Biotecnología cubana, del Interferón al Heberprot-P - En Red

Biotecnología cubana, del Interferón al Heberprot-P

Treinta años de una ciencia al servicio del pueblo de Cuba y del mundo

Autor:

René Tamayo León

El doctor Ángel Aguilera es uno de los científicos fundadores de la biotecnología en el país. En mayo último se cumplieron 30 años de que ese equipo obtuviera los primeros lotes de interferón. Fue en una discreta casa del suburbio oeste de La Habana, convertida con urgencia en laboratorio.

El nacimiento de la biotecnología cubana sería a instancias y con el entusiasmo previsor de Fidel, quien cinco años después, el 1ro. de julio de 1986, inauguraba el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

Fue un día memorable. Fidel. El sol ya puesto. A sus espaldas, parte de la nueva edificación. Frente al televisor, millones de cubanos. Era otro hito en la cristalización de sus palabras en los inicios de la Revolución, cuando señaló que Cuba sería un país de ciencias.

Sabíamos que estábamos asistiendo a la fundación de un camino de desarrollo económico y social, a otro esfuerzo en bien de la vida y la salud del pueblo cubano, y también a una nueva etapa de solidaridad internacional y humanismo.

Veinticinco años después, el Heberprot-P representa uno de los más relevantes resultados —entre los más recientes hallazgos— de la biotecnología cubana. Constituye un medicamento único de su tipo en el mundo. Lo premian y reconocen por doquier. Es una esperanza para pacientes afectados por úlcera del pie diabético. Esperanza de mejorar; de no ser amputados.

«Del Interferón al Heberprot-P»: así pudiera resumirse una historia de 30 años. El doctor Ángel Aguilera es testigo y partícipe. Días atrás, mientras inauguraba una exposición sobre el ramo en ExpoCuba, decía: «Fidel nos hizo confiar en que podíamos hacer cosas superiores a las que pensábamos que podíamos hacer».

Ciencia y economía

El sistema de biotecnología y la industria biofarmacéutica en Cuba están integrados por más de una veintena de instituciones científicas, productivas, sistemas de calidad y empresas comercializadoras que garantizan productos de primera calidad mundial e ingresos monetarios que cada año son mayores.

Estamos, sin dudas, ante un sector estratégico de la economía. Una pieza clave en el camino hacia el pleno desarrollo.

Solo en patentes en el exterior, por ejemplo, el sector cuenta con 245 concedidas y 609 solicitudes. Posee, además, 433 registros sanitarios en 62 países y 420 en trámites en igual número de Estados. Tiene también alrededor de una veintena de asociaciones económicas en una decena de países, de México a China, de Brasil a Canadá, de España a Malasia, de India a Venezuela, entre otros.

Varios de sus productos son premios mundiales de propiedad intelectual, como la vacuna antimeningocócica tipo B y el sistema de diagnóstico rápido microbiológico DIRIMAC, por solo citar dos.

¿Otro dato que ilustra su impacto directo en el país? Pues «en Cuba se administran 11 vacunas gratuitas contra 13 enfermedades, y ocho antígenos de vacuna son producidos por la biotecnología cubana», según informa uno de los pósteres colocados en el pabellón de esta rama en el recinto ferial de ExpoCuba.

En el rubro de las vacunas, supimos además que en etapa de desarrollo, proceso de ensayo clínico o registro médico sanitario se encuentran la meningococo serogrupo A+C y la meningococo A, C, Y, y W-135. Las vacunas combinadas son alrededor de cinco. Y en fase de investigación hay más de diez: del cólera, del dengue, del sida (hay tres subproyectos), contra la tuberculosis.

También se trabaja en vacunas terapéuticas contra el cáncer, la hepatitis, el mal de Chagas y más.

La exposición indica también que el sector aporta al sistema nacional de salud 165 productos, medicamentos y equipos.

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