Un arte que no cree en «barreras»

Galardonado recientemente con el premio Escaramujo 2013, el joven escritor Héctor Luis Leyva dialoga con JR sobre el desarrollo de su carrera profesional

Autor:

Mailenys Oliva Ferrales

JIGUANÍ, Granma.— Hace casi un lustro, el joven Héctor Luis Leyva llamó la atención de este diario cuando contra todo pronóstico (debido a una parálisis cerebral) se estrenó como escritor con la publicación de Cuentos feos, ejemplar laureado con el premio Puertas de Papel. Tenía entonces solo 23 años, múltiples historias en su cabeza urgidas por llegar al papel, el firme propósito de fundar una Colmenita en su municipio y una maleta cargada de sueños.

Galardonado recientemente con el premio Escaramujo 2013, Héctor Luis, el joven que se hizo escritor a pesar de apenas poder trazar de forma legible su nombre, dialoga otra vez con JR.

—¿Por qué apostar a la literatura si te graduaste de teatro?

—No puedo verlas separadas. El teatro es también literatura. Pero comencé a escribir por una inconformidad que tenía desde niño, cuando quería leer historias que no encontré en los libros de aquella época. En esos textos se enseñaba con mucha moraleja y personajes arquetípicos lo que era bueno, malo, moral o inmoral. Mi idea era otra: una historia que debe divertir, educar sin adoctrinamientos y resultar agradable.

—¿Qué motivaciones tienes para escribirles a los niños?

—Los niños son muy especiales, pueden engrandecer una obra o hacerla insignificante. En el mundo de los adultos no funciona así. Los niños le dan la espalda a lo que no les gusta y no se andan con medias tintas.

«Creo que en nuestro país, aunque existen numerosos y buenos escritores que se han dedicado a la literatura infantil, todavía se subvalora la inteligencia de los infantes, se abusa del chiqueo, mientras los nuevos formatos de películas, los medios de comunicación y otros dispositivos tecnológicos, como los juegos destinados a este público, van por otros caminos. La literatura no puede estar ajena a esos códigos».

—Precisamente, problemáticas sociales han signado tus propuestas literarias, pero abordadas desde el humor y la ironía, ¿con qué objetivo?

—Voy a partir de un ejemplo: tengo cuentos sobre niños con discapacidad, pero no lo trato desde el punto de vista lacrimógeno del «pobrecito que no es igual al resto»; prefiero describirlo desde otra dimensión, el que juega con los muchachos del barrio sin distinciones y a partir de ahí generar situaciones cómicas. Aunque puede ser un tema muy duro, para abordarlo no es necesario «picar cebollas».

«Las dos obras que presenté al Escaramujo 2013 siguen estos mismos senderos. El cuento Mi papá gallo aborda temas relacionados con el divorcio, el machismo y la violencia, en tanto la poesía La perla trata desde el lirismo el tópico de la gratitud, pero ambos alejados del drama.

«También tengo una noveleta sobre un piojo y el reto que representa para él ir de cabeza en cabeza. Es bastante humorística e irónica porque no se trata de ocultarles a los pequeños las problemáticas, sino saber cómo abordar cada contenido sin causar un trauma y sin emplear un lenguaje que no sea el de ellos».

—Siempre has destacado que los amigos han sido esenciales en el desarrollo de tu carrera profesional, ¿por qué?

—Mis amigos han sido esenciales no solo porque me ayudaron durante los años que estuve becado estudiando para instructor de arte, con el agua para bañarme o cargándome cuando tenía que dormir en una segunda planta, sino porque sin su apoyo mis proyectos literarios y teatrales no hubiesen visto la luz. Con ellos he contado para las ilustraciones de los libros, la confección de los muñecos y los vestuarios para el grupo de teatro, pero además para la más agotadora de las misiones: fungir como copistas de mis obras escritas a mano en una caligrafía de idioma desconocido.

«De hecho, el próximo libro que debe publicarse este año por Ediciones Orto lleva por título Pies prestados, un reconocimiento a esos pies que me han dado mis amigos para que yo pueda “desandar” por múltiples lugares».

—Aun cuando tu obra ha sido reconocida y uno de tus ejemplares promete materializarse este 2014, ¿sigue siendo una barrera la publicación literaria para los escritores noveles?

—Nuestra creación literaria lamentablemente no va a la par de las publicaciones, las cuales no son el reflejo del trabajo de los escritores en este terruño y no solo de los noveles. Es triste tener que emigrar en ocasiones a otras editoriales para poder ver tu obra, cuando lo que más satisfacción le produce a un escritor es verse representado por su casa. En este sentido se necesita más rigor.

—Pero la literatura no es tu única pasión. Desde tu silla de ruedas has llevado a toda la provincia un proyecto cultural…

—El teatro marcó mi vida desde muy pequeño, cuando Alberto Cremata me dio la posibilidad de formar parte de su compañía infantil La Colmenita.

«Desde entonces desterré la frase limitación física de mi vocabulario cada vez que de proponerme retos profesionales se tratara. Por eso, obstinado e impaciente como soy, hace ya tres años fundé sin esperar a tener las “condiciones necesarias” un proyecto infantil llamado Con luz propia, el cual intenta no parecer un clon del resto de las filiales que se han ido multiplicando en el país».

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