Por un EFP más culto y divertido

La numerosa participación del ala gremial de todo el país y las incalculables sugerencias y soluciones aportadas en el concurso «Mi fiesta popular, más culta y divertida» dan la medida de que nuestro pueblo aboga por el rescate del comportamiento social solidario y el respeto

Autor:

JAPE

En pleno carnaval habanero nos parece ideal dar a conocer a los ganadores del concurso Mi fiesta popular, más culta y divertida. Espero que recuerden (si no lo recuerdan da igual) que esta convocatoria fue lanzada en nuestras páginas a principios de este año, en coordinación con el CNO-CFPPOD (Centro Nacional Organizador de Carnavales, Fiestas Populares, Parrandas y Otros Desparpajos), en busca de algunas propuestas y (o) recomendaciones para hacer de nuestras festividades del burgo (léase provincia, pueblo, villa, caserío, aldea, municipio, parroquia…) un verdadero espacio de sana diversión, intercambio y desarrollo sociocultural de la familia.

Para aquellos que abogaban por la llamada «cura de caballo», o sea, quitar el mal de raíz, y desaparecer del entorno ciudadano la posibilidad de una noche de alto riesgo en una barahúnda comunitaria a causa de mal comportamiento de un grupúsculo aislado, adicto al desorden y alentados por el menesteroso alcohol y los altos decibeles de la pavorosa música de tarima, les decimos que no; no es esa la solución. Nuestras fiestas populares, en la mayoría de los casos, forman parte indisoluble de la idiosincrasia de los disímiles lares y conglomerados urbanos. Agreguémosle que muchos de estos jolgorios son considerados patrimonios de nuestra identidad cultural, aunque en algunos casos, ni pidiéndoles el carné de identidad se logra contener el mal comportamiento y la postura que arrellana en el irrespeto, la falta de vergüenza, de amor propio y amor al prójimo, y a la prójima, porque también se ha dado el caso de algunas mujeres conflictivas.

La numerosa participación del ala gremial de todo el país y las incalculables sugerencias y soluciones aportadas en este concurso dan la medida de que nuestro pueblo aboga por el rescate del comportamiento social solidario y el respeto. En cada mensaje recibido ha primado una sola voz: ¡Defenderemos a capa (o a copa) y espada, nuestro derecho a mantener los EFP (Espacios Festivos Populares) libres de toda lacra poluta! Y ya damos a conocer a los ganadores:

Primer Premio: a la máster en Medicina legal y traumatología, Mercedes Candelaria de Armas Tomar, del municipio santiaguero de San Luis, quien nos ha enviado su propuesta de la Ambucarrosa o la Carrolancia. La doctora Mechy sugiere que las carrosas de los paseos carnavalescos no sean haladas por tractores o camiones de tracción, sino por unidades médicas con motor de alto cubicaje adaptado, provistas de todos los implementos sanitarios estipulados por la Cruz Roja Internacional para este tipo de eventos. Mercedes Candelaria nos comenta que el vestuario del personal paramédico puede ser igual al de los bailarines de las carrosas, pero eso sí, deben saber brindar los primeros auxilios.

Segundo Premio: se otorga al ingeniero hidráulico Pedro Juan Incontinente del Piss, del municipio habanero de Lawton. Del Piss asegura que la solución ante el desagradable mal olor que proviene de los escasos baños a lo largo y ancho de las áreas asignadas a las fiestas populares, puede aplacarse, incluso desaparecer, si a cada participante se le asigna una sonda que deberán evacuar en su casa una vez concluida la actividad. Incontinente reconoce que al principio puede ser un poco molesta, pero que finalmente podemos adaptarnos al adminículo y servirá de ejercicio físico cuando tengamos que correr a casa tras varias cervezas, en incontables ocasiones. Este ganador incluye la variante del pañal desechable (de todas las tallas) para aquellos que por equis motivo no puedan ajustarse a la sonda itinerante.

Tercer Premio: para la ingeniera en electroacústica Laura Lazo Orda, de la ciudad de Sancti Spíritus, por su proyecto Sonido en vena. En su introducción al tema, Lazo Orda nos explica que nada tiene en contra de las fiestas populares y que se escuche música alta hasta altas horas de la noche, valga la cacofonía. Su propuesta está más bien encaminada a proteger el derecho al silencio de aquellas personas que viven cerca o en los alrededores de las áreas festivas y que tienen que padecer del abuso excesivo del volumen sonoro musical y del galillo del Dj.

«Si cada cual llevase consigo un par de audífonos acoplados de manera inalámbrica al sistema de audio central de la actividad, bastaría un mínimo de volumen para que todos, desde el más cercano a la fuente musical, hasta aquel que baile a 400 o 500 metros a la redonda, sientan el sonido del ritmo como si se lo inyectaran en las venas», asegura Laura.

Para aquellos que contraponen su criterio al de la avezada ingeniera, alegando que el uso de audífonos sería un agente disociador y segregador del disfrute social del evento, Lazo Orda señala que «el uso de audífonos en fiestas populares no es ningún obstáculo a la comunicación persona-persona porque a fin de cuentas ya muchos lo usan, a cualquier hora del día, en plena calle, sin escuchar ni prestar atención a nada, ni a nadie».

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