Misioneros rumbo a Sochi

De entre miles que laboran en tierra bolivariana, son cuatro los cubanos que llegarán al 19no. Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes

Autor:

Alina Perera Robbio

CARACAS, Venezuela.— Cuatro misioneros cubanos han sido seleccionados como delegados al 19no. Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Cada cual tiene su historia; pero algo los emparenta: se sienten privilegiados por tan alto reconocimiento que no esperaban, y están hondamente marcados por la experiencia de ser internacionalistas.

Mabert Placer Álvarez, habanera de 31 años y licenciada en Ciencias Farmacéuticas, es una de ellos. Representa en Venezuela al Grupo de Industrias Biotecnológicas y Farmacéuticas —conocido como BioCubaFarma.

«Para mí es un orgullo poder representar a los jóvenes que nos encontramos aquí, poder transmitir al mundo de qué manera estamos cumpliendo con los legados de Fidel y de Chávez», dijo Mabert, quien no olvida haber sido testigo excepcional de los tres meses de violencia generados en la nación bolivariana, este año, por la derecha opositora.

De muchos temas —de cómo se hacen las revoluciones, de cómo operan los enemigos del torrente de los pueblos, de qué es la Guerra No Convencional (GNC)— habrá que conversar en el Festival de Sochi. «Imagino que será algo inolvidable», expresó esta joven con cara de niña, quien a pesar de tener una gran responsabilidad —tareas muy sensibles, casi siempre alusivas a la disponibilidad de medicamentos— suele ostentar serenidad y sonrisa admirables.

Portavoz de lo más puro


«Mi primer año vivido en la misión fue en un municipio selvático en Río Negro, el cual colinda con Brasil y Colombia», contó Alejandro Rafael Infante Beatón, de 28 años y médico diplomado en Terapia Intensiva. Este joven que pertenece a la provincia de Santiago de Cuba, al corazón de su ciudad, ha permanecido los tres años de su labor internacionalista en el estado de Amazonas.

Ese paisaje recóndito siempre acude a sus evocaciones si le piden que hable de lo que más le ha marcado: «La población que atendí en Río Negro es de unos 2 000 habitantes y está constituida por muchas etnias indígenas que están asentadas a lo largo del río, el cual da nombre al municipio. Ha sido una enorme experiencia constatar cómo se vive en cada comunidad, cuáles son las costumbres, tradiciones, la idiosincrasia de cada etnia».

—¿Qué significa para ti ser delegado al Festival?, preguntamos al médico.

—Significa orgullo y un privilegio, gran satisfacción que me hayan elegido en la República Bolivariana de Venezuela para representar a nuestra patria en el evento que unirá a todas las juventudes del mundo.

Alejandro espera poder expresar en Sochi los puntos de vista de las nuevas generaciones de la Isla en el mundo actual, y también las experiencias acumuladas en su labor de defensa por la vida. Quiere ser portavoz, dijo, «de lo más puro de la juventud cubana».

Idea de la permanencia


Yolani Villamil Mederos, de 29 años, es profesora integral de Barrio Adentro Deportivo. Perteneciente a Calimete, en la provincia de Matanzas, ha desempeñado su labor internacionalista, desde hace 22 meses, en el estado de Sucre.

Licenciada en Cultura Física, ella tiene entre sus deseos contar, una vez que esté en el Festival, sobre «la hermosa labor que estamos realizando los colaboradores a pesar del momento histórico tan difícil que está atravesando Venezuela».

No pasó por alto el compromiso de permanecer y de continuar la misión en cualquier circunstancia, «cumpliendo con el legado de nuestro Comandante invencible, Fidel Castro Ruz, y con todo lo expresado por nuestro Presidente Raúl Castro en cada uno de sus discursos».

Entre sus orgullos como internacionalista atesora «vivencias positivas junto a la población venezolana, como haber podido incorporar a muchos a la práctica de la actividad física para mejorar la calidad de vida».

—¿Qué otras ideas te gustaría compartir con jóvenes de otras latitudes?, indagamos con la delegada.

—La idea de que los jóvenes cubanos somos los encargados de preservar las conquistas de nuestra Revolución, y que estamos dispuestos y más firmes que nunca a permanecer cumpliendo con esta hermosa tarea.

Rodeada de emociones


Desde hace 35 meses Beatriz Daylín Calás Sans, médico de 26 años, diplomada en Oftalmología, labora en tierra bolivariana, en el estado de Táchira. Nacida en Bayamo, en la provincia de Granma, siente el «orgullo inmenso» de poder representar a los miles de jóvenes que hoy brindan sus servicios aquí.

Si el tema es su profesión, resulta inevitable que hable sobre la Misión Milagro, «una —aseveró— de las más humanitarias que conozco, porque devolverles la visión a tantas personas que no poseen los recursos para poderse operar, vivir que un paciente después de operado nos diga “doctora, ya veo”, es algo inmenso, extraordinario».

Los pacientes, narró Daylín, dan las gracias a la misión cubana, a Fidel, y se emocionan tanto que a veces lloran junto con sus familiares, y a veces lloramos nosotros también por lo que entraña devolver la luz a quienes vivían en las tinieblas porque no podían ver.

La oftalmóloga llevará al 19no. Festival su testimonio sobre la labor que desempeñan los misioneros en lugares difíciles, donde nunca antes se había visto un médico. No tiene dudas sobre lo bueno que será el intercambio de culturas en un mundo diverso, urgido de una sola premisa para sobrevivir: el amor entre los seres humanos.

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