dedican a cantar gospel (música espiritual) en otras agrupaciones, lo cual nos nutrió mucho a la hora de montar la obra».

¿Y la conga, cuál fue su secreto? «El género es algo que todos los santiagueros llevamos dentro. Primero montamos el número sin ninguna coreografía, pero sentimos que le faltaba algo. Buscamos entonces a un bailarín para que, manteniendo el estilo del coro, le creara un baile a ese tema. Y parece que a todo el mundo le ha gustado».

El explorar nuevas áreas de la música coral resulta un rasgo distintivo del coro. Lo es desde su surgimiento en 1955, bajo la guía del maestro Miguel García. Fue la primera de las agrupaciones de su tipo que se fundó en nuestro país, y en 2010 arriba a los 55 años.

Magalys Sánchez llegó allí luego de su titulación como directora coral en el Conservatorio de Música Esteban Salas, y de sus experiencias como directora asistente en el Orfeón Santiago y de guiar un coro masculino.

«El Madrigalista llevaba un tiempo sin dirección y me propusieron dirigirlo. Actualmente es una agrupación constituida por jóvenes en su mayoría. Trabajamos los madrigales, que nos dan el nombre, y con ellos hemos tratado de mantener esa tradición. En nuestro repertorio hay, además, música sacra, latinoamericana y piezas tradicionales de nuestro país.

«La nuestra es ahora una agrupación mucho más grande que cuando comencé. Está integrada por 25 cantores. La mayoría de ellos proviene de las escuelas de superación para trabajadores y del Conservatorio Esteban Salas. Son de gran apoyo dos de nuestras integrantes que estudian canto lírico en la sede del ISA en Holguín.

«Pero aquí también hay cantantes que no tienen escuela. Con ellos tenemos un proyecto interno de estudio donde reciben clases de teoría y solfeo, y de canto, para que puedan alcanzar el nivel que requerimos para estar dentro de la agrupación».

¿Cómo buscan sus canciones? ¿Tratan solo de buscar las que los distingan o las que mantengan el estilo del Madrigalista? «Escogemos las piezas que nos quedan bien. Selecciono el repertorio y lo presento al grupo. Siempre estamos abiertos a nuevas composiciones y los autores vienen a nosotros por nuestra sonoridad.

«Tal es el caso de Melvín Rodríguez, mi compañero de estudios en el Conservatorio Esteban Salas y del Orfeón Santiago. Desde que dirijo el Coro Madrigalista, Rodríguez asiste a los ensayos y me comenta qué le gusta y qué no. Para nuestro aniversario 50 nos hizo los arreglos de Ojalá, de Silvio; y Yo pisaré las calles nuevamente, de Pablo, los que causan un efecto magnífico donde quiera que nos presentamos».

Sucede que todo ese esmero por mostrar una perspectiva distinta de la música entre voces se gesta en el número 555 del pintoresco Callejón de la calle Carnicería. En el añejo caserón santiaguero se escuchan todas las mañanas los acoples, en una jornada que se extiende hasta las doce y treinta del mediodía.

De esa práctica diaria sale luego la actuación perfecta, esa que los hace cantar en los museos de la ciudad, salas de concierto, penitenciarias y hospitales.

¿Piensan en un disco, videoclip u otros soportes que los promocionen? Magalys enumera una larga lista de proyectos para 2010, porque sin dudas estos 12 meses serán testigos de una celebración importantísima para ellos.

Estudian la posibilidad de realizar un DVD y de hacer una gira nacional por su cumpleaños. Piensan que es tiempo de grabar un disco y por eso ya tienen los temas escogidos. «Hace muchos años que la agrupación hizo un álbum dedicado a las obras de Esteban Salas, pero de esta etapa no tenemos memoria fonográfica. De momento estamos intentando que la grabación sea aquí, en los estudios Siboney de la EGREM», apunta Sánchez.

Definitivamente también este año les llega colmado de muchas presentaciones. En ellas el Madrigalista pondrá su dosis de originalidad y mantendrá su deseo de estrenar y de cantar sus inmortales madrigales.

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