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En el Congo aprendí mucho con el Che

Como homenaje a los combatientes que iniciaron la epopeya de Cuba en África y al doctor Rafael Zerquera Palacios (Kumi), primer médico que estuvo con el Che en la gesta para liberar a la actual República Democrática del Congo, Juventud Rebelde reproduce una entrevista publicada en octubre de 2007 y que forma parte de un libro del autor, titulado Historias secretas de médicos cubanos.

Autor:

Hedelberto López Blanch

El 24 de abril se cumplieron 49 años de la entrada del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, junto con un reducido número de aguerridos combatientes, a Zaire, hoy República Democrática del Congo, con la misión de ayudar a la liberación de esa nación africana. El pasado 10 de abril, a pocos días de cumplir 82 años, falleció en La Habana el teniente coronel (retirado) Rafael Zerquera Palacios (Kumi), primer médico que estuvo con el Che en esa gesta. Como homenaje a los combatientes que iniciaron la epopeya de Cuba en África y al doctor Kumi, Juventud Rebelde reproduce una entrevista publicada en octubre de 2007 y que forma parte de un libro del autor, titulado Historias secretas de médicos cubanos.

En abril de 1965, dos años y medio antes de que al Guerrillero Heroico lo asesinaran sus captores tras caer herido en combate en Bolivia, Rafael Zerquera Palacios se convirtió en el primer médico que estuvo con el Che en el Congo Leopoldville, Zaire, hoy República Democrática del Congo.

Tras graduarse como médico en 1964 y cuando cumplía el servicio social en Santo Domingo, en la Sierra Maestra, llegó a la consulta del doctor un emisario que le traía la encomienda de que se presentara urgentemente en el Ministerio de Salud Pública en La Habana. En la capital lo recibió el entonces ministro de Salud, doctor José Ramón Machado Ventura, quien le pidió su disposición para cumplir una misión internacionalista muy importante, sin decirle en qué lugar sería.

Este médico, de piel negra, había nacido el 1ro. de mayo de 1932 en Trinidad, ciudad perteneciente a la antigua provincia de Las Villas. Allí estudió la escuela primaria y en Cienfuegos el bachillerato en Ciencias.

A los diez días de la entrevista con Machado Ventura, el 10 de abril de 1965, él, junto con otros tres combatientes (Norberto Pio Pichardo, Víctor M. Ballester y Martín Chibás González) tomaron un avión vía La Habana-Moscú, lugar donde se les unