Yorimatã: otro rostro de la música brasileña

El documental Yorimatã, del director brasileño Rafael Saar da Costa, registra las inquietudes creativas de dos mujeres que intentan buscar un camino mediante la experimentación y hoy son consideradas pioneras de la escena independiente del gigante sudamericano

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Anclado en la sonoridad brasileña de los míticos 70, Yorimatã es un documental que registra las inquietudes creativas de dos mujeres que intentan buscar un camino mediante la experimentación, y hoy son consideradas pioneras de la escena independiente del gigante sudamericano.

El material «desembarcó» en La Habana, gracias al 36 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Rafael Saar da Costa, su realizador, guionista y editor (esta última función compartida con Leandro Calixto), sumó a un equipo sensibilizado con la historia y para ello se valió de Lucas Barbi en la fotografía; Eduardo Silva y Thiago Sobral en el sonido; mientras que Daniel Sakê se encargó de la animación. Contó además con la colaboración de productoras como Imagem-Tempo, Dilúvio Produções y Tela Brasilis.

Sin dudas, Saar se emocionó mucho con la obra musical de Luhli y Lucina, quienes siempre han utilizado instrumentos de percusión hechos por ellas mismas. También llamó su atención esa manera irreverente como se resistieron a cambiar su estética para ser miradas de una mejor manera en el mercado.

A vuelta de correo electrónico, el director brasileño enumeró a JR sus motivos para tomar, dentro de una época de la música brasileña, precisamente esa tendencia melódica experimental. «Creo que hay una relación directa entre la dictadura militar y las experiencias musicales increíbles que tuvimos en Brasil en los años 70. Luhli y Lucina son un ejemplo muy lindo. Frente a las normas establecidas, me parece que la búsqueda del sueño de libertad es la que mueve el encuentro de estos personajes».

¿Cuánto estas mujeres marcaron ese efervescente movimiento musical? Contó Saar que Luhli y Lucina realizaron el tercer disco independiente del Brasil, en 1978. «Ellas fueron las primeras mujeres en luchar por hacer la música que querían y no la que las compañías determinaban. Por eso quedaron distantes del gran público, pero mucho más cerca de la gente que tenía la oportunidad de conocerlas. El trabajo con los tambores fue muy personal, y la manera en que combinaron la música pop con los sonidos de la naturaleza y los ritmos de las religiones afroindígenas como la umbanda, también es muy especial.

«Ellas no son poco conocidas del gran público. Por las opciones que les dio la vida y la distribución de su trabajo se han convertido en marginales. Pero tienen canciones muy populares, interpretadas por otros cantantes muy famosos. Así se han mantenido libres de las reglas del mercado, de los compromisos con el público, y continúan haciendo una música de calidad y esencialmente verdadera», tecleó.

Motivada por ese deseo de Saar de darles un reconocimiento internacional a la obra de Lucina y Luhli, este diario conversó electrónicamente con ellas. En ambas sigue latente ese ánimo de transgredir lo establecido en materia de música. Lucina se sintió representada en este obra y señaló que «Rafael hizo un documental donde la sinceridad es el elemento principal. El público se siente profundamente conmovido con esta verdad que aparece en las imágenes».

Mientras, su colega Luhli aseguró que más que un documental, se «tejió una colcha con todo el material que se recogió y filmó, montando un rompecabezas que, en un ritmo muy personal, está revelando poco a poco el mensaje principal. Rafael se dedicó profundamente a la investigación. Filmó cien horas de material que luego convertiría en una película de dos hora, (también usó imágenes que provienen de nuestro compañero Luiz Fernando Borges da Fonseca, que era un gran fotógrafo de arte).

«Rafael logró escanear y recuperar estas instantáneas que atestiguan nuestro pasado. Si yo pudiera cambiar la película, tomaría algunos pedazos para hacer espacio para reuniones con otros artistas, donde tuvieron lugar el canto y conversaciones muy interesantes. Lamentablemente, no se puede tener todo.

«La película es atractiva, las imágenes lindas. La relación entre el pasado y el presente juega con la cabeza del espectador de una manera instigante. Él supo abordar el aspecto personal de nuestras vidas suavemente, sin sensacionalismo. Rafael es un artista, e hizo arte con nuestro arte. Logró impactar con la suavidad, la magia y con la verdad».

Con Ney Matogrosso como principal intérprete de sus piezas, Lucina y Luhli retratan su música como espejo de ellas mismas. Matogrosso conquistó un público más allá de las fronteras de su país también con sencillos como Bandolero, escrita por las protagonistas de Yorimatã. Es que ambas mujeres hicieron arte en una época dura, cuando, como explicó Lucina, «se estabilizó una dictadura que manipulaba, vigilaba y limitaba cualquier expansión. Los movimientos culturales que favorecieron las raíces brasileñas se sofocaron. Nuestra opción (la mía, de Luiz y Luhli) fue salir de la ciudad e ir a un lugar donde pudiéramos vivir nuestra historia con menos presión, plantar nuestros alimentos y cuidar de nuestros hijos. Allí, las canciones nacieron más libres».

Luhli calificó de muy altas las expectativas que tienen con la proyección del documental Yorimatã en La Habana. «Estoy segura de que esta película impactará por la belleza de las imágenes, la inteligencia con la que se ha hecho, la verdad de la historia que cuenta, y por la fuerza de nuestra música, que es la expresión más pura del alma brasileña», sentenció.

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