En Gran Bretaña no hay dinero para hospitales, pero sí para misiles

Desoyendo la opinión de sectores pacifistas y de varios de sus propios seguidores políticos, el gobierno británico dio luz verde a la renovación de sus armas nucleares

Autor:

Luis Luque Álvarez

Tony ama las armas de destrucción masiva, dice la banderola que cuatro pacifistas colocaron en una grúa junto al Parlamento de Londres. Foto: AP IRONÍAS de la democracia: un primer ministro gana una votación parlamentaria gracias al apoyo... ¡de la oposición!

Le pasó este miércoles a Tony Blair, cuando sometió a la consideración de los legisladores británicos su plan para renovar el sistema de misiles nucleares Trident. Se llevó el gato al agua, sí, por 409 votos a favor y 161 en contra. Pero dentro de estos últimos, 96 pertenecen al Partido Laborista, el mismo del premier.

Y ahí está el detalle cantinflesco: como la mayoría laborista es de solo 67 escaños, los 96 rebeldes hubieran bastado para barrer la propuesta de Blair. Sin embargo, el Partido Conservador fue «al rescate» y le dio sus votos al adversario político. «Renovar la disuasión nuclear está claramente en el interés nacional. La decisión tenía que tomarse ahora», aseguró el líder conservador David Cameron.

¡Vaya problema el del electorado británico! Quienes se venden como opciones diferentes, son idénticos en un tema como el del armamentismo. También cuando en 2003 se habló de embarcarse en la aventura iraquí, ambos se cogieron de la mano. ¿Quién es la paz y quién la guerra? ¿Quién el buen juicio y quién el desatino? Oh, my God!

Para Blair, es «esencial» acometer la renovación: reemplazar tres de los cuatro submarinos nucleares con que cuenta el país y reducir de 200 a 160 el número de ojivas que portan sus misiles Trident. Valiente recorte, cuando solo una de ellas sería capaz de borrar del mapa una ciudad entera. O sea, que en hipotético caso, ahora el Reino Unido podrá destruir «solamente» 160 ciudades. Si es un gesto de buena voluntad...

Reviso un sitio web del gobierno británico. Un texto recuerda que, al amparo del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, es «legal que el Reino Unido posea armamento nuclear. La primera responsabilidad de un gobierno es la de garantizar la defensa de sus ciudadanos».

Regresa a la mente entonces cierta obra de un caricaturista cubano: el Tío Sam vigila el cielo y se cubre con un «escudo antimisiles», mientras una flecha, certera, se le clava en el trasero. Conclusión: ¿Sirve de algo el derroche tecnológico en armas de gran alcance, para detener a un individuo que se proponga gestar un acto terrorista?

Y añado: ¿Encontró Londres a quién arrojarle algún misil tras los sangrientos atentados del 7 de julio de 2005?

No, por supuesto. Esas armas fueron inútiles. Luego quizá lo que haya que renovar, antes que submarinos y cohetes, sean las actitudes políticas hacia el resto del mundo.

Sigo leyendo. Más de 400 personas se manifiestan frente al Parlamento contra la absurda decisión de su gobierno. En Escocia, donde está enclavada la base de submarinos de Faslane, algunos activistas escalan a la azotea del Parlamento en Edimburgo y despliegan una inmensa tela: «No al Trident». Son arrestados de inmediato.

Abro el correo y contacto a Rosie Kane, diputada del Partido Socialista Escocés. Quiero una opinión fresca.

«Sí, algunos manifestantes llegaron a la azotea del Parlamento hoy. Los apoyo totalmente. Juntos con mis camaradas, he estado protestando durante años ante la base (de Faslane) y hemos sido arrestados muchas veces. Yo fui sentenciada a 14 días en prisión en noviembre del pasado año por acciones contra esa base británico-norteamericana».

«El gobierno de Westminster —añadió— vota hoy por la renovación de esas armas de exterminio masivo en Escocia. Crearán máquinas monstruosas para hacer estallar el mundo miles de veces, y eso implicará 76 000 millones de libras esterlinas de los contribuyentes británicos. No tenemos dinero para escuelas, hospitales, casas confortables, etcétera, pero sí parece que contamos con un cheque en blanco cuando se trata de armas de destrucción masiva».

Ironías para Blair, pero también para la sociedad británica. Más dinero al basurero, ¿y la seguridad mundial? «Bien, gracias».

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