El Camagüey del metal

La decimocuarta edición del Festival Nacional Sonidos intentó un balance de estilos, de lo suave a lo extremo, e invitó a las diversas bandas de rock de todo el país

Autor:

Yanetsy León González

CAMAGÜEY.— El rock en Cuba no ha perdido su público de adolescentes y jóvenes, ni la energía de las bandas locales, ni la inconformidad de músicos y promotores para defender el derecho a existir de esta expresión cultural, razón de ser del Festival Nacional Sonidos de la Ciudad.

No ha perdido la costumbre esta ciudad de acoger a varios entusiastas de un tipo de música que en el mundo mantiene el estigma de la invisibilidad, aunque tal vez por vieja maña sabe propagarse y alimentar la luz de los seguidores.

El peso de los estereotipos ha impedido la comprensión del gusto y la actitud de vida de un amplio grupo que siente y piensa, que sueña y hace. Esas claves de la pervivencia alrededor del rock están a la mano en el festival de Camagüey, que en días recientes estuvo dedicado a los 55 años de la UJC y al aniversario 60 del asesinato de Luis y Sergio Saíz, los jóvenes mártires que inspiran a la vanguardia de creadores de la Asociación Hermanos Saíz, puntal del evento.

¿Por qué solo metal?

La decimocuarta edición intentó un balance de estilos, de lo suave a lo extremo, e invitó a las bandas Alligator (Contramaestre, Santiago de Cuba), Jeffred Dammed, Espoleta (Holguín), Limalla (Sancti Spíritus), Alpha seed (Matanzas); Hell Grind y Trend Kill (La Habana), y las anfitrionas Antagon, Desbroce, Strike Back y Sex By Manipulation o SBM. Se incluyeron el vocalista australiano Jeremy Harry Harris, acompañado por la holguinera Mephisto, y el colombiano Joaquín Tobar, estudiante de Medicina que ha formado aquí Demolerium.

«Tenemos hardcore, grupal death, metalcore con tumbadora, black metal, grunge, punk que estaba casi extinto», aseguró Yoghenrry Bourricaudy Román, del comité del evento. Eso lo reafirma su colega Luis Batista, Machine, baterista de Demolerium y SBM: «Hemos abarcado el árbol genealógico del metal. En Cuba musicalmente somos muy atrevidos», mientras orgulloso ejemplifica con Alligator y sus covers de bandas de los 80 y los 90, Jeremy y su hard rock con grunge, el punk de Limalla, el gótico de Antagon…

Una nota diferente dio Hellgrind, la única banda cubana que hace death metal melódico con influencia de viking metal, algo de la Europa de los 90 «desconocido para el cubano», en opinión del director y vocalista Ernesto Riol: «En la escena de Camagüey resultó un impacto sonoro, aunque es un fenómeno nacional que el metal se está deslizando solo al deathcore y metalcore, y eso opaca otros estilos más tradicionales. En general, este Festival tiene buen nivel y un público conectado con los músicos».

Como una fiesta popular

Pero Salvador Torres, Miembro de Honor de la AHS, con 23 años como promotor de rock desde antes del Sonido de la Ciudad, les alerta: «Nunca imaginé que este Festival sería solo de metal. A esa tozudez le achaco la pérdida de público. Veo que las personas se van de diez en diez o de 15 en 15. Hace falta el trabajo de mesa y la consulta con el público».

Por la cuerda de Salvador anda Raúl Cardona, organizador del Festival Metal HG y las Rockmerías, en Holguín: «A los festivales les falta diversidad. Tienen que acabar de pensarse como una fiesta popular. Hay bandas buenísimas haciendo variedad de géneros en el país, pero no las invitan. Si abres el diapasón, ganas público y convences más».

No obstante, Gustavo Sánchez, director y guitarrista de Trendkill, insiste: «hay más tolerancia y se han abierto espacios, pero tenemos que seguir luchando por mayor atención, por nuestro derecho a tocar en otros lugares... que no nos tiren pa’ lo último, que no solo le den el audio bueno al reguetón».

De causas y azares cuenta Alex Jorge, guitarrista de Jeffrey Dammer y de Mephisto: «El rock en Cuba tiene sus altibajos. Llevo en esto desde los 80. Por las dificultades con los instrumentos, unas bandas se desintegran. A veces hay provincias que se quedan sin ninguna, y después le resurgen; pero el rock sigue vivo, es parte de la cultura cubana, desde los primeros grupos en los 70».

Una música que une

El bajista de Antagon, Ricardo Iglesias, considera el Sonidos de la Ciudad una ocasión especial para encontrarse y compartir: «En el circuito de festivales que prevalece, el nuestro es uno de los más importantes. Posibilita la relación directa con un público, algo que no pasa todos los días. El metal en Cuba no es lo que típicamente se consume, por eso, si nos escuchan tres, perfecto, porque es la gente que te apoya, que viene de lejos para verte».

Este año, la lluvia fijó los conciertos en el Auditorio Iván Hidalgo Funes, contiguo a la Casa del Joven Creador. Eso favoreció la participación de los muchachos, un lugar abierto al curioso, al que le gusta o al que empieza a escuchar rock.

«Por lo general tocamos en lugares donde se venden bebidas alcohólicas y los menores de edad no pueden entrar. Imagínate, el 60 por ciento del público se nos va», refiere Yoghenrry, quien no olvida su primer «choque» con el metal cuando estaba en cuarto grado, y en la Plaza Maceo descubrió a Rhodas, entre las primeras bandas de Camagüey.

El bajista de SBM siempre aconseja: «Como decimos nosotros los “frikis”: “fusilen” mucho. Fusilar es oír mucha música y con variedad. No te aferres nunca a un solo estilo ni a un solo grupo. Mientras más “fusiles”, más riqueza tendrás en tu cabeza y en tu corazón».

Su colega Machine agradece a la AHS: «La Asociación Hermanos Saíz es la única que organiza conciertos de rock and roll en el país. Es un género musical viejo con público joven. Hay problemas que no pueden resolver mamá ni papá y se logra con un amigo, y en esa búsqueda se unen musicalmente. El rock tiene su ética, su dignidad y nosotros la cuidamos».

Quedan en el tintero razones para indagar. El Sonidos de la Ciudad deja sobre el tapete la sed de espacios; el deseo de bandas extranjeras en vivo que solo han apreciado en revistas; la esperanza de que se borren las falsas imágenes de los amantes de esta sonoridad; y lo más candente, el repaso crítico de los resultados de la edición, desplegada en conciertos, debates, pasarela de moda, la apreciación de audiovisuales y la práctica del tatuaje artístico del proyecto Carpa Tattoo. Todo han de tenerlo en cuenta, porque en 2018 el Festival de Camagüey estará de 15.

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