Lo que un día fue, ¿no será? - Deporte

Lo que un día fue, ¿no será?

Desde hace algunos años, el boxeo ha perdido popularidad entre los aficionados cubanos. Hoy, Juventud Rebelde intenta acercarse a las causas de esta realidad

 

Autor:

José Luis López

Para quienes peinamos algunas canas —y creo que para el resto de la afición también—, infunde total desconsuelo apreciar cómo, desde hace algunos años, el boxeo ha perdido su tradicional popularidad entre los aficionados cubanos.

Y esto duele más porque se trata del deporte que mayor cosecha de títulos ha conseguido en Juegos Olímpicos.

Las gradas están vacías. Ni el torneo nacional Playa Girón, ni el internacional Córdova Cardín han vuelto a congestionarlas como sucedía en las décadas del 60, 70, 80, e incluso, hasta mediados del 90.

La ausencia de público a las instalaciones y los consabidos «bostezos» ante peleas poco atractivas, toman matices alarmantes.

Hoy, Juventud Rebelde quiere compartir con sus lectores las consideraciones sobre este tema aportadas por un grupo de ex pugilistas que sí levantaron al graderío.

Con su fogoso tren de pelea durante los nueve minutos de combate, y conocedores de que en la Finca del Wajay (actual Escuela Nacional de Boxeo) había varios hombres «de puntería» en sus respectivas divisiones, la máxima era pelear y pelear. De no ser así, el profesor Alcides Sagarra, timonel del buque en esa época dorada, escogía a otro para representar a Cuba allende los mares. ¿Lo recuerdan, verdad?

Adiós a la puntuación

El bello estilo de pelea y la potente pegada del tricampeón olímpico y mundial de los supercompletos, Teófilo Stevenson, hicieron historia sobre los encerados. Cuatro días antes de su desaparición física, «Teo» argumentaba la necesidad de que no se dieran a conocer las puntuaciones de las peleas cuando termine un asalto.

«Los cambios en el reglamento han acabado con el boxeo. Actualmente, con el empleo de las máquinas computadoras, los técnicos en las esquinas conocen cómo finaliza cada round. Entonces, si su púgil va ganando, le indican que corra sobre el ring. Y el árbitro no lo penaliza. Esto, además de deslucir el espectáculo, provoca que como el atleta está en movimiento, no pueda pegar bien. Por eso ya no se ven los nocauts que tanto gustan al público», declaró el eterno ídolo del Central Delicias.

Cuerpo a cuerpo

Sin duda, uno de los grandes animadores en cuanto cartel se presentaba fue el capitalino Maikro Romero, campeón olímpico en Atlanta 1996, cuando derrotó por un solo punto en la final al kazajo Bolat Dzumadilov. Contra Maikro, ningún rival tenía sosiego.

«El boxeo es un espectáculo y actualmente no se comporta así. Por eso las gradas están vacías. Nuestros púgiles intercambian en la media y larga distancias, pero no muestran la fogosidad que brinda la pelea en el cuerpo a cuerpo, que es la preferida por el espectador. Además, antes se usaban guantes de pelo de caballo, con los cuales se conseguían golpes más potentes que enviaban a la lona al rival. Eso se perdió con el uso de guantes esponjosos, que amortiguan más el golpe», opina Maikro.

«Para recuperar su popularidad, el boxeo debe abogar por la rivalidad, y eso se consigue con el “fuego” en el sparring y guanteo de entrenamiento, enseñándoles a los discípulos que hay que tirar golpes desde el mismo inicio de la pelea. Pero también necesita la divulgación que tenía antes, pues ahora predominan el béisbol, el fútbol y el voleibol», apunta.

Hay que tirar golpes

Confieso que uno de los ídolos de mi niñez fue el santiaguero Rolando Garbey, quien resultó campeón mundial en La Habana 1974. Con una guardia casi impenetrable y un excelente dominio de su jab de izquierda, peleó preciso en las tres distancias.

Actualmente, Garbey pertenece al colectivo de entrenadores de la preselección nacional.

«Usted instruye a los atletas en el gimnasio para que intercambien desde el inicio. Pero luego, en la pelea, se pregunta en la esquina: ¿y cuándo va a tirar golpes? Hoy en día, ellos usan mucho la defensa pasiva. Además, también se trabaja en la rotación de las muñecas a la hora de pegar, para que el golpe sea más potente. Pero muy pocos lo muestran después», explica.

«Antes había atletas que tenían dificultades para esquivar los golpes y se dedicaban a combatir en el cuerpo a cuerpo, algo que le gusta a los aficionados. Eso ya apenas se ve. También atenta contra el show el uso de las cabeceras, las cuales evitan golpes que pueden enviar a la lona a un púgil», señaló Garbey.

Cuba exhibe una retahíla de peleadores agresivos, esos que no dan ni piden tregua, contra quienes los nueve minutos de combate son una real «tortura». Pero si alguno destacó en esos menesteres, fue el pinareño Orestes Solano.

Fíjense si era fogoso que, desprovisto de una buena defensa, Alcides siempre lo quiso tener consigo.

«El boxeo tiene una sola regla: tirar y tirar, tanto el atleta que es un clásico fajador, como el técnico, porque si tú no lo haces, te golpean a ti», dice Solano.

«Creo que debe existir más agresividad que defensa. Actualmente, no se fajan de tú a tú, hay mucho bloqueo con las manos, se corre demasiado sobre el ring y así la pelea pierde calidad. Por eso, las personas se quedan dormidas cuando ponen la televisión. Mi consejo es que entrenen duro y salgan a combatir desde que suene el gong», comentó Solano, de quien recordamos sus duros combates contra púgiles de la talla de Armandito Martínez o Ángel Espinosa. ¡Ahí no había espacio para el bostezo!

Usar más la cabeza

Un verdadero talento, tanto en acciones de ataque como defensivas. Eso fue el tunero Damián Austin, dueño de dos títulos mundiales.

«Existen muy pocos boxeadores con táctica, de esos que siempre piensan encima del ring para salir adelante. Hay que usar más la cabeza y, sobre todo, golpear siempre con los nudillos y no con manotazos que deslucen el combate. Cuando tú ves una de las actuales peleas, parece que fuera como si ambos púgiles lo hubieran acordado antes de subir: dos golpes de uno y dos golpes del otro. Luego, a buscar distancia. Y nada más», acota Austin.

«Para mejorar, hay que trabajar fuerte en las provincias desde las edades tempranas. Así, el chico llega mejor preparado e invita a que lo vean pelear», destacó.

Que nadie esté seguro

Si de intercambio continuo versa el tema, entonces es preciso citar también al ahora árbitro pinareño Julio Quintana, quien participó en 12 certámenes nacionales, entre 1979 y 1990.

«En mi tiempo, había más rivalidad y nadie tenía seguro su pasaporte para la Finca del Wajay. Se tiraban todo tipo de golpes en las tres distancias. En las peleas, tal vez había algo de estudio en el primer asalto, pero los dos restantes eran de un feroz intercambio. Considero que se hace necesario elevar cada día el arsenal técnico-táctico de entrenadores y atletas, y que nuestros boxeadores se preparen mucho mejor para poder emplearse a fondo.

«Si a la gente le gusta el intercambio y golpeo constante, eso es lo que se le debe brindar. Especialmente hay que recobrar la porfía en cada peso, para que ningún atleta crea que está seguro en el equipo nacional», concluyó Quintana.

En el tintero

Con estas opiniones más que autorizadas pretendemos abrir el debate sobre un tema escabroso. Esperamos sus comentarios para avivar la polémica.

Por supuesto que quedan muchas cosas en el tintero, pero la realidad es que el boxeo ya no es lo que era. Ojalá retornen los asaltos pletóricos de intercambios.

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