Mujeres de palabra - Cultura

Mujeres de palabra

Palabra de mujer es el séptimo libro bajo la firma de ese curioso reportero que es Luis Hernández Serrano

Autor:

Jesús Arencibia Lorenzo

Aunque solo venera una Flor, con la que ya lleva 44 años de noviazgo, dos hijos e incontables canciones, Luis Hernández Serrano mantiene un oído prodigioso para captar Palabra de mujer. Lo sabe Thelvia Marín, esa dama renacentista de la cultura, que pinta, esculpe, escribe, y que, como otras distinguidas doncellas, fueron encantadas por la charla amena de este periodista y poeta.

Pero ahora el diálogo periodístico saltó la chispa fugaz del diarismo y las que un día fueron animadas conversaciones en tinta rápida de Juventud Rebelde llegan como fuego intenso de vidas e historias agrupadas en libro gracias a la Editorial de la Mujer.

«Aquí me tienes, con esta piel de sílabas/ que han caminado locamente...», recitó Thelvia de memoria en el encuentro que agrupó este viernes a escritores, cantantes, historiadores, músicos, periodistas... amigos, para adquirir el volumen, en la capitalina sede de la Asociación Cubana de Naciones Unidas (ACNU).

Luis «aproxima al lector al ser humano que habita en cada personaje, a sus sentimientos más íntimos, a sus vivencias más queridas», comenta en el prólogo de la compilación la profesora Miriam Rodríguez Betancourt, quien también tuvo a su cargo la edición.

Luisito no deja de asombrar y de asombrarnos, destacó el periodista y subdirector de JR Ricardo Ronquillo, mientras los que estábamos en el auditorio sentíamos, como Miriam López Horta, quien custodiara en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado la papelería de Martí, cuánto de bueno se salva en la visión larga de un hombre de prensa.

En Palabra de mujer, séptimo libro bajo la firma de este curioso reportero, se oye cantar a Esther Borja y Cuca Rivero, vibran las pasiones revolucionarias de Fanny Edelman, Asela de los Santos; sonríe solidariamente Marie Hugo, la tataranieta del autor de Los Miserables; rige el soberano magisterio de Rosario Novoa, entre muchas otras entrañables voces, famosas y desconocidas, que elevan la condición humana.

Esa cualidad natural y divina a la que cantaron en la presentación Gilberto Aldanás y Tomás Escariz y a la que declamó el maestro Luis Carbonell con versos estremecedores de Rafaela Chacón Nardi.

Y como con Luis los acontecimientos tienen que terminar en noticia, en «palos o palitos» periodísticos, como él los llama, Ivette Cepeda emprendió a capela un delicioso «estreno mundial»: «Las penas que a mí me matan son tantas que se atropellan»... ¿Serán ciertas las penas cuando uno las enfrenta con Palabra de mujer?

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