La cookie que nos vigila

Espiar a los usuarios de Internet es un lucrativo y espeluznante negocio que pone sobre el tapete el tema de la privacidad. Un estudio revela que la conocida cookie o pedazo de código además de archivar el historial de nuestras visitas, es capaz de proporcionarle a cientos de compañías datos sobre el usuario

Autor:

Yurisander Guevara

Escondido en las entrañas de su computadora, indescifrable para sus ojos, pudiera estar almacenado un pedazo de código aparentemente insignificante, pero capaz de proporcionarle a cientos de compañías alrededor del mundo sus secretos más íntimos.

La espeluznante revelación recorre por estos días los vericuetos de Internet tras un estudio divulgado por el Wall Street Journal acerca de la violación de las políticas de privacidad que con tanto bombo y platillo promueven casi todos los sitios web.

Según el rotativo, muchas de las aplicaciones lúdicas que ofrecen sitios como Facebook, insertan el código al pedirle al usuario su aprobación para acceder a su perfil.

En este momento, el usuario queda a merced del código y comienza a ser «observado» por la compañía que lo creó, la cual prepara un perfil del mismo y lo vende a otras empresas que buscan aumentar sus clientes. Toda una historia digna del famoso libro 1984, escrito por George Orwell.

Así, espiar a los usuarios de Internet, sobre todo en las redes sociales, se ha convertido en uno de los negocios de más rápido crecimiento —y más rentable, por supuesto—, dentro del entramado ciberespacial.

Los ninjas «chismosos»

Cuando accedemos a una página web se instala en nuestro equipo la conocida cookie (o varias de estas), la cual no es más que un pedazo de código capaz de archivar el historial de nuestras visitas, para que al regresar al sitio el equipo «recuerde» y descargue más rápidamente la página, además de nombres de usuarios y otros datos.

Sin embargo, muchos de los sitios que hoy gozan de popularidad en la red, como Facebook o Yahoo!, instalan «otras» cookies, más agresivas, destinadas a recopilar datos sobre el usuario que accede a Internet.

Así, la primera vez que desde un ordenador se ingresa, por ejemplo, a un sitio como Yahoo!, se instala un fichero de seguimiento el cual le asigna un número único de identificación al equipo, y a partir de ese momento vigila todos sus movimientos virtuales.

Como cientos de compañías alrededor del mundo tienen creados estos sistemas de seguimiento, en muchas ocasiones no se instala solo un dispositivo: pueden ser cientos.

Esto es lo que sucede a los usuarios de dictionary.com, un popular sitio de referencia en Estados Unidos. El portal sitúa en el ordenador que lo visite más de 200 cookies espías, cada una proveída por compañías especializadas en la construcción de perfiles de usuario.

Una vez que estos ficheros están enclavados, comienza el seguimiento del usuario.

Si este visita otro sitio en el que una compañía tenga incorporada una cookie espía igual a la que ya instaló en una visita previa a otro dominio, los datos de navegación en ambos lugares comienzan a construir un expediente con todo un «cuéntame tu vida virtual», muy valorado luego por las compañías interesadas en aumentar sus ventas por Internet a través de la publicidad.

Mis favoritos y otros demonios

La investigación de Wall Street Journal destaca el caso de Ashley Hayes-Beaty, identificada por la cookie espía con el código «4c812db292272995e5416a323e79bd37, mujer soltera de 26 años residente en Nashville, Tennessee».

El estudio sobre esta joven arrojó en su perfil que sus películas favoritas son, entre otras, 50 primeras citas y 10 cosas que odio acerca de ti, además de que gustaba de la serie Sex and the City, leía noticias sobre la farándula hollywoodense y respondía a muchas encuestas.

«Creía que conservaba algunos secretos, pero veo que no», dijo Hayes-Beaty, aterrorizada tras conocer que había servido como mercancía a la compañía Lotame Solutions, radicada en Nueva York.

Y si para esta joven fue escalofriante descubrir el suceso, más pavorosa fue la reacción de Cate Reid, una jovencita que prefirió permanecer en el anonimato en cuanto a su locación.

Recién graduada del preuniversitario, Reid admitió estar preocupada por tener unas libras de más, y que en muchas de sus incursiones por Internet hacía búsquedas relacionadas con el tema de la pérdida de peso.

Uno de los sitios más visitados por la joven es Yahoo!, donde alguna vez llenó un formulario con datos personales y dejó entrever algunos de sus gustos.

Tras conocer que estaba siendo espiada, Reid exclamó: «¡Por eso es que siempre tenía algún banner publicitario acerca de la pérdida de peso en los sitios que visitaba! Estoy consciente de que tengo unas libras de más, pero verlos tan a menudo me hizo pensar que tenía un problema».

Ambos ejemplos ilustran cómo están cambiando las políticas de publicidad en Internet, a despecho de las reglas de privacidad de los usuarios.

Otra puñalada a FACEBOOK

Quizá el más afectado de todos los sitios en este nuevo escándalo sea Facebook, la red social de moda, creada hace seis años por Marck Zuckerberg.

Con casi 600 millones de usuarios alrededor del mundo y las múltiples posibilidades que ofrece, Facebook es para los publicistas una mina de oro inagotable.

Así, diez de las aplicaciones más utilizadas en esta red social, como el popular juego de granjeros Farmville, acceden constantemente a los perfiles de los usuarios para actualizar sus fichas en cuanto a amistades, gustos y preferencias.

Más dolores de cabeza para Zuckerberg, quien enfrenta numerosas demandas luego de que se descubriera hace unos meses que al hacer una búsqueda en Google con el nombre exacto de una persona, Facebook develaba en pocos segundos todos sus datos si esta aparecía como un usuario de la red social.

En este sitio, cada perfil nuevo recibe un número único de identificación, el cual utilizan ahora las más famosas aplicaciones para enviar datos a las compañías que negocian con estos.

El procedimiento, totalmente violatorio de la política de privacidad expresada por Facebook, permite incluso acceder a los datos personales no solo del usuario en cuestión, sino de todos sus amigos. Incluso, si la compañía lo desea, puede obtener fotos y videos de los perfiles de usuario.

Así las nuevas tecnologías transforman la economía en Internet. Si antes los publicistas compraban pedazos en los sitios donde insertar sus anuncios, los nuevos tiempos están signados por el uso de software intrusivo que permite seguir a las personas a dondequiera que vayan, con anuncios adaptados a sus gustos y necesidades íntimas. Una mina de oro inagotable… pero muy peligrosa.

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