Tesoro de sonidos

Con la persistencia de las hormigas, dos jóvenes investigadores avileños agrupan los sonidos e imágenes que identifican a Ciego de Ávila y llenan de nostalgias a no pocos de sus pobladores

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Todo comenzó en una noche de canciones. Corría el año 2006 y el Festival Trovándote sesionaba en Ciego de Ávila. En esa ocasión los músicos y cantautores se agrupaban en el patio de la Biblioteca Provincial Roberto Rivas Fraga para uno de los conciertos del evento.

Las canciones acompañadas con guitarra se mezclaban con las conversaciones entre amigos. Eran los momentos previos a las actuaciones y Yoan Zamora, trovador y uno de los creadores del Festival, se movía entre la utilería y los equipos de audio.

«No recuerdo exactamente qué ocurrió —cuenta ahora diez años después—. Lo que sí tengo en mente es que algo sucedía con los equipos de audio. Empezamos a dar carreras y tratamos de dar la imagen de que no pasaba nada grave.

«Cuando todo se solucionó y empezaron las canciones, yo me encontraba tenso. Fue ahí que me surgieron las preguntas: “Bueno, ¿quién se dedica a grabar esto? ¿Cómo no se pierde lo que sucede aquí? ¿Quién va a preservar este concierto?».

Buscando conceptos

La respuesta era una: nadie. No había quien grabara. Los músicos intentaron y no resultó, por lo que solo quedaría un recuerdo entre amigos y el público presente. Fue ese conflicto el que llevó a Yoan y a su esposa Yusmaidi Marrero Núñez, actual directora de la Biblioteca Provincial, a pensar en cómo guardar la memoria sonora representativa del patrimonio cultural de Ciego de Ávila.

«Al principio pesaba mucho lo musical y empezamos a acopiar todo lo que aparecía e identificara a la provincia en ese sentido —explica Yusmaidi—. Pero al poco tiempo meditamos: ¿solo lo musical identifica a una comunidad? ¿Qué sonidos forman parte de la identidad de un territorio? ¿Cómo identificarlos? Parecían preguntas sencillas y no lo eran».

La primera dificultad surgía en los conceptos. La Unesco ubicaba el sonido como inmerso dentro del patrimonio inmaterial. El investigador australiano Ray Edmondson, por su parte, al disertar sobre patrimonio sonoro enfatizaba en las grabaciones radiofónicas y las imágenes audiovisuales. La dificultad con Edmondson se hallaba en que, desde su punto de vista, lo sonoro era un apéndice de lo audiovisual.

Evaluaron los criterios de varios investigadores, entre ellos los de la profesora Lidia Camacho, directora de la Fonoteca Nacional de México, quien se preocupaba por los sonidos de la naturaleza de un territorio al definir el patrimonio sonoro.

«Como se ve, son distintos conceptos para definir un tema. Existen relaciones entre ellos; solo que con sus especificidades se dejaban fuera elementos que nosotros creíamos que debían entrar en la preservación patrimonial», explica Yoan.

Fue así que ambos jóvenes decidieron crear un concepto para definir al patrimonio sonoro. Llegar a él tomó su tiempo y la búsqueda, incluso, pasó por una maestría en Conservación del Patrimonio Cultural, cursada por Yusmaidi en el Instituto Superior de Arte, que la llevó a investigar sobre el punto de parranda de origen hispánico en la provincia.

Al final cuando se les pregunta qué entienden por patrimonio sonoro la respuesta es: Los sonidos que por su valor simbólico, tradicional, histórico, artístico o cultural, identifican a una comunidad determinada. Esa definición, por lo tanto, abarca las tonadas campesinas, la banda sonora de un programa de radio, un programa televisivo…».

También la sirena de un central o de una locomotora, los pregones, las campanadas de una iglesia, los cantos en una fiesta popular tradicional, la voz de artistas e intelectuales representativos de la provincia y hasta los sonidos de un acto, que en su momento fue algo corriente hasta que el tiempo lo llenó de nostalgias.

