Víctor, entre el sueño y la pesadilla

Dicen que Víctor Mesa no durmió la noche del miércoles, y tampoco hubo mucho sueño en Matanzas

Autor:

Norland Rosendo

Dicen que Víctor Mesa no durmió la noche del miércoles. Me lo dijo una fuente confiable. Como él, muchos en La Habana se quedaron con los ojos clavados en un Irandy Castro que tiró el juego de su vida. Tampoco hubo mucho sueño en Matanzas; los que viajaron al Latino llegaron de madrugada a ritmo de conga, y los que se quedaron festejaron el triunfo de la primera subserie como si hubiese sido el último del play off por el oro.

Era un juego, solo uno. Pero todos sabían que no era un simple juego, había mucho más en el ambiente. Es la subserie de más morbo en toda la temporada. En su largo periplo hacia Industriales, Víctor Mesa partió de su natal Villa Clara e hizo una escala en Matanzas. Allí dejó, en cambio, a otro tocayo y comprovinciano suyo.

Era un duelo de Víctor contra Víctor. Del que se fue contra el que se quedó. De Mesa contra Figueroa. Del inquieto contra el ecuánime. Pero, más que eso, los Cocodrilos buscaban demostrar que podían morder, incluso, al que le afiló los dientes. Del otro lado había un hombre que le sabe cinco planetas juntos a este deporte y que les conoce, además, cada debilidad a los Rojos que dirigió hasta la temporada anterior.

La afición sabía que era noche de Latino. Las estadísticas hablan de 30 mil asistentes. Por los gritos eran como un millón. De una banda y de la otra. Había expectación: ¿Hasta cuándo duraría Irandy en el box?. Él mismo fue respondiendo. Toda la noche si hace falta. Esta es mi noche. Así fue hilvanándole ceros a los Industriales para la cadeneta de su propia fiesta. En el noveno, como premio, un ramillete de seis carreras que coronó el triunfo de los Cocodrilos.

Algunos creyeron que hoy no se llenaría el estadio. Pero en La Habana, donde vilipendian y elogian a Víctor Mesa al mismo tiempo, es tanta la sed de buena pelota, de triunfo, de espectáculo, que la gente volvió al estadio. Dos Leones de mascota, a falta de uno.

Y de Matanzas vino gente igual que el miércoles. Una caravana inmensa para aupar a sus Cocodrilos. Sigue la porfía, sigue el morbo. Es la pelota cubana. No la que quisiéramos, pero es la nuestra.

Mientras escribo, el duelo de jueves no ha llegado siquiera al quinto inning. ¿Dormirá esta noche Víctor Mesa?

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