La intensidad didáctica de Veinte pianos - Cultura

La intensidad didáctica de Veinte pianos

El proyecto discográfico Veinte pianos le permitió a Ernán López-Nussa ejercer, por primera vez, la vocación de enseñar que llevaba dentro

 

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Tenía solo la intención de conformar un libro con esta veintena de obras escritas para piano, un instrumento esencial en su vida. Ernán López-Nussa deseaba hacer ese texto, antes había quedado maravillado por la impecable edición cubana de los Bocetos de Leo Brouwer.

Pero todo se transformó en un proyecto discográfico mayúsculo titulado Veinte pianos, el cual le permitió ejercer, por primera vez, esa vocación de enseñar que llevaba dentro desde hace mucho tiempo. Con tal proyecto el pianista acercó la música popular a un grupo de jóvenes intérpretes que tocarían sus composiciones, como un ejercicio necesario y de contacto estrecho con parte de la historia melódica de nuestra Isla.

En sus palabras introductorias al volumen, Ernán expresó que «deja estas obras, literalmente, en manos de aquellos pianistas que sientan esa necesidad de asomarse a la esencia de la música popular cubana vista desde el piano, al estudio del jazz contemporáneo como disciplina académica, sin olvidar nunca, que interpretar es también jugar, respetando cuidadosamente las pautas o sugerencias en cada caso».

El disco tuvo una gran huella en la pasada Feria Internacional Cubadisco, certamen donde se alzó con el Gran Premio. A su vez, los valores del fonograma fueron resaltados por el Premio Discográfico del ALBA 2012.

Ernán agradece infinitamente a Producciones Colibrí por acoger la iniciativa de registrar todas esas piezas suyas, ejecutadas por noveles artistas. También por la realización del documental Revelaciones, que dirigiera Ileana Rodríguez, así como por la filmación de sus encuentros con cada alumno, «uno de los mayores disfrutes para mí», explicó recientemente el artista a la prensa.

Comentó López-Nussa que la selección de los intérpretes constituyó un momento especial. Ya había escrito piezas para algunos de los artistas elegidos, mientras que otros de los que se integraron al proyecto eran profesores de las escuelas de música. No faltaron quienes resultaron premiados en concursos relacionados con la manifestación en dichos planteles.

Pero todos los pianistas participantes, señaló, «magnificaron esas obras. Cada vez que los escucho me quedo impresionado con cómo lo hacen, con un nivel técnico y artístico muy alto».

El álbum, al decir de Marta Bonet, directora de Colibrí, tiene como primer destino la enseñanza de la música en Cuba, una labor didáctica que se percibe en la interacción de López-Nussa con alrededor de 15 estudiantes, profesores y noveles profesionales de piano, entre los que figuran Liana María Fernández, Rolando Luna, así como Ruy Adrián y Harold López-Nussa.

Para Neris González Bello, musicóloga y presidenta del jurado de Cubadisco 2012, se trata de un volumen que, de conjunto con otros tres discos de estas características, hizo crear en el certamen el apartado de Didáctico.

«Los primerísimos valores que le encontró este comité del premio a Veinte pianos se centran en que es una producción muy completa, abarcadora, que se concreta no solo en los resultados sonoros, sino además en los soportes que los acompañan: un DVD que contiene los encuentros de Ernán con los intérpretes que asumieron sus obras, una multimedia con las partituras de las 20 obras tocadas, y las indicaciones didácticas de a qué niveles de enseñanza va dirigida cada pieza, además de una galería de imágenes».

Heredero de la tradición pianística nacional, Ernán López-Nussa muestra en esta veintena de piezas su madurez creativa, y nos pone a tono con la música de concierto cubana más contemporánea.

Así lo estima la maestra María Elena Mendiola, quien asegura que este disco tiene el mérito de dejar registrado un discurso musical que encuentra también sus conexiones con las composiciones de Antonio María Romeu, Frank Emilio Flynn, Emiliano Salvador, Chucho Valdés y Gonzalito Rubalcaba, entre otros.

De ahí que al llegar Veinte pianos a las escuelas de arte del país, donado especialmente por Ernán López-Nussa y Producciones Colibrí, los estudiantes reciben un CD de inestimable factura, que tiene como emblema imprescindible el haber sido concebido desde la pasión por enseñar los valores de nuestra música.

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