Amenaza a Catar y los efectos indeseados

Las consecuencias del rompimiento con el Gobierno de Doha pueden también dañar intereses militares y geoestratégicos de los implicados

Autor:

Leonel Nodal

La sorpresiva ruptura total de relaciones con Catar decidida por un grupo de naciones árabes vecinas mantiene en vilo al pequeño pero riquísimo emirato del Golfo Pérsico, que ve amenazada su existencia como Estado soberano e independiente.

La crisis estalló en la madrugada del pasado lunes, cuando Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Egipto,  Yemen y Libia, acusaron al emir Tamim bin Hamad Al Thani de apoyar a organizaciones terroristas, intervenir en sus asuntos y minar la estabilidad regional.

Además de cortar los vínculos diplomáticos, Arabia Saudita, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos,  anunciaron el cierre de fronteras terrestres, marítimas y aéreas,  exigieron la inmediata salida de los representantes diplomáticos de Catar y dieron dos semanas al resto de los poseedores de esa nacionalidad para que regresaran a su país.

La inusitada explosión de semejante crisis, ocurrió apenas dos semanas después de la visita a Israel y Arabia Saudita del presidente Donald Trump.

La elección de Oriente Medio para su primer viaje presidencial al exterior reveló la importancia estratégica que tiene para Estados Unidos y el grupo de poder que él representa desde la Casa Blanca.

El propio Trump no demoró en aclarar su implicación en la crisis que puso frente a Catar a tres de sus socios del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos) ya que los otros dos, Kuwait y Omán, se mantuvieron al margen y ahora  intentan mediar un arreglo del conflicto.

En uno de sus irreverentes mensajes difundidos en su cuenta de Twitter, Trump afirmó: «Durante mi reciente viaje a Oriente Medio declaré que no se puede seguir financiando el ideario radical. Los líderes apuntaron hacia Catar. ¡Vean!».

«Muy bueno ver que la visita a Arabia Saudita con el rey y otros 50 países está dando ya sus frutos. Dijeron que adoptarían una línea dura contra la financiación del extremismo y todo apuntaba hacia Catar. ¡Ojalá sea este el principio del fin del horror del terrorismo!», añadió en dos tuits posteriores.

Sin el menor recato, reconoció su injerencia directa, al alinearse con la monarquía sunita de Arabia Saudita, frente a Irán, al que enfiló todos los cañones.

Riad, a su vez, reciprocó el respaldo de Trump con una orden de compra de armamento norteamericano por 110 000 millones de dólares.

La luz verde del jefe de la Casa Blanca explica en buena medida el desafío lanzado por la monarquía saudita y sus aliados a su incómodo vecino catarí, con el que vienen teniendo desencuentros desde hace más de dos décadas.

El combustible de la crisis

El pequeño emirato gobernado por la familia Al Thani ha mantenido una postura mucho más abierta al diálogo con Irán, con el que comparte un gigantesco yacimiento de gas, que lo convierte en el mayor exportador mundial.

A juicio de especialistas citados por la agencia Bloomberg, el nuevo intento de aislamiento de Catar «se está gestando desde 1995» y tiene más que ver con el gas natural que con el terrorismo o las preferencias religiosas.

Según recordó esa fuente, en 1995 el progenitor del actual emir catarí jeque Tamim bin Hamad Al Thani, derrocó a su propio padre prosaudita, precisamente cuando el mini Estado del Golfo se preparaba para comenzar sus exportaciones de gas natural licuado.

Esa fue la fuente de riqueza que trajo la verdadera independencia económica y su inmensa capacidad de influencia a la familia Al Thani.

El gas, mucho más que el petróleo, del que produce poco más de 800 000 barriles diarios, fue lo que transformó a Catar en una de las naciones más ricas del mundo, con un ingreso per cápita anual superior a los 145 000 dólares.

Catar solía ser «una especie de Estado vasallo saudita», pero utilizó la autonomía proporcionada por su riqueza en gas para obtener «un papel independiente», explica Jim Krane, investigador de energía del Instituto Baker, de la Universidad de Rice, en Houston, Texas.

De esa manera construyó sus propios lazos con otras potencias, entre ellas Irán y, más recientemente con Rusia. Al respecto Bloomberg recordó que el fondo soberano de Catar decidió el año pasado invertir 2 700 millones de dólares en la empresa estatal rusa Rosneft.

Doha se centró en los mercados de Asia y Europa. Evitó construir tuberías que cruzaran territorio de sus vecinos del Golfo, a excepción del proyecto Dolphin, que conecta  con los Emiratos Árabes Unidos y Omán.

Sin embargo, el pequeño emirato tiene una única frontera terrestre por el sur con Arabia Saudita, su talón de Aquiles en la presente crisis, ya que por ella ingresa el grueso de sus alimentos.

Otros factores que incomodan

Durante esta semana salieron a flote otras caras de la rivalidad de Arabia Saudita con su pequeño vecino rico e influyente, las que van desde el respaldo de Catar a la Hermandad Musulmana (considerada terrorista por Washington y Riad) o su apoyo al movimiento  de Resistencia Islámica palestina Hamas, la fuerza gobernante en Gaza (a la que repudian tanto el reino saudita como Estados Unidos e Israel).

La arremetida contra la familia gobernante catarí también se funda en su presunta convivencia amistosa con Irán, al que Trump calificó en Arabia Saudita como principal fuerza desestabilizadora en la región.

Otro factor que incomoda a las monarquías del Golfo es el papel de la emisora catarí Al Jazeera, por su papel en la cobertura de las revueltas árabes que estallaron en 2011 y su influencia en la opinión pública regional.

La acusación de Riad y sus aliados para decretar el boicot, que amenaza con hacer rodar la cabeza del jefe Al Thani o incluso desencadenar una invasión militar al pequeño emirato, se fundamentó en supuestas declaraciones en las que criticó a Trump y defendió el papel de Irán.

La agencia oficial catarí desmintió de inmediato las palabras atribuidas a su gobernante y denunció la acción de piratas informáticos, que invadieron su sistema y difundieron provocativas afirmaciones.

A fin de determinar responsabilidades en el ciberataque, el Ministerio del Interior pidió el concurso de un equipo de especialistas locales asesorados por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos y la Comisión Nacional Británica para Combatir el Delito (NCA), la cual confirmó que los piratas prepararon su acción desde abril.

Los investigadores ratificaron que «el proceso de piratería había usado altas tecnologías y métodos innovadores para explotar una brecha electrónica en el sitio web de la agencia nacional QNA».

El conflicto generado por la falsa noticia podría haber sido apagado inmediatamente, pero a juicio del analista Gevorg Mirzayán, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Finanzas de Rusia, Arabia Saudita decidió castigar a su vecino por otras razones.

En opinión del experto, citado por la revista Sputnik, Catar tiene las relaciones más estrechas con Irán y siempre ha abogado por la reducción de la tensión entre la región y la República Islámica.

Mientras tanto, Arabia Saudita está perdiendo con Irán en todos los frentes y no aceptará ninguna benevolencia hacia el país persa en las filas de sus partidarios.

Ante el recrudecimiento de las amenazas de boicot y sanciones económicas si su país no cambia de rumbo, el canciller catarí, jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, rechazó las condiciones que intenta imponer Arabia Saudita.

«No estamos dispuestos a rendir la independencia de nuestra política exterior», declaró al tiempo que aseguraba: «La solución a este problema no puede ser nunca militar».

Según informó Al Jazeera, esta semana Arabia Saudita entregó a un grupo de mediadores de Kuwait una serie de demandas para el Gobierno de Doha. Entre ellas se destacan la ruptura de relaciones con Irán, así como la expulsión de líderes de la Hermandad Musulmana y Hamas, organizaciones que tienen sedes en Doha.

El Ministro de Exteriores catarí sostuvo: «Somos una plataforma para la paz, no para el terrorismo. Esta disputa está amenazando la estabilidad de toda la región».

Olvidos esenciales

Al parecer,  Trump olvidó que la crisis desencadenada contra Catar puede tener efectos indeseables para Estados Unidos, que tiene allí la base militar de Al Udeid, que alberga a 10 000 efectivos estadounidenses y es sede del Centro de Operaciones Aéreas Conjuntas, considerado el más avanzado de la historia, desde donde el Pentágono dirige y controla las operaciones aéreas en Irak, Siria, Afganistán y otros 17 países.

Funcionarios estadounidenses dijeron a CNN que están observando el aumento de la actividad militar de Catar, el cual ha colocado a sus fuerzas en el nivel más alto de alerta ante el temor de que Arabia Saudita u otros países lancen una incursión militar contra su territorio.

La escalada de la confrontación representa una indeseable complicación para el Pentágono. Por ejemplo, ¿cómo podría la campaña dirigida por Estados Unidos incluir aviones de Bahréin, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, si sus Gobiernos prohíben basarse o visitar el principal centro de comando de Al Udeid?

Según Mirzayán, Catar cuenta entre sus principales armas con el mismo canal Al Jazeera, que tiene materiales comprometedores sobre todos los vecinos, que publicará de inmediato si no calman sus ambiciones.

Por otra parte, agregó, Catar puede retirarse del Consejo de Cooperación del Golfo y adquirir nuevos aliados. Por ejemplo, Irán, que condena el acoso al emirato y ofreció hacerle llegar alimentos por vía marítima.

Más allá de eso, afirma Mirzayán, Catar puede girar hacia el noroeste, donde otro importante socio externo para él es y será Turquía, que ya decidió enviar tropas a una base que posee en ese país.

Por último, dice, Doha podría cambiar de dirección aun más, girando hacia Moscú, que ya está siendo visto en Oriente Medio como un garante de la seguridad y socio político.

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