El tesoro «pesa» más de 400 gigas

Una prueba de que no andaban equivocados fue cuando, después de varios malabares técnicos, rescataron la grabación del acto inaugural de Batalla de las Guásimas, centro conocido en Ciego de Ávila como Ceballos I y creado como la primera secundaria en el campo de la provincia hasta que devino preuniversitario.

Con la presencia de Marciano Corbea Jiménez, su director fundador, profesores y alumnos presentes en ese hecho, ocurrido el 5 de septiembre de 1972, se reunieron en la Biblioteca Provincial y cuando escucharon aquellos sonidos que todos creían olvidados, los sentimientos y nostalgias afloraron. Fue el testimonio tangible de que la memoria no se había perdido.

Hoy, el Proyecto de Preservación del Patrimonio Sonoro de Ciego de Ávila, como se le conoce oficialmente desde su nacimiento en 2010, cuenta con el apoyo de la Dirección Provincial de Cultura y la Empresa Musicávila. Gracias a ese respaldo posee un pequeño presupuesto, una computadora y, desde 2013, un local: la antigua sala Minerva de la Biblioteca Roberto Rivas Fraga, hoy Mediateca Provincial, donde se atesora el material recopilado y se presta servicio a los usuarios.

La búsqueda de información permitió que la emisora provincial Radio Surco donara una máquina de reproducción de cinta magnética de carrete abierto, junto con una parte importante de las grabaciones hechas a lo largo de más de 40 años. En total, lo acopiado se estima en miles de metros de cinta y en 474 gigabytes de información.

Las tonadas escondidas

Yusmaidi y Yoan entienden que todo no puede ser incluido y que se necesita precisar lo más relevante de cada comunidad. Por eso, se han apoyado en el criterio de un grupo de investigadores de la provincia, que aportan su opinión sobre qué elementos se deben trabajar, además de brindar pistas en las indagaciones.

Ambos investigadores intentan organizar la información obtenida en una base de datos que permita una mejor gestión del fondo. Pero, al final, ¿qué se ha atesorado en estos años de trabajo? El listado es grande: la banda sonora de Once Variedades, un popular programa de radio en Ciego de Ávila, se encuentra en los fondos junto a los discos de Pío Leyva, compositor e intérprete del montuno, exintegrante moronense del Buena Vista Social Club; el serial de temas históricos Pie en Tierra, de la Televisión Avileña, y la voz e imagen de personalidades ya desaparecidas, como la investigadora cultural Ada Mirtha Cepeda.

La música del destacado cantante Pío Leyva se encuentra en los fondos. Foto: Archivo de JR

También se recogen testimonios grabados, como los de líderes sindicales; uno del nieto del coronel Simón Reyes, jefe mambí avileño y considerado el militar que en más ocasiones cruzó la Trocha de Júcaro a Morón, o del combatiente Efrén de León Jesús Nápoles Fajardo, que reside en la provincia y que integró la Columna del Che.

Gracias al musicólogo Roberto Bullón lograron obtener una joya: una grabación en la que se escucha la voz del compositor español Joaquín Rodrigo anunciando que hará una interpretación al piano de su Concierto de Aranjuez dedicada a la intérprete y pedagoga avileña Ñola Sahig, cuyo nombre lleva la Escuela Provincial de Arte.

En ocasiones lo relevante no está en lo atesorado, sino en lo que está por registrarse. Como ocurrió un domingo en la sede provincial de la Uneac, cuando se reunieron «tonadistas» de la zona suroeste de Ciego de Ávila encabezados por el escritor, investigador y premio nacional de Cultura Comunitaria Gilfredo Boán Pina. Ese día se grabaron cerca de 80 tonadas, melodías que acompañan la interpretación de las décimas aprendidas de memoria, y Gilfredo asegura que pueden ser más de cien.

«Lo asombroso no es solo la cantidad —explican Yoan y Yusmaidi—, sino que muchas de esas décimas y tonadas tienen más de cien años de existencia y, pese a su carácter anónimo, se han encontrado influencias de los clásicos españoles. Es decir, este es un proyecto largo, de mucha paciencia, y lo que indican las búsquedas es que de seguro no nos alcanzará la vida para terminarlo».

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