Contrarreloj

Autor:

Juventud Rebelde

Cecilia «Chechi» Baena. Foto: AP  Amigos rebeldes:

No imaginan la sacudida interna que sentimos ahora, al asomarse en el calendario una fecha cumbre de la historia nacional. Es como si varios arroyos de sangre se precipitaran por las venas y desembocaran al unísono en nuestros pechos y gargantas.

Aquí, en medio de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, los cubanos hemos esperado con palpitación el 26 de julio.

Anoche, deportistas, dirigentes, árbitros, técnicos… cantaron el Himno de Bayamo frente a la bandera de la estrella esplendorosa —«con más luz cuanto más solitaria», diría Byrne.

Evocamos, estremecidos, a los Cinco; a Martí y a aquella generación juvenil que, arriesgándolo todo, vivificó a la patria.

Este martes nos enteramos de que aún rememoran por acá el insólito partido final de softbol, entre los campeones venezolanos y los subtitulares cubanos, que se jugó de madrugada… ¡y con público! ¿Habrá ocurrido eso alguna vez en la vida?

«Yo fui a verlo y regresé a las cinco de la madrugada a mi casa», confiesa Yaqueline Rodríguez, una vecina que dice tener fuertes vínculos con Cuba. «Me fascina la música de Manolito Simonet y su trabuco. Canté con esa orquesta en una gira que efectuó por Colombia», señala.

Por otro lado, hemos comprobado cuánta fascinación hay acá por el patinaje, deporte en el que este país es campeón mundial. Vimos correr los 300 metros contrarreloj a Cecilia «Chechi» Baena y es verdad que esta hermosa mujer, nacida el 10 de octubre de 1986, cartagenera por más señas, parece haberse adueñado de algún componente del mismísimo viento.

También observamos que unos periodistas de cierta televisora local dedicaban un reportaje a las formas de las orejas de los luchadores (¡detallistas los tipos!). Que si este tenía un coliflor de una forma; que si aquel de la otra.

Recuerden que los gladiadores —sobre todo los del estilo greco— están chocando constantemente sus cabezas y en esos encontronazos surgen las deformaciones (coliflores las llaman algunos) en los cartílagos.

El diluvio de afecto hacia los cubanos se mantiene en los ciudadanos de la urbe. Unos nos piden una banderita, otros «un pin» (un sellito) y unos terceros solo un breve diálogo.

No siempre podemos… por el corre corre. Les mando un abrazo

Osviel Castro Medel

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