Lisandra se va a la Guerra

Ninguna ciclista es más rápida que ella en América. Actualmente ocupa el sexto lugar en el ranking mundial de la velocidad, y por sus resultados en 2014 fue seleccionada entre los diez atletas más destacados del año en Cuba. Su sueño: una medalla olímpica

Autor:

Norland Rosendo

Siempre me han impresionado sus piernas. Las convierte en una maquinaria casi perfecta sobre los pedales. Uno aguza los ojos y solo ve un remolino giratorio en pura aceleración mientras la bicicleta vuela —literalmente— sobre la pista.

Confieso que a veces me he perdido sus carreras. Me he dado cuenta de que terminó, que ya ganó, cuando «aterriza» y sus movimientos son más lentos en la vuelta que le regala al público para que la ovacionen. Entonces, solo entonces, me percato de que Lisandra Guerra Rodríguez ya pasó por la raya de sentencia.

Ahora será diferente. Voy a «montarme» en mi grabadora y estaré corriendo delante de ella mientras me queden energías (digo, preguntas), porque Lisandra solo tiene tiempo para entrenar.

La pedalista yumurina, sueña con el podio olímpico.

Este 2015 es un año de muchos certámenes importantes. En enero, la tercera parada de la Copa del Mundo, en Cali, Colombia. En febrero, el Campeonato Mundial, en París, Francia. En julio, los Juegos Panamericanos, en Toronto, Canadá. Pero sus ojos están un poco más allá en el calendario, en el verano de 2016, cuando tendrán lugar los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

—¿Satisfecha con los resultados de 2014?

—Sí, pero pudieron ser mejores. Yo soy muy inconforme conmigo misma.

—Cerraste la temporada con un bronce en la velocidad en la primera parada de la Copa Mundial y después cuatro medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

—Fue una competencia casi detrás de la otra. Me preparé muy bien para ambas. En los Centrocaribe el propósito era aportar la mayor cantidad posible de títulos para contribuir al éxito de Cuba en el medallero. Mi pronóstico era ganar tres de oro, y logré cuatro. Me salió todo muy bien.

—¿Esperabas los dos récords?

—Estaba en un buen momento, tanto física como psicológicamente. Hice 33.697 segundos en los 500 metros contrarreloj y 10.891 segundos en la prueba de velocidad.

—¿Influyó el hecho de que el velódromo de Xalapa fuera, según se dice, uno de los mejores de América?

—Es una excelente pista, moderna, muy rápida, pero sentía mucho frío.

—Y en la primera fase de la Copa del Mundo, ¿estaban las estrellas de tu especialidad?

—Sí, casi todas se reunieron en Guadalajara.

—Después, sin descanso apenas, fue la segunda parada en Londres y te fuiste sin medallas, ¿qué pasó?

—Llegamos a la sede casi el mismo día de la competencia. Fue un viaje muy agotador. A pesar de eso, obtuvimos puntos para la clasificación olímpica. En la velocidad me hubiera ido mejor, pero me descalificaron, esas cosas ocurren.

El largo camino a río

—Ahora viene la última lid de la Copa, en Cali.

—Voy por un buen resultado. Siempre salgo a las pistas a buscar una medalla.

—Ya estás clasificada para el Mundial, ¿podría ser esa justa un adelanto de los Juegos Olímpicos?

—Seguro. Todas las velocistas vamos a ganar y a ver desde ahora cómo están las adversarias con miras a Río de Janeiro.

—Con el sexto lugar en el ranking del orbe en la velocidad no debes tener problemas para estar en la cita de los cinco aros.

—Tampoco puedo confiarme. Este es un deporte muy complejo, en el que cualquier error cuesta caro.

—En Londres 2012 estuviste muy cerca de la semifinal, ¿será entonces en Río cuando subas al podio?

—Esa es la medalla que más anhelo, la que me falta, pues ya he sido medallista mundial seis veces, incluida una presea de oro en los 500 metros contrarreloj. Quiero que sea en los próximos Juegos Olímpicos. Me prepararé fuerte. Estar entre las primeras en esa competencia sería un regalo no solo para mí, sino para el pueblo de Cuba. No importa el color de la presea, pero si fuera de oro, sería la gloria misma.

