Rechazo creciente ¿fermenta la SOPA?

Autor:

Juana Carrasco Martín

La protesta casi generalizada en los más importantes sitios digitales de Estados Unidos y de connotación mundial, por la ley cibernética Stop Online Piracy Act (SOPA) y por PIPA (Protect IP Act), su versión en el Senado, está haciendo efecto y ambas regulaciones parecen destinadas a descomponerse y no lograr pasar la aprobación de los cuerpos capitolinos de Washington.

Unos siete mil sitios web se «apagaron» el miércoles contra lo que muchos llaman abuso de poder de Washington, porque la legislación propuesta podría censurar los servicios de Internet y su utilización por millones de internautas para favorecer a corporaciones de la industria cinematográfica como la Motion Picture Association of America (MPAA) y de la industria musical, la Recording Industry Association of America (RIAA), entre otros defensores a ultranza de la propiedad intelectual.

Unos 18 senadores, hasta el momento, se han pronunciado contra la regulación, y al menos cinco de ellos eran originalmente sus co-sponsors, por lo que el sitio web Antiwar, en un comentario sobre el tema, consideró que la PIPA o versión senatorial estaba «efectivamente muerta». Sin embargo, otros se mantienen en sus trece, como el representante republicano por Texas, Lamar Smith, que insiste en seguir adelante porque «incapacita a los fraudulentos», e igual pensamiento tiene el senador Patrick Leahy, demócrata de Vermont, otro de los líderes de la censura.

El poder de convencimiento sobre los legisladores que han dado marcha atrás proviene del «apagón» organizado por muy importantes sitios de la web como Google, Facebook, Wikipedia y Yahoo, fundamentalmente en sus versiones estadounidenses, y que fueron secundados, entre otros, por Twitpic, Wordpress, BoingBoing, Reddit o Moveon, junto al grupo Anonymous.

En ellos prevaleció el criterio de que tanto SOPA como PIPA censuran, alteran la operatividad en la web y afectan la capacidad de innovar, porque de aprobarse esas leyes por ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos, los motores de búsqueda, proveedores de dominios y empresas de publicidad de ese país estarían obligados a bloquear cualquier página que el llamado Departamento de Justicia de EE.UU. tenga bajo investigación por supuestamente haber publicado material amparado por el derecho de autor.

La oposición a los proyectos legislativos ha sido masiva y popular. Aunque de ello no se habla, tras esa protección a la «propiedad intelectual» se esconderían además otros tipos de censura que aplica Washington, y que también han implementado algunos de los propios sitios que ahora se rebelaron.

No pocos son los rejuegos, y tras la decisión de los senadores de dar marcha atrás algunos ven también una maniobra electorera, teniendo en cuenta que en noviembre de este año se juegan sus curules en las urnas.

Quizá por eso, Wikipedia, uno de los primeros en interrumpir los servicios, al volver a la «normalidad» lo hizo con el alerta de «Gracias por proteger a Wikipedia. No hemos terminado todavía», lo que implica su reconocimiento a que parecen haber ganado el primer round de una batalla en la que ninguna de las dos versiones leguleyas están muertas sino «esperando en las sombras», por lo que la enciclopedia libre considerada sexta del mundo virtual por la riqueza de sus contenidos, sigue defendiendo el conocimiento humano y argumenta que «no se trata de dinero».

Mientras, Lamar Smith dice a las claras que SOPA salvaría «miles de millones de dólares».

Ahí están los dos elementos esenciales de este combate cibernético en el que la SOPA en cuestión se está fermentando.

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