La interminable fiesta del vacío

Un libro debe descubrir en él una trama, un itinerario y en El salto mortal de la escritura Alberto Marrero hace gala de estas cualidades resumidas

Autor:

Clara Lecuona

Todo libro es siempre dos libros, el que leemos y el que revelamos por el hecho enigmático de estar contemplando la vida de otra persona. Sucede que lo que está, lo que ya no está y lo que nunca estuvo, es hermano de la ficción tanto como de la memoria. Cuando leí El salto mortal de la escritura, de Alberto Marrero, me llamó la atención hasta qué punto la perspectiva del autor coincide (por más que me resulte difícil reconciliarlo) con su título.

No encontramos aquí textos de inquietante ambigüedad, Marrero enfrenta al lector con su vida, con su cotidiano existir. Sin subterfugios ni argucias, cada poema comunica su esencia como ser humano. La búsqueda de significados tiene rutas que hay que seguir para lograr darle sentido a algo o sustentar la urdimbre social. Por ejemplo, para los griegos antiguos poiesis era la capacidad creativa de las personas. Ese es el valor agregado que las bellas artes mantienen como premisa vindicativa, el poeta latino Horacio sugiere en su Ars poética la posibilidad de que las diversas formas de creación artística puedan servir como vínculo para la vida social y política.

Ser artista es, pues, detentar una habilidad gracias al estudio, el rigor y la creatividad, luego teniendo en sí dichas cualidades, darles un sentido, validarlas, mediante sus significados dentro del contexto social.

Pues bien, quiero decir justamente que un libro debe descubrir en él una trama, un itinerario y en este El salto mortal de la escritura, Marrero hace gala de estas cualidades resumidas… entre ómnibus, frutas y poesías, entre flujos y capitulaciones o las tentativas de agotar un barrio habanero y sus visiones, mientras asomados a los huecos de la sala reencontramos agujeros… pronósticos… redes nocturnas… viajes… en los que tal vez no hay que tomarse las cosas tan a pecho… y entre otras ... incógnitas… algunas opciones para escribir un poema.

Confronto títulos como si el libro en cuestión fuera un único y gran poema. Quizá como al principio afirmé, la diferencia entre el mundo y la ficción no está tan definida como usualmente pensamos, entre ambas se encuentran los sueños, la fantasía, la sobrevida, el recuerdo, la desmemoria.

En el poema Recelos el escritor apunta al inicio:

La gente que quiero me da miedo

miedo por recelar que un día pueda marcharse

Y culmina:

La gente que quiero podría aborrecerme

en cuanto sepa que tengo miedo de no quererla un día

Léase con atención y mucha mesura este poema, que es salto sobre (salto) que dice y contradice en perfecto estado de comunión con ese lenguaje desnudo en caída hacia la festividad mortal de la escritura.

He tenido la suerte de leer otros libros del autor, destaco este en particular, galardonado con el Premio de Poesía Alejandra Pizarrnik en el año 2014, pues me consta cuántos siguen la obra de Alberto Marrero y cuán gratificante pudiera ser, digamos, una edición con mayor cantidad de ejemplares. Es deseo amable de quien escribe estas palabras.

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