Diógenes

Autor:

Rosa Miriam Elizalde

El filósofo Diógenes el Cínico hizo renuncia absoluta a los bienes materiales, por eso se escandalizaría si leyera los datos que acaba de hacer público el Banco Mundial que demuestra la enorme desigualdad entre países ricos y pobres.

Diógenes de Sínope, ya saben, el filósofo griego que vivió cuatro siglos antes de nuestra Era, dormía en un tonel y buscaba hombres verdaderos a la luz de un candil. Era conocido por el nombre de Diógenes el Cínico para diferenciarlo de Diógenes Laercio, historiador compatriota que vivió siete siglos después.

Nuestro amigo, el del tonel, odiaba todo lo que pudiera significar lujo u ostentación, y siempre que podíamantenía a raya a los poderosos. La más conocida de sus anécdotas cuenta que el emperador Alejandro Magno visitó Corinto y, escoltado por su séquito, pidió que lo llevaran a ver al excéntrico filósofo, cuya casa y vestidura eran lo mismo: una vieja armazón de madera donde alguna vez se maceraron las uvas. El emperador se presentó: «Yo soy Alejandro el Grande», y el filósofo le respondió sin inmutarse: «Yo soy Diógenes el Cínico». La palabra no significaba lo que hoy, por supuesto. «Cínico» en griego es «kynikos», la cual deriva de «kynos» (perro), y en filosofía exhortaba a un pensamiento individual y a una vida sencilla, autosuficiente y alejada de los placeres materiales.

Admirado de la dignidad del sabio, el soberano le ofreció cumplir cualquiera de sus deseos. «Pues apártate de mi tonel, porque no me dejas ver la luz del sol», replicó Diógenes.

Era tan absoluta la renuncia de este filósofo a los bienes materiales que un día, viendo cómo un niño bebía agua de una fuente utilizando la cuenca de su mano, tomó una decisión que recordarán todos los que repasen alguna vez la historia de la antigua Grecia: «Este niño me hace ver que conservo todavía algo superfluo», dijo. Y rompió la escudilla de barro en la que solía beber.

El pobre Diógenes se escandalizaría hoy si viviera entre nosotros y leyera en el diario los datos que acaba de hacer públicos el Banco Mundial, según los cuales, si llamamos 100 al poder adquisitivo medio de la Unión Europea, el poder adquisitivo de los luxemburgueses es de 162; el de los norteamericanos, de 144; el de los japoneses, de 118; el de los alemanes, de 109,5; el de los italianos, de 102,4; el de los ingleses de 96,2, etc.

Pero en América Latina, detalla el estudio, «la incidencia de la pobreza pasó de 20 a 30 por ciento entre los años 1992 y 2000, y se disparó hasta alcanzar el 57 por ciento en el pico más agudo de la crisis económica de 2001-2002… La región continúa siendo una de las más desiguales del mundo».

¿Será que al sur del mundo se le ha condenado a una auténtica vida de perro (y no como al Cínico griego), o es que al Norte le sobra muchísimo más que una escudilla?

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