Muchacha de detalles y ejemplo - Opinión

Muchacha de detalles y ejemplo

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

No se lo propuso, pero hizo de su vida un monumento al ejemplo. Fue la niña audaz y amorosa que compartía con sus hermanos y vecinos lo mismo la experiencia de trepar un árbol que una clase de francés.

Vilma fue una joven reflexiva y serena, que a pesar de haber nacido en una familia de alta posición económica, nunca se inclinó por el lujo ni las banalidades, sí, por el sentido ético en sus acciones y la relación con sus amigos, que lo eran más por sus valores, que por su posición social.

La muchacha estudiosa, amante de las ciencias y el conocimiento de las Matemáticas, se convirtió en una de las tres mujeres que estudiaban Ingeniería Química Industrial en la Universidad de Oriente (UO).

La universitaria de estreno, capitana del equipo de voleibol, soprano solista de la coral, enamorada del ballet, derrochó iniciativas en pos de oficializar el centro de altos estudios que necesitaba el Oriente, y así entronizar un futuro de decoro para los cubanos nuevos.

La muchacha delgada y de maneras elegantes, de solo 21 años, que al escuchar con rabia la noticia que ofrecía aquel bedel de la UO, en medio de una clase de Mecánica: «¡Batista tomó el poder!», comprendió que había llegado la hora.

Vilma prefirió una educación materialista, y escogió con beneplácito las lecciones que le ofreció aquel maestro de Historia de Cuba, hijo de un ayudante de Maceo.

La joven bonita y afable era la confianza de Frank, cuyo aporte fue imprescindible en el aseguramiento logístico de la Sierra. En madrugadas de cansancio y voluntad se sobreponía a la ardua labor que implicaba lavar las armas, envolverlas en sacos, cargarlas y luego rellenar con 30 000 naranjas, de cinco en cinco, y cuidando que no se estropearan en el camión que las llevaría a la montaña.

Y luego, a la par de los hombres, rechazando con amabilidad el ofrecimiento de la dueña de la casa de que se quedara allá, cogía un saco de yute usado y se tiraba hasta el amanecer en la hierba húmeda por el rocío.

Fue la guerrillera a la altura de las montañas del Segundo Frente, que con 28 años conoció el amor en medio de las tensiones de la guerra, mientras suavizaba jornadas difíciles de plomo y monte con viejas canciones cubanas. Aquella que después del triunfo revolucionario fue semilla y fruto en defensa de la mujer y puso en su hacer hasta lo inimaginable para adelantar a las féminas y sacarlas de un ostracismo que hoy no conocen las más jóvenes.

Vilma más allá del tiempo y las nuevas tareas, nunca alejó de su corazón a su querida ciudad natal y guardó para siempre aquellos recuerdos de la casa de San Gerónimo donde nadie se atrevía a faltar al almuerzo familiar del domingo y cualquier momento era bueno para conversar de todos los temas. Así crió a sus hijos y enseñó a sus nietos.

A pesar de sus enormes responsabilidades, nunca dejó de ser tierna e intrépida y defendía cada vez que el trabajo le daba una tregua, el placer que le producían el retorno a la música tradicional, los olores de la naturaleza, o disfrutar del verde de un jardín o un huerto escolar.

Y es que a los 86 años, que cumpliría este 7 de abril, la huella de sensibilidad, sencillez y audacia de la Heroína de la Sierra y el Llano, Vilma Espín Guillois, fundadora de empresas de detalles y ejemplo, es savia y luz para los nuevos.

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