Se busca derretir la nieve tratando de acercar posiciones

Visiones de una segunda ronda de diálogo entre dos naciones que se inicia este viernes en la capital estadounidense

Autor:

Juana Carrasco Martín

WASHINGTON.— Nieva en la capital de Estados Unidos, las temperaturas están por debajo de los cero grados, pero podemos decir que se descongelan si hablamos de las relaciones que Cuba y esta poderosa nación quieren restablecer. Un camino que puede ser largo, pero en el cual se dan los primeros pasos. La segunda ronda de conversaciones tiene lugar este viernes en el Departamento de Estado.

La primera impresión del grupo de periodistas cubanos que damos cobertura al encuentro es la de la calidez humana con el saludo y la pregunta deseo del funcionario de Aduana que nos abrió la entrada a Washington en el Aeropuerto Internacional Dulles: «¿Cuándo se abren las embajadas? Tengo la esperanza de que pronto tengamos embajadas». Él también quisiera visitar La Habana y confía en que fructifique la decisión tomada por su presidente, Barack Obama, y el Presidente Raúl Castro.

Fevrer, leo en la identificación oficial en el pecho de este afroamericano barbudo y sonriente que celebra las decisiones del 17 de diciembre.

Con palabras y visión de analista político de envergadura, también nos lo comunica el historiador Peter Kornbluh —autor del prolijo estudio sobre las relaciones entre ambos países Back Channel to Cuba—, a quien entrevistamos en un escenario nada convencional, que es el mismo centro de Washington y hasta pudiéramos decir de Estados Unidos, la Union Station, la estación central de trenes desde la cual partiría —luego de la inquisitoria periodística— hacia Nueva York.

«Este año es decisivo. Hay muchas personas que pujan por un cambio en Estados Unidos», nos dice en referencia a las conversaciones de este viernes con vistas al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y estima que el presidente Barack Obama «empezó con un paso fuerte, pero faltan muchos otros». Kornbluh considera que «la coexistencia es un modus vivendi», y que «puede ser posible entre estos dos países». Lo ve con optimismo y de seguro es algo por lo cual se felicita porque es uno de los intelectuales norteamericanos que ha bregado por ello, aunque falta mucho para un levantamiento del bloqueo, que él también llama «embargo».

Sin embargo, señala otros puntos que considera próximos en el tiempo para lograr el acercamiento. «Una legislación sobre quitar las restricciones de viajes puede pasar, porque tiene que ver con los derechos de los estadounidenses. El embargo va a ser más difícil, pero puede ser. Ustedes han visto cómo el lobby de agricultura está trabajando fuertemente. Miles de personas quieren viajar y compañías quieren tener contactos y negocios allí».

No quedó fuera del anecdotario este intercambio en pleno lobby de la Union Station, porque al rato un policía de servicio en la instalación pública nos solicita —amablemente pero con firmeza— que no podemos hacer este trabajo allí. Continuamos la conversación con Kornbluh a la entrada del sólido edificio, frente a una pesada campana que habla de libertad e independencia y desde donde a la distancia se ve la cúpula en reparación del Capitolio, cuando otros dos guardias nos hacen igual precisión: tampoco podemos estar allí, parece que obstruccionamos el paso en una amplísima galería externa de unos cinco metros de ancho, por la cual circulaban no muchas personas en la gélida mañana del jueves 26 de febrero. Cuestión de percepción espacial, así que terminamos la entrevista, los saludos y buenos augurios en la mismísima acera, cuando caen pequeños copos de nieve…

El temor al terrorismo, impulsado un 11 de septiembre por George W. Bush, el hijo, tras la trágica caída de las Torres de Nueva York, subyace en estos funcionarios de la protección.

Paradójicamente Cuba está en la lista de países auspiciadores del terrorismo con la que desde Washington se clasifica al mundo, y este es un punto sustancial en las conversaciones que Kornbluh subraya por su importancia, transmitiendo optimismo.

«El presidente Obama sacará a Cuba de la lista antes de la Cumbre de las Américas o cerca. Hay tres razones. Primero, no hay lógica de establecer relaciones con un país que decimos es un patrocinador», dice y su juicio es tajante: Eso es una mentira y un insulto a Cuba y Obama sabe eso. Todo el equipo de él sabe esto. Están en el proceso de sacarla. Yo sé que para Cuba es un asunto muy importante para avanzar en el restablecimiento de relaciones diplomáticas normales.

Para el estudioso de las relaciones del imperio con América Latina, esa posición política estadounidense «es un insulto respecto a Cuba como país, un país —añade— que trabaja para traer paz en el conflicto de Colombia y puede tener un rol importante si hay violencia en el futuro en Venezuela» (...) «Cuba no tiene ningún rol en el terrorismo internacional, pero si otro país hiciera una lista de los patrocinadores del terrorismo, Estados Unidos estará alto en la lista por Posada Carriles y Orlando Bosch, que estaban viviendo libremente en la Florida».

Por la avenida Florida

No hay pausa alguna en la jornada; y justo por la avenida Florida —admirando sus hermosas casas de comienzos del siglo pasado, que hoy ocupa en buena parte la población afrodescendiente— llegamos a una histórica calle washingtoniana, la 16 NorthWest, donde entre no pocas embajadas, se levanta un elegante edificio de tres plantas que está a poco más de un año de celebrar el centenario de su construcción y que todos esperan se convierta mucho antes en la Embajada de la República de Cuba en Estados Unidos. Lo fue desde 1916 hasta la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961, siendo presidente el general Dwight Eisenhower, una herencia que le dejara, junto con la ya organizada invasión a Girón, a John F. Kennedy.

Esa es una historia que ahora se quiere revertir, Obama lo intenta y ha reconocido que 54 años de bloqueo no fueron efectivos para su política.

Esta edificación sigue siendo sede de la Isla, la actual Oficina de Intereses de Cuba en Washington, que encabeza José Ramón Cabañas, nuestro representante, quien nos espera en lo alto de la magnífica escalera de mármol que conduce al primer piso donde Josefina Vidal, directora general de la Dirección de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y jefa de la delegación de la Isla a estas conversaciones históricas, nos brinda un anticipo de lo que ocurrirá este viernes.

Se detallan los puntos para la agenda de hoy en el Departamento de Estado, valora la situación y define las líneas políticas cubanas.

Venimos con un espíritu constructivo, tratando de acercar las posiciones de ambas partes, reitera la diplomática cubana, que también está a la espera de que se resuelvan temas que permitan abrir las respectivas embajadas.

En esa agenda temática subraya la importancia de sacar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, una política estadounidense que poco antes el historiador Kornbluh nos la había definido como «una mentira» de las administraciones de su país hacia la Isla.

La Directora General de Estados Unidos en la Cancillería cubana aludió también a la propuesta que su delegación trae a estas conversaciones, referida a los derechos humanos, y que estará este viernes sobre la mesa.

Recordó que en julio del pasado año Cuba propuso desarrollar un diálogo abierto y recíproco sobre el tema de los derechos humanos, y lo reiteró en la primera ronda de negociaciones el pasado 21 y 22 de enero. «En esa área tenemos cosas que mostrar», aseveró Josefina Vidal.

Es breve este encuentro de adelanto con la prensa cubana, en el que promete una entrevista luego de las conversaciones, aunque deja saber que durante su estancia en Washington se reunirá con un grupo de personas que históricamente han tenido un interés en lograr una mejoría de las relaciones bilaterales y un acercamiento entre nuestros dos países y pueblos.

En ese contexto, cita un intercambio con representantes del sector empresarial estadounidense especialmente interesados en las perspectivas que les augura un levantamiento del injusto bloqueo, y también con algunos de los congresistas que han liderado los esfuerzos para mejorar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Cuando lean estas líneas probablemente esté nevando en Washington. Mientras, en un salón del Departamento de Estado, dos mujeres de larga experiencia en la diplomacia, Josefina Vidal y Roberta Jacobson, la secretaria asistente de Estado para los Asuntos del Hemisferio Occidental de EE.UU., sostendrán las posiciones de sus respectivos países en el proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas, y lo harán con un espíritu abierto a lograr, en algún momento, resultados positivos que acerquen a dos pueblos que, como nos dijo el aduanero Fevrer, «debemos ser vecinos y no adversarios».

Ya les iré contando…

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