No a la violencia de género

La violencia que se exterioriza en espacios públicos contra mujeres, niñas u otros hombres a tenor de su identidad de género u orientación sexual, es apenas un diez por ciento de la que ocurre de modo imperceptible

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Para desterrar de nuestras vidas la violencia de género hay que empezar por aceptar sus múltiples ropajes y proponer alternativas dignas a conductas cotidianas que normalizan ese flagelo desde el rol masculino y el femenino.

La violencia que se exterioriza en espacios públicos contra mujeres, niñas u otros hombres a tenor de su identidad de género u orientación sexual, es apenas un diez por ciento de la que ocurre de modo imperceptible, esa que no deja huellas físicas porque se ejerce en el plano simbólico y sicológico, y que no se denuncia porque genera sentimientos de vergüenza o minusvalía, especialmente si el acto violento proviene de personas que deberían garantizarnos afecto y protección.

También influye la tendencia social a tolerar otras manifestaciones de violencia reafirmadas a través de la música popular y los espectáculos deportivos, la relajación de las normas de convivencia o la tergiversación de credos que asumen la supremacía masculina como natural y necesaria.

Más que obedecer

Para modificar esa práctica es preciso entender el impacto de la intimidación en la salud individual y el bienestar de la sociedad. Decenas de instituciones investigan sus causas y derroteros en Cuba, entre ellas el Instituto de Medicina Legal, la Fiscalía General de la República, el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), las cátedras de la mujer, el Centro de Estudios de la Mujer y la Familia, la FMC, el Centro de Estudios sobre la Juventud y el Centro de Investigaciones Sicológicas y Sociológicas.

La labor del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero es un ejemplo de cómo también la sociedad civil cubana se involucra en la transformación de esos aprendizajes. Desde 2007 esa entidad genera mensajes de bien público que invitan a reflexionar sobre la violencia sicológica, involucrando en el proceso creativo a estudiantes y profesionales del diseño, la comunicación social, el periodismo y los medios audiovisuales.

Así nació la campaña Eres Más, que además de usar los tradicionales circuitos mediáticos ocupa espacios visibles en vallas publicitarias y otros soportes para llegar a todos los municipios del país y problematizar estereotipos o desmontar mitos y costumbres machistas.

Su principal meta es instar a mujeres adultas de cualquier raza y origen a tomar conciencia de sus derechos y adecuar la respuesta ante esa agresión (sutil o manifiesta) que pretende perpetuar el dominio económico y sexual de lo masculino.

También invita a los hombres al cambio paulatino de creencias y hábitos, en aras de establecer relaciones más equitativas desde una espiritualidad comprometida con la solidaridad, la pluralidad y la participación.

Más que resistir

Una campaña no cambia la realidad, pero visibiliza el mal y apela a sentimientos y principios para vencer la resistencia al cambio de quienes conviven con el maltrato, aunque alaben la igualdad de derechos, sembrando en las nuevas generaciones ese doble discurso, cargado de prejuicios discriminatorios.

Algunos patrones perviven en nuestra identidad a tal punto que mucha gente justifica la violencia masculina de manera inconsciente. La sociedad calla cuando el hombre controla o limita a la mujer, pero se escandaliza si es ella quien trata de «ponerse los pantalones» porque eso subvierte el supuesto orden natural, y lo mismo ocurre con la distribución de roles pasivos y activos en parejas homosexuales.

Ninguno de los dos extremos está bien: Es necesario educarnos en el diálogo amoroso para deshabituar tales mecanismos, y si es preciso buscar ayuda legal o terapéutica en las casas de orientación a la mujer y la familia, la Policía Nacional Revolucionaria, el sistema de Atención Primaria de la Salud y las oficinas de atención a los derechos ciudadanos de la Fiscalía municipal.

La invitación al cambio está hecha: Como hombre, puedes tomar la decisión de ensayar una conducta diferente, más respetuosa y coherente con tus sentimientos. Como mujer tienes el reto de suspender la legitimación de la violencia, no permitirla en tu entorno ni transmitirla acríticamente a tus hijos.

No aceptes que te impongan el camino: construye tu realidad según tus sueños y potencialidades sabiendo que eres más, mucho más de lo que te hacen ver, y no eres responsable de la conducta asfixiante de los hombres significativos en tu vida (pareja, padre, hermanos, colegas, líderes religiosos, autoridades formales), aunque así traten de justificarlo los siglos de dominación patriarcal.

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