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Trump sentencia a muerte al Estado Palestino Independiente

La reciente cadena de decisiones de Trump contra el pueblo palestino revela un compromiso total con las demandas del influyente lobby sionista de Washington, que está cobrando ahora el apoyo que dio a su candidatura

Autor:

Leonel Nodal

En un acto equivalente a la entrega anticipada de un regalo de cumpleaños al hijo favorito, el presidente Donald Trump decidió dar por muerto y sepultado al Estado Palestino Independiente, a pocos meses de la celebración por Israel de su  aniversario 70.

Ningún otro obsequio podría ser más apreciado por el Gobierno sionista de Benjamin Netanyahu. Pero no fue solo eso, ya en vísperas de la Navidad de 2017, Trump premió a su consentido con la directiva presidencial ordenando el traslado de la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén.

La decisión, equivalente al reconocimiento de la disputada Ciudad Santa de cristianos, judíos y musulmanes como capital del Estado de Israel, algo que no se atrevió a hacer ninguno de sus predecesores en la Casa Blanca —a pesar de un voto favorable del Congreso desde 1995— viola de manera flagrante varias resoluciones internacionales aprobadas en la ONU.

Ahí no termina la lista: el mandatario norteamericano ordenó, además, el cierre de la Oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Washington, admitida desde 1974 por la ONU como único representante legítimo del pueblo palestino e interlocutor válido en cualquier negociación que afecte sus derechos.

Por último, Trump ordenó un brusco recorte de 65 millones de dólares a la contribución de Estados Unidos comprometida con la UNRWA, una organización de Naciones Unidas que facilita comida, educación y atención médica a unos cuantos cientos de miles de los más de cinco millones de refugiados palestinos.

Se trata de otro golpe bajo, que amenaza el futuro de cientos de miles de niños palestinos que asisten a la escuela gracias a UNRWA o el golpe mortal a quienes solo así comen o toman un remedio.

La dramática reducción de esos fondos da como resultado «la situación financiera más crítica en su historia», escribió el comisario general de la agencia, Pierre Krähenbühl.

En una abierta postura chantajista, Trump amenazó a principios de este mes con retener fondos si la Autoridad Nacional Palestina (ANP) se niega a participar en un proceso de paz preparado por la administración, que acaba de salir a la luz pública.

Estados Unidos paga a «los palestinos CIENTOS DE MILLONES DE DÓLARES al año», escribió Trump en Twitter el 2 de enero, exagerando la cifra. «Pero como los palestinos ya no están dispuestos a hablar de paz, añadió, ¿por qué deberíamos hacerles estos enormes pagos futuros?».

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que la UNRWA promovió «la narrativa del derecho de retorno para eliminar el Estado de Israel» y reclamó su eliminación.

«La agencia crea una situación en la que hay bisnietos de refugiados, que no son refugiados pero que son atendidos por sus programas, añadió, y otros 70 años pasarán y esos bisnietos tendrán bisnietos y, por lo tanto, este absurdo necesita un final».

La reciente cadena de decisiones de Trump contra el pueblo palestino revela un compromiso total con las demandas del influyente lobby sionista de Washington, que está cobrando ahora el apoyo que dio a su candidatura.

La respuesta de la dirigencia palestina no se hizo esperar. Y esta vez fue una expresión de hartazgo con casi 30 años de rodeos, engañosas conversaciones, idas y vueltas de emisarios de paz, que solo contribuyeron a diluir cada vez más la obligatoriedad, asumida en la ONU desde 1948, de crear un Estado palestino.

Después del discurso del mandatario norteamericano el 6 de diciembre, en el que reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, el presidente de la ANP, Mahmud Abbas, declaró que EE. UU. ya no podía servir como agente de paz.

Trump argumentó que su decisión simplemente reconocía la realidad de que Jerusalén es la capital de Israel y no estaba destinada a prejuzgar las fronteras finales de la ciudad, aunque luego dijo que había quitado la ciudad «de la mesa». Es decir, su promesa de resolver durante su mandato el conflicto del siglo dejó ver su verdadero rostro.

Sin embargo, Abbas rompió lanzas contra Washington el domingo último, durante la apertura en Ramallah, sede de la ANP, de una reunión del Consejo Central de la OLP, en la puso sobre el tapete todas y cada una de las trampas, mentiras, artimañas de Trump y su contubernio con Netanyahu.

Según un informe de la televisión israelí (Hadashot News) —que Washington trató de desmentir sin éxito— reveló que Abbas decidió  denunciar a Israel y Estados Unidos después de que funcionarios saudíes le informaron —durante una visita a Riad— los parámetros del «plan de paz» de Trump, abrumadoramente favorables para el Estado sionista.

El líder palestino dijo que la ANP nunca aceptará la decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel.

«Políticamente, Jerusalén es nuestra capital; en nuestra religión, es nuestra capital; geográficamente, es nuestra capital», dijo. Y a seguidas agregó irónicamente: «Pero fue eliminada del mapa con un tuit del Sr. Trump».

«Ahora decimos “No” a Trump, no aceptaremos su plan; decimos que el “acuerdo del siglo” es la bofetada del siglo», señaló Abbas, refiriéndose a la promesa del Presidente de Estados Unidos de lograr el «acuerdo definitivo» de paz en el Medio Oriente.

«Hoy es el día en que terminan los Acuerdos de Oslo, dijo el Presidente de la ANP, en una intervención definitoria. Israel los mató. Somos una autoridad sin ninguna autoridad, y una ocupación sin ningún costo. Trump amenaza con cortar fondos a la Autoridad porque las negociaciones han fallado. ¿Cuándo diablos comenzaron las negociaciones?», se interrogó.

«Cualquier negociación futura, puntualizó Abbas, tendrá lugar únicamente en el contexto de la comunidad internacional, por un comité internacional creado en el marco de una conferencia internacional».

Permítanme ser claro, enfatizó, no aceptaremos el liderazgo de Estados Unidos de un proceso político que implique negociaciones.

«Aceptamos 86 decisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU para los palestinos, y ninguna de ellas se implementó. Otras 46 fueron vetadas por los estadounidenses».

Y como para que no quedaran dudas del claro camino demandado por la dirigencia palestina precisó: «Nuestra postura es un Estado palestino en las fronteras de 1967, con una capital en Jerusalén Este y la implementación de decisiones por parte de la comunidad internacional, así como una solución justa para los refugiados».

Más claro ni el agua, como suele decirse. Netanyahu tiene razón, tal vez transcurran otros 70 años y los bisnietos de los actuales refugiados palestinos seguirán reclamando su derecho al retorno, un Estado propio, independiente y soberano.

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