Una flecha que rompió corazones

El arquero cubano Juan Carlos Stevens se despidió de los presentes Juegos Olímpicos al no lograr incluirse entre los 16 mejores de la competencia

Autor:

Raiko Martín

Londres.— Confieso que conozco tanto de cricket como de nanotecnología. Por eso jamás imaginé que algún día estaría en el mismísimo Lord’s Cricket Ground de esta ciudad, y menos sufriendo entre tanta historia atesorada en el emblemático recinto. Pero ni eso compensa el pesar por la despedida del arquero cubano Juan Carlos Stevens de los presentes Juegos Olímpicos.

Recuerdo como en Beijing le vi resistir duelo tras duelo contra todos los pronósticos, y cómo con sus escasas flechas eliminaba a no pocos «monstruos». Tal vez por eso esperaba que el cubano hiciera historia en el santuario de un deporte tan británico como la leyenda de Robin Hood.

Pero no fue el día para escribir una nueva página en la heroica carrera deportiva de Stevens, porque menos que eso no se le puede decir a sus dos décadas encumbrado en el máximo nivel, y la mayor parte de estas desfasado de la tecnología que tanto influye en esta disciplina.

Ya lo había anticipado durante la ronda de ordenamiento. A este nivel un fallo cuesta más que la corona de la reina. Y a él le tocó errar esta vez, cuando peleaba por incluirse entre los 16 mejores de la competencia.

No pasábamos de dos los cubanos que en máxima tensión esperábamos el desenlace. “No te preocupes”, atinó a decirme la voluntaria que nos atendió en la tribuna de prensa de la antiquísima instalación, adaptada para ofrecerles un interesantísimo espectáculo a las casi 5 000 personas que desafiaron la lluvia para poblar el graderío móvil al aire libre.

Entonces Stevens dominaba con cómodo 5-1 al indio Tarundeep Rai, gracias a un triunfo de 28-27 en el set inicial, un empate a 27 en el segundo, y otra victoria por 28-27 tras los siguientes tres disparos.

El indio tomó un respiro en la siguiente andanada al imponerse por 28-27. Y llegó la maldita flecha. La segunda —para ser más exactos— de la última ronda, que se encajó caprichosamente en el círculo de la diana marcado por el número siete. El gesto de Stevens dijo más que el adverso 26-27 que forzó la flecha de desempate favorable por 9-8 a su rival.

«Llevo 20 años en esto, y sé muy bien cuándo la flecha va a estar lejos del centro. Ese error técnico me sacó de la competencia», reconoció el atleta en la zona mixta, y sin el más mínimo asomo de justificaciones tardías, resumió lo que nunca quisimos escuchar. «Perdí. Así es el deporte».

Y con la mayor naturalidad del mundo, sin que esto quiera decir que su corazón no latiera al compás del infortunio, explicó cuán difícil es acceder a los mejores implementos para mantenerse en el máximo nivel de este deporte. También cómo la forma de soltar la cuerda en ese fatídico instante lastró todas sus intenciones de avanzar más en el certamen.

«A pesar de mis 43 años y de todos los inconvenientes, estoy pensando seguir. Me siento muy bien físicamente, y cuando uno rompe sus marcas e implanta un récord nacional, es una señal de que se puede hacer un poco más».

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