Consejo de Seguridad condena atentado contra cascos azules españoles

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió al gobierno libanés que busque a los responsables y los lleve ante la justicia

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Juventud Rebelde

Naciones Unidas, junio 25.— El Consejo de Seguridad de la ONU condenó el lunes «en los términos más fuertes» el atentado del domingo contra el contingente español de las Fuerzas de Interposición de la ONU en el Líbano (FINUL), reportó ANSA.

En otro comunicado, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, criticó de modo enérgico el ataque contra los cascos azules y pidió al gobierno libanés que busque a los responsables y los lleve ante la justicia.

Los cascos azules españoles —tres de ellos de origen colombiano— fueron atacados con un coche bomba mientras patrullaban un área ubicada a diez kilómetros de la frontera líbano-israelí.

El ataque es el primero que sufrieron las fuerzas de la ONU después de que se incrementara su presencia en el Líbano, tras los 34 días de agresión del ejército israelí y la respuesta armada de la milicia chiita Hizbolá, en julio de 2006. España contribuyó con 1 100 soldados a ese cuerpo internacional.

El belga Johan Verbeke, quien preside el Consejo de Seguridad, leyó un texto en que se «reafirma» el «pleno respaldo al gobierno libanés y a su ejército en sus esfuerzos por garantizar la seguridad» en su territorio.

En tanto, Michele Montaz, portavoz del secretario general de la ONU, indicó que «atacar la UNIFIL es de hecho un intento de minar la paz y la seguridad en la región, y en particular los esfuerzos libaneses e internacionales para estabilizar la situación en el sur» del país.

Por otra parte, una nota de AFP señala que los tres soldados de origen colombiano muertos en el Líbano eran emigrantes que, forzados por la pobreza y la falta de opciones en su país, buscaron en España un mejor futuro, según dijeron sus familiares el lunes.

Jeferson Vargas, de 21 años, y Jeyson Castaño y Yhon Edisson Posada, ambos de 20, tenían en común el deseo de conseguir empleo estable y un mejor porvenir para sus familias, por lo que emigraron y se enrolaron en el ejército del país ibérico para acelerar el trámite de nacionalización.

Castaño y Posada eran oriundos de la zona cafetalera del centro-oeste de Colombia, de donde más de cien mil personas han emigrado legal o ilegalmente en la última década, especialmente hacia España.

Vargas, por su parte, vivía en el departamento de Huila (sur), también de tradición agrícola, y decidió emigrar después de quedar huérfano y a cargo de su familia. El dinero que enviaba mensualmente servía para ayudar a su madre y una hermana que se quedaron en Colombia.

«Llamaba casi todos los días y tenía planeado venir cuando saliera del Líbano, después del 20 de julio; él estaba contento con su trabajo, pero yo estaba inquieta por las noticias que llegaban de allá», relató compungida la madre de Vargas, Sofía Moya.

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