Si no se nada, nada de nada - Deporte

Si no se nada, nada de nada

Después de la prolífica década de los 90, la natación cubana transita por un escenario de incertidumbres debido a la inestabilidad para entrenar y formar adecuadamente a sus atletas, impuesto por la realidad económica que hoy vive el país, reconoce el Comisionado Nacional Rodolfo Falcón en entrevista con JR

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Camino a su despacho, escaleras arriba, no pude evitar que mis sueños terminaran disueltos en un no sé qué extraño. La Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento Marcelo Salado sufre la misma realidad de la natación cubana. Ambas están estancadas, dolidas, con el horizonte más lejos que de costumbre.

Rodolfo Falcón me esperaba sentado, absorto entre cuatro paredes sin mucho decorado, con la compañía de un cartel que mostraba una imagen de Michael Phelps surcando las aguas, una computadora y un par de sillas.

Mi encuentro con el Comisionado Nacional de Natación y presidente de la Federación de ese deporte, prometía un intercambio tranquilo, pero la naturaleza de este redactor y los muchos temas en la palestra, urgidos de respuestas inmediatas, nos llevaron a una apasionante confrontación de opiniones.

—Los 90, pudieran considerarse la época dorada de la natación cubana, incluso de nuestro movimiento deportivo en general. Alarma el retroceso y estancamiento de este deporte. ¿A qué se debe la falta de resultados internacionales?

—La graduación de esa década fue el producto de un trabajo sostenido y muy arduo que requirió años de entrega y sacrificio. Las cosas no surgen por arte de magia, y precisamente en los 90 se concretó un acervo de conocimientos impresionante por parte de los entrenadores. A principios de los 60, que fue cuando se comenzó a practicar la natación y todos los deportes de forma masiva y organizada en nuestro país, empezamos a elaborar una manera propia de formar atletas. Entonces nuestros entrenadores no poseían la sapiencia necesaria para hacer nadadores. Por suerte contamos con la ayuda de muchos profesionales que llegaban de distintos lugares del mundo: Hungría, Alemania, la extinta URSS.

«En esos primeros 30 años existían mejores condiciones que ahora. Teníamos un buen sistema, se quería adelantar mucho, pero no se sabía cómo. Los entrenadores orientaban desde un empirismo muy primario.

«Mas, ya a finales de los 80, se aprendió a formar nadadores, y esa experiencia logró concretarse, dando frutos en la década siguiente. Un elemento decisivo fue la periódica participación en competencias internacionales, algo imprescindible. El elemento fundamental está en el agua. Sin piscinas no hay nadadores».

—¿Cuánto podemos esperar de nuestros atletas si muchas de las albercas del país no tienen las condiciones necesarias?

—Para nadie es un secreto que las dificultades que tenemos son inmensas, pero la realidad económica de Cuba no permite materializar la restauración y mantenimientos de todas las instalaciones. Te puedo asegurar que nuestros muchachos hacen un esfuerzo sobrehumano, porque les resulta difícil mantenerse practicando como es debido.

—Eres prueba de esa prolífica década. Todos conocen al Falcón subcampeón olímpico, as mundial en piletas de curso corto, rey panamericano, pero casi nadie sabe de tu incursión en los Juegos Caribe de la Universidad de La Habana. Háblanos de ese «abuso».

—Mi etapa universitaria fue bastante atípica. Terminé mis estudios preuniversitarios en la escuela Marcelo Salado, e hice las pruebas de ingreso.

«De acuerdo con mi escalafón pude acceder a la carrera de Derecho. Fueron años muy difíciles. Terminaba de nadar seis o siete kilómetros y agarraba la bicicleta, iba para la Universidad, terminaba las clases, regresaba a la Marcelo, almorzaba, y después volvía a los entrenamientos.

«Entre toda esa vorágine llegaron los Caribe. ¡Imagínate!, fue muy gracioso, los muchachos me miraban con cara de susto, y con razón. Mis compañeros de la Facultad querían que participara, pero los otros hacían todo lo posible por que no compitiera, aun estando en mi entero derecho.

«Por supuesto, en el primer año gané unas cuantas medallas. Y recuerdo que en el curso siguiente, cuando fui a inscribirme, protestaron y decidieron que no compitiera, ya que estaba en el equipo nacional. Afortunadamente mis compañeros apelaron y pude participar en otra edición».

—Entre las tantas disciplinas deportivas en las que destaca Cuba, la natación no es precisamente una de las más fuertes. ¿Contamos con entrenadores altamente calificados en todas las categorías y provincias del país?

—En el caso de la base, yo no creo que estemos entre los peores. Nuestros atletas de élite no son de los más descollantes, pero de manera general flotamos entre la media.

«Pienso que el sistema está preparado para alcanzar la categoría de los punteros del orbe, pero aún queda mucho por hacer. De ahí que hagamos regulaciones para tratar de forzar a los entrenadores a tratar aspectos fundamentales como la arrancada, la vuelta, el delfín (sistema oscilatorio bajo el agua), porque aún  tenemos deficiencias en eso. El rigor científico técnico y la superación no se pueden quedar atrás, pues la natación es uno de los deportes de más avances en ese plano.

«Pero sí tenemos personal calificado. Las medallas de Hanser García en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y su inclusión en la final olímpica de Londres un año después, son datos elocuentes».

—En el caso del «Pollo» (así se conoce cariñosamente a Hanser) ¿no estaremos lidiando con un talento natural, y no con el fruto de una estrategia fértil?

—Nadie puede negar que a Hanser le sobran condiciones. Pero él solo no podía llegar a ser uno de los más destacados libristas del mundo, y mucho menos en tan poco tiempo. Detrás de toda esa gloria hay un equipo entero, la tremenda labor de su entrenadora, María Luisa Mojarrieta.

«Mucha gente piensa que él tiene cualidades supernaturales o que sus proezas son obra de la casualidad. En la natación no existen las casualidades. Hanser tiene cualidades innatas importantes —todos los que van a las olimpiadas tienen su cuota de talento—, pero sus logros se deben, en mayor medida, al sistema de entrenamiento que le estamos aplicando».

—¿Cuál es la situación con la cantera?

—La masividad es vital, y ahí estamos flojos. Se han dado algunos pasitos, pero muy ligeros. El Inder ha aportado, muchas personas también ayudaron, mas, si no tenemos las piscinas llenas todo es inútil.

«Además, nos choca el hecho de que los niños no pueden asistir a campeonatos del área. Así es muy difícil formar campeones. Ahora en las categorías de mayores tenemos menos atletas, y ese es uno de los aspectos que más nos golpea. Durante los 90, la Marcelo tenía una matrícula de entre 200 y 250 nadadores. Hoy solo quedan 70».

—¿Existe la posibilidad de, en sintonía con la política de reestructuración económica, encontrar una vía de autofinanciamiento para este deporte?

—Actualmente muchos deportes, por no decir todos, cuentan con varias maneras de autofinanciamiento, porque nuestra labor se ha convertido en una profesión igual que otra cualquiera. De hecho, es inevitable, y tiene que generar ganancias, como los cantantes, que también son profesionales, y todos encuentran natural que graben sus discos y obtengan beneficios por su trabajo.

«Ocurren cambios económicos y el deporte no está ajeno a ello. Claro que ayudaría, incluso al país, pero tiene que ser una estrategia muy bien pensada, con control. No podemos perder el sentido ni el camino del movimiento deportivo cubano. Por hacernos más solventes no podemos descuidar nuestro objetivo, la razón por la que nuestro deporte es tan grande. Buscar posibilidades de autofinanciamiento, sí, siempre y cuando no nos debilitemos ética ni moralmente. El ser humano está por encima de todo, esa es una premisa fundamental».

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