Nacido muerto

Heriberto Machado Galiana interroga el destino de los seres humanos a lo largo de 50 poemas, ganadores del Premio Calendario 2015 de poesía

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

Ciego de Ávila.— ¿Cómo vivir sin estar muerto? ¿Cómo apartarse de las más terribles de las defunciones, la espiritual? Esas y otras interrogantes son las que atraviesan el último libro de poemas, que bajo el título de Nacido muerto le valiera el Premio Calendario 2015, de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), al joven escritor avileño Heriberto Machado Galiana.

«Un título entre lo tétrico y lo sugerente, ¿no crees? ¿Por qué ese nombre, precisamente?», le preguntan. Él sonríe. La entrevista se desarrolla al caer la tarde, en el patio de la Biblioteca Provincial Roberto Rivas Fraga, de la capital avileña, donde Heriberto trabaja en el Departamento de Extensión.

«Esa es la pregunta que más me han hecho en los últimos días —dice, mientras se acomoda en una silla metálica. Cuando me otorgaron el Premio Calendario me la repitieron infinidad de veces y siempre me enredo a la hora de explicar. ¿Razones? Bueno, pueden ser muchas.

«El problema es que ese título recoge un sentir personal, una especie de búsqueda sobre esa condición en la cual podemos caer los seres humanos de estar vivos pero al mismo tiempo muertos, inertes, sumergidos en una rutina sin final, sin un horizonte o tener una meta, caminar hacia ella falleciendo porque perdemos a los amigos y nos rodeamos de egoísmos.

«En fin, es un poco difícil decir qué arista de ese conflicto pudieran esclarecer las razones del título. Simplemente diré que Nacido muerto gira sobre el miedo a la muerte no física, sino espiritual. Martí decía: “Grato es morir; horrible, vivir muerto”. Oído esto, ya no hay más nada que decir. Ahí está la esencia de mi libro».

Oriundo del municipio de Venezuela, Heriberto ha comenzado a transitar por los mundos de la escritura, de modo que en él la narrativa y los versos se dan la mano. Ha escrito y publicado cuentos en diversas publicaciones, aunque, de acuerdo con sus palabras, los versos van un poco más adelante en la preferencia.

Antes del Calendario, había triunfado en el Premio Poesía de Primavera, en 2011, otorgado por la AHS en Ciego de Ávila. Ese mismo año la Casa de Cultura de San Miguel del Padrón, de conjunto con el Museo Finca Vigía, le entregó el de Cuento Ernest Hemingway. Luego, en 2013, mereció el Mangle Rojo, de la AHS en la Isla de la Juventud.

Sobre Nacido muerto refiere que muchos de sus poemas tienen años de guardados. «No son nuevos ni se pensaron en su mayoría para este libro. Los escribía y los guardaba. Luego los volvía a rescatar, los reordenaba, reescribía, quitaba partes, volvía a arreglarlos. La decantación fue grande. El volumen tiene 50 poemas, pero del manuscrito inicial perfectamente pude quitar cien».

Las preguntas, en cierta medida, son inevitables. ¿Qué tanto tienen de ti estos poemas, Heriberto? ¿Cómo haces para no vivir muerto? ¿O no corres ese peligro? Respuesta: «De esos riesgos no está exento nadie». Mira fijo por un momento y continúa: «Todos son míos porque todos son preguntas o circunstancias que he vivido, o he sido testigo de ellas».

—¿Y cómo tú haces para no vivir estando muerto? ¿O es que te consideras un fallecido?

—A veces sí, otras no. Mi padre murió el 14 de febrero de 1995. Yo tenía siete años y desde ese entonces me ha calado su ausencia. Todo ese tiempo he visto a mi madre crecerse como una leona, sacar de donde no hay para mantenerme a mí y a mi hermana, y al mismo tiempo, ser madre, padre, amiga, confidente..., todo en medio del período especial. Una parte de los poemas tiene que ver con esa pérdida.

«Yo nací a las puertas de la crisis de los 90. Y esta ha sido una época muy dura para todos. También he perdido amigos, no en los afectos sino en la cercanía. No están conmigo, se han ido a otros países. Me escriben sobre sus vidas y los extraño.

«Hay cosas que molestan. Por ejemplo, ir al estadio a ver un juego de pelota y ver cómo hay personas que ya no respetan nada. Son cosas que me indignan y me llenan de preguntas sobre la disgregación de las personas, de los valores; y cómo todo esto te va afectando hasta el punto de ver que hasta tu propia conducta puede estar cercana a descarriarse.

«Pero a la vez tengo a mi hijo, que me llena de unas ganas tremendas de vivir, a mi familia. A mi madre, que sigue conmigo. Y tengo al arte y todas las cosas que puedes hacer alrededor de él. Por eso, a pesar de las situaciones difíciles, que te hacen pensar si has fallecido, siempre existen otras que dan aliento para vivir y decir: No, no estoy muerto».

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