—En julio competirás en los Panamericanos de Toronto, ¿cuáles serán tus principales adversarias allí?

—Las mismas de los Centroamericanos y del Caribe y las canadienses.

—¿Y las estadounidenses no?

—No, ellas no son las más fuertes en mi especialidad.

Grande por partida doble

—Mantenerse en la élite del ciclismo debe ser muy difícil cuando no se cuenta con un abundante presupuesto, lo digo por los precios de las bicicletas y de otros recursos.

—Así mismo. Nosotros no tenemos el dinero de que disponen otros países, y por eso el esfuerzo es mayor. Esta bicicleta que tengo ahora me la compré yo misma. Me costó 3 000 euros, gracias a una oferta que me hicieron porque su precio original supera los 6 000 euros. La anterior era ocho o nueve años más vieja que las que usan mis rivales en el mundo, y con ella logré muy buenos resultados también.

—Y tu primera bicicleta de competencia, ¿cuándo la tuviste?

—Fue cuando llegué al centro nacional. Era como una muñeca nueva en las manos de una niña.

—Supongo que sea muy notable la diferencia de tecnología y recursos en los torneos en el exterior.

—Las atletas de otros países viajan con sus entrenadores, médicos, masajistas, psicólogos, mecánicos y varias bicicletas. Nosotras apenas vamos con nuestros entrenadores, y no siempre pueden ir todos.

—Eso las hace más grandes como deportistas a ustedes. Tienen que crecerse.

—Sí, en el máximo nivel de competencia, lo ideal sería contar con todo el equipo de apoyo, pero nosotras suplimos eso con entrega, constancia y mucho optimismo.

—¿Es verdad que a veces tienen que arreglar ustedes mismas sus bicicletas?

—También es cierto. Pero no es complejo. Lo malo es que a veces no hay mucho tiempo y tenemos que concentrarnos para la competencia a la par que acondicionamos la bici.

—¿Cómo fueron tus inicios en este deporte?

—Comencé en sexto grado. Mi primer entrenador en Matanzas fue Ángel Luis Núñez. Después me pasaron para la ESPA de esa provincia y con 14 años me promovieron al equipo nacional juvenil.

—Pero además de ciclismo, practicabas atletismo cuando niña. ¿Te resultó difícil decidirte por uno de los dos?

—Yo era muy hiperactiva, estuve en varios deportes, pero el ciclismo fue mi preferido, a pesar de que mi mamá decía que no era para hembras. Con el tiempo y con los resultados míos, ella fue cediendo hasta que también empezó a gustarle mucho.

—¿Por qué la velocidad?

—Los entrenadores siempre me vieron condiciones físicas ideales para esta modalidad y desde las competencias escolares estoy participando en las pruebas de velocidad.

—¿Crees que si más jóvenes de Cuba pudieran ir al Centro Mundial de Ciclismo de Suiza se elevaría la calidad de ese deporte aquí?

—Bueno, yo pienso que lo primero es tener condiciones, eso es imprescindible para ser bueno en cualquier deporte. Sin el talento, no hay escuela que te pueda convertir en campeón.

«Yo estuve siete años en Suiza. Fue una experiencia excepcional. Aprendí mucho, no solo desde el punto de vista técnico y táctico, sino de las formas de entrenar de los europeos y sobre todo, de su disciplina.

«Me siento alumna de ese centro aún, allí tengo las puertas abiertas siempre. Comencé con 16 años y ellos influyeron mucho en mi personalidad, en la mentalidad con la que asumo las competencias y hasta la vida misma.

«Pero para responder a tu pregunta, sería muy bueno para el ciclismo cubano que más jóvenes pudieran ir a ese centro».

—¿No te gusta la ruta?

—He participado en competencias de carretera, pero no me llaman la atención. Lo mío es la pista, la velocidad.

—Y fuera del velódromo, ¿qué haces?

—Disfruto leer, ver televisión. No soy muy fiestera. Prefiero la intimidad del hogar, de la familia.

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