Flores sí, pero música...

Autor:

Margarita Barrios

¡Una orquesta en la puerta del Cementerio!... Exclamó entre sorprendido e indignado un joven que compraba un ramo de claveles en la Feria de las Flores, realizada en la capital con motivo del Día de las Madres.

No era una exageración. La Feria ocupaba la calle 12, en el tramo comprendido entre Zapata y calle 23. Una tarima de madera, a unos cien metros de la puerta principal de la Necrópolis de Colón, recibía a diversos grupos musicales que ofrecían su quehacer artístico. Entre uno y otro, la música grabada llenaba el silencio.

Y ya sabemos a qué me refiero. No se trata de un fondo musical, no. A los cubanos nos gusta «sentir» las notas hasta lo más profundo del tímpano. Tanto que puedo asegurarles que el modernísimo reguetón, la gustada salsa, el tradicional punto guajiro o la cubanísima guaracha llegaban hasta el último panteón.

A ritmo de «ojalá llueva café en el campo...» compré yo las flores que regalé a mi mamá, que por suerte, aún me acompaña. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en aquellos que tuvieron que llevarlas al Cementerio. Sin dudas, aunque haya pasado el tiempo que fuere, es un momento solemne, triste, de recogimiento y emoción.

¿Qué dejar entonces para los que por primera vez tuvieron que llevar allí el regalo a mamá? Estoy segura que hubiera sido más apropiado el silencio, que ayuda a la memoria y la reflexión.

Y como el día de «partir» no se escoge, también pasaban los entierros, apenas a 25 metros de la tarima.

De moda están en el país las Ferias. El último domingo de cada mes tenemos en la capital la «del agro». Ya son muy conocidas las del Libro, el disco y Arte en la rampa, por solo mencionar algunas de ellas, sin contar las que, por alguna fecha como el aniversario de los CDR, son habitualmente organizadas.

Yo, debo confesarlo, no soy amante de este tipo de venta. Prefiero comprar de manera más pausada y con menos personas a mi alrededor. Así puedo escoger bien el producto, y sobre todo adquirirlo en el momento en que lo necesito y no cuando está en venta. Pero no dejo de reconocer la asistencia masiva a la mayoría de ellas.

Otra arista del asunto es que muchas veces en estas Ferias la opción no es muy diferente a las que de forma habitual se encuentran en las tiendas o los agromercados del EJT.

En algunos casos, los mismos productos que están dentro de las tiendas y cafeterías aledañas son colocados en mostradores en la calle, lo cual solo propicia hacer la venta más molesta para los vendedores, que deberán enfrentar el sol, el calor y el aire. Y para el comprador, que tendrá menos visibilidad y acceso al producto.

En el caso de la Feria del pasado fin de semana, si bien la oferta de flores era amplia, y contaba con variedad y precios asequibles, el resto de los productos no eran novedosos, a no ser los estuches de bombones.

Son muchas las interrogantes que podrían hacerse sobre estas ventas multitudinarias. Sin embargo, si tomamos como referencia la aceptación, la cantidad de público que asiste, es indudable que gustan.

De hecho no abogo por eliminarlas, sino por organizarlas mejor. Y en el caso específico de la dedicada a las madres, creo que el problema principal fue el espacio escogido. Si bien las flores deberán continuar, en oferta amplia y variada bien cerca del Cementerio, para la fiesta... es necesario elegir otro lugar.

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