La lucidez tiene forma de multitudes

La pregunta de fondo es qué ha hecho Venezuela para merecer la guerra a muerte de la cual es diana

Autor:

Alina Perera Robbio

ESTADO MIRANDA, Caracas.—Al llegar a media mañana a la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) Doctor Salvador Allende, de Venezuela, todavía la neblina no se ha disipado del todo. Pareciera que las nubes se quedaron dormidas entre los montes del sector Mariche, allí donde reina la humildad y está enclavada la institución docente nacida en 2008.

La escuela es hermosa, conformada por naves de bajo puntal, en cuyas paredes predomina la coloración naranja. Una tarja, fechada con el 11 de septiembre de 2008, nos recibe en la entrada: «El Comandante Presidente Hugo Chávez Frías dedica esta escuela —dicen las letras metálicas— a la memoria del inmortal latinoamericano Dr. Salvador Allende Gossen, en el marco del centenario de su natalicio, por su obra imperecedera, manantial del cual brotan con frescura los valores socialistas; por su preocupación ante el destino de los pueblos y el bienestar de los trabajadores y haber consagrado su vida a la salud de los niños, mujeres y ancianos y Latinoamérica y el Caribe».

Hemos venido a la Fiesta de las tradiciones, actividad organizada por estudiantes de Medicina, de conjunto con colaboradores cubanos, con motivo del noveno aniversario de la Misión Cultura Corazón Adentro, a celebrarse el próximo 26 de abril.

La escuela, por dentro, es como la torre de Babel pero al revés: los alumnos, nacidos en diversas latitudes, se entienden perfectamente entre sí. Y a todos los une la gratitud por el regalo que Fidel y Chávez han hecho con la creación de la ELAM de aquí, que es hija de la cubana. Ellos hablan de ser médicos humanistas, de convertirse no solo en buenos profesionales sino también en mejores personas. ¿Cuántos hubieran podido llegar hasta ese punto de sus vidas de no ser por el hermoso proyecto? Uno que se forme, que regrese a sus raíces para ayudar a los suyos, podrá ser multitud.

Mientras en el teatro de la ELAM nos hemos convertido en espectadores de las danzas y los cantos de los futuros médicos, inevitablemente vienen a la memoria los artífices de una escuela tan importante para la humanidad, una se pregunta qué ha hecho Venezuela para merecer la guerra a muerte de la cual es diana.

Ya sabemos que una gran conspiración imperial contra el país sudamericano está en marcha. Lo ha reiterado, en una pelea incesante y ejemplar, el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la hermana nación. Un comunicado salido a la luz el pasado 27 de marzo, advertía: «Hay en curso un acoso contra la República Bolivariana de Venezuela dirigido por los Estados Unidos de Norteamérica a través del ocupante de la Secretaría General de la OEA, Sr. Luis Almagro, y un grupo de países que ha conformado una facción minoritaria, y ha fomentado un ambiente internacional pernicioso sobre el transcurrir de la vida democrática en Venezuela, pretendiendo socavar su soberanía e independencia.

«Venezuela alerta sobre las graves consecuencias y peligros que se ciernen sobre la vigorosa democracia venezolana y su exitoso modelo de derechos humanos, dirigidos desde la OEA contra el sistema constitucional de nuestra Patria. Desestabilizar Venezuela tendrá efectos más allá de nuestras fronteras, y pesará fuertemente sobre la vida regional y el devenir histórico de la Patria Grande».

El comunicado deja claro que Venezuela no se quedará cruzada de brazos y procederá «con severidad y firmeza a través de los medios diplomáticos, de los instrumentos del Derecho Internacional y conforme al orden constitucional venezolano». Una idea de Simón Bolívar cierra el comunicado a modo de lección urgente: «Seguramente la unión es lo que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración».

Un golpe al corazón del hermano país sería un golpe contra el equilibrio del mundo. Es esa una verdad de Bolívar que los revolucionarios del mundo compartimos. Muchas personas de buena voluntad están preocupadas. Y a mí me sucede que mientras voy de un lado al otro buscando los impactos de las misiones sociales, cansando los ojos en largas jornadas por carretera, mientras otros colegas se pierden en el tiempo por andar sumergidos en la selva amazónica —allí donde un misionero nuestro logra el éxito del nacimiento de un ser humano en lo oscuro—, casi no hay margen para prestar oídos a historias falsas, inventadas y recicladas por los enemigos de esta Revolución.

La «verdad verdadera» —utilizando palabras de una gran amiga de los archivos de mi periódico— es que desunida, haciendo trampas, irrespetando la ley, la oposición no ha logrado su febril anhelo de arrebatar el poder a Nicolás Maduro, quien gana una batalla tras otra, acompañado de un equipo de Gobierno que en todo este tiempo viene demostrando tenacidad, capacidad de trabajo, creatividad política, conexión creciente entre sus directivas y el ánimo de las grandes mayorías.

Son muchas las iniciativas encaminadas a defender la estabilidad y la paz del país: el Gobierno amplía su capacidad de acción a través de censos abiertos como la entrega del Carné de la Patria —para conectarse mejor con las necesidades populares—; propicia financiamientos para el emprendimiento productivo; pelea contra quienes boicotean el bienestar de millones —estar al tanto de las panaderías, abrir más de ellas, castigar a quienes esconden la harina y no producen el pan, es uno de los ejemplos—. El país ha creado estructuras que le permitirán, en día no lejano, ostentar el ciento por ciento de cobertura médica en atención primaria de salud —y con eso se convertirá en el segundo, después de Cuba, en presentar ese logro a nivel mundial.

De ese modo es muy difícil que la intuición del pueblo pueda ser engañada, que un regalo como la ELAM no ofrezca sus frutos de bondad más allá de las fronteras. Es cierto que estando aquí, en un país tan rico en recursos naturales, se sienten las consecuencias de una guerra económica (y de su fiel aliada: la mediática). Se nota el desgaste en el día a día, en mil escenas. Pero una paciencia de multitudes está dando señales de lucidez, de deslinde entre quienes sueñan con los tiempos en que el país abría sus venas al mejor postor, y quienes en verdad lo aman.

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