¿El libro se reinventa?

El lanzamiento de nuevos equipos que se dice sustituirán a los textos tradicionales ha reavivado el debate sobre los «ejemplares» electrónicos La red al día

Autor:

Amaury E. del Valle
Una nueva creación de la tienda de artículos on line, Amazon, ha vuelto a echar fuego a la discusión sobre el futuro de los libros electrónicos, que muchos predicen sustituirán a los tradicionales textos de papel.

Dotado de una pantalla blanca y negra y un teclado, el nuevo artilugio puede conectarse sin cable a internet y ser cargado con libros, blogs y periódicos, siempre y cuando se pague primero por estos contenidos, de un catálogo que tiene unos 90 000 títulos.

No se trata del primer artefacto de su tipo en el mundo, pues ya otras empresas han lanzado creaciones similares. Quizá lo más novedoso en el caso de Kindle, como le ha llamado al equipo, sea su posibilidad de conectarse a la red de redes de forma inalámbrica, a la vez que gracias al teclado se pueden hacer anotaciones al margen de lo que uno lee, e incluso después extraer estas e imprimirlas para consultar de forma más tradicional.

Los bandos han vuelto a dividirse. Unos ven en Kindle un paso más hacia la muerte definitiva del libro. Otros, solo un nuevo artefacto, lindo, útil, pero no el sustituto del papel. La polémica tiene mucha tela por dónde cortar.

Tintaaaaa eléctrica

Descontando la aparición de las computadoras, y posteriormente internet, quizá el mayor desafío al papel en los últimos años haya sido la aparición a principios del milenio, de forma comercial, de su sustituto en formato electrónico.

La popularización del papel electrónico, gran ideal de la comunidad tecnológica mundial durante las últimas décadas del siglo pasado, tuvo en 2001 un gran paso de avance cuando se lanzaron de forma experimental los primeros prototipos al mercado.

Sin embargo, desde entonces los avances no han sido muy rápidos, y las dificultades tecnológicas, unido al alto coste de su fabricación, han ralentizado su introducción a gran escala, si bien comienzan a verse cada vez más al servicio de la propaganda comercial.

Hace unos seis años, dos compañías estadounidenses, Gyricon Media y E-ink Corporation, desarrollaron cápsulas con un líquido oscuro y cargado de partículas blancas, al que si se le aplica una carga eléctrica, las partículas se mueven de una parte a otra de la cápsula y así crean una zona blanca.

En ese entonces, el director técnico de E-ink, Paul Drzaic, afirmaba alborozado a la BBC haber creado «el material electrónico que sustituye a la tinta... y la tecnología electrónica que controla la nueva tinta y que le dice qué imagen quiere».

Ambos, sobre un papel plástico flexible, podían trabajar juntos para formar letras e imágenes, con lo cual todo indicaba que el papel del futuro estaba a las puertas. Bastaba solo buscarle una aplicación cotidiana, y por supuesto, que fuera rentable.

La primera salida comercial de este avance tecnológico fue a través del desarrollo de carteles electrónicos conectados sin ningún tipo de cable. Gracias al invento, el mensaje o cualquiera de los signos podía ser cambiado desde cualquier lugar solo apretando un botón.

Aunque John Seely Brown, jefe de desarrollo de Xerox, auguraba que pronto estarían en el mundo del libro, los editores, incluso los que ya trabajaban en los libros electrónicos, no se apresuraron a «morder» el invento.

El problema es muy sencillo, pero a la vez extremadamente complejo de resolver. La gente prefiere la comodidad y el contacto con el papel, y además resulta muy molesto leer en pantalla.

Ninguna de las creaciones de papel electrónico ha tenido hasta el momento gran impacto en el mundo, en especial por su alto coste, y por las limitaciones tecnológicas todavía grandes. Por eso la apuesta ha sido por buscar formatos intermedios, como el nuevo Kindle.

El devorador

El lector de Amazon tiene ante sí el gran desafío de superar en la competencia a artilugios similares como los de las japonesas Sony y Panasonic, mucho más baratos, aunque no vienen con un teclado y deben ser conectados por cable para descargar su contenido.

No obstante, este no es el único desafío. Aunque este libro electrónico, como afirma un periodista de El País, España, puede ser muy útil para manuales técnicos u obras de consulta, ya que se puede buscar rápidamente un contenido determinado y anotar virtualmente al margen de las páginas, dista mucho de ser el ideal para sentarse cómodamente a leer una novela o las noticias de un periódico.

Ante todo, hay que pagar incluso para consultar una página web y hasta weblogs, algo que puede hacerse en la computadora tradicional, sin costo. Este gravamen de descarga, que ronda los diez dólares por manual, es por demás ilógico, máxime si se tiene en cuenta que la mayor parte del precio de un libro de papel se dedica a impresión y distribución, dos factores que Kindle elimina.

Por otro lado, si bien Kindle cuenta con una pantalla de tinta electrónica de seis pulgadas y una resolución de 600 x 800 píxeles, la que según sus creadores refleja las letras como si fuese papel y no cuenta con retroiluminación, lo que facilita la lectura, junto a la posibilidad de ampliar el tamaño del texto, no es todavía exactamente papel, y además necesita de energía eléctrica para funcionar.

En este aspecto es válido señalar que la mejora con respecto a equipos similares es grande, ya que la batería de Kindle dura un día conectada a internet y una semana sin estarlo, además de que se recarga en solo dos horas.

Quienes lo defienden creen que es el nuevo iPod o reproductor electrónico, pero para libros, aunque también permita almacenar imágenes y sonido. Algunos, en cambio, prefieren esperar para gastarse el dinero en creaciones más acabadas.

El fenómeno e-books

Mientras tanto, no hay dudas de que el futuro de los libros electrónicos, ya sea en este formato o en archivos tradicionales de computadoras, es cada vez mejor, con miles de ejemplares puestos a disposición del público.

Es importante tener en cuenta que por libros electrónicos se entiende tanto a una obra individual en formato digital, como a un dispositivo utilizado para leer libros en este formato. Y si bien los dispositivos no tienen todavía tanta suerte, no puede decirse lo mismo de los e-books, como se les conoce a las versiones electrónicas o digitales de un libro.

Y es que la creciente digitalización de impresos de todo tipo y su distribución, gratis o pagada por internet, es cada vez mayor, en especial por el ahorro que significa no tener que imprimir ni buscar un proveedor de libros físicos, lo cual ha provocado una baja en la venta de ejemplares tradicionales, y que la mayoría de las editoriales hayan adoptado la táctica de sacar títulos a la vez en ambos formatos.

Incluso han surgido innovaciones de uno y otro lado, como los audiolibros en formato digital, o la inclusión de discos compactos o DVD-Rom junto a los libros de papel, para que el lector pueda escuchar la música y ver las imágenes que el autor imaginó mientras escribía su obra.

Aquí no faltan tampoco los desafíos, el mayor, quizá, de perder los derechos de autor, para lo cual empresas como Adobe, autora del formato PDF, preferido en la distribución de e-books, han creado un complejo sistema de seguridad llamado DRM (Digital Right Management), para evitar la copia de los textos.

No obstante, ni los artefactos ni la facilidad de la pantalla han logrado todavía igualar la sensación única de arrellanarse en un sillón o sofá a leer una novela, sin necesidad de una computadora u otro artilugio tecnológico, e ir pasando una a una las páginas.

Algunos equipos de libros electrónicos  

 iLiad

 Cybook  SonyReader  Kindle Dimensiones (mm) 217x155x16 188x118x8.5 175x124x12 19x13x1.7 Peso (gramos) 389 174 255 300 Pantalla (pulgadas/mm) 8.1 /124x152 6 / 122x91 6 / 122x91 4,9 /190x18 Resolución 1024x768 800x600 800x600 800x600 Autonomía de la batería 12 horas 8 000 páginas 7 500 páginas 24 horas Memoria interna 128 MB 64 MB 128 MB 256 MB Conexión a internet Por cable Por cable Por cable Inalámbrica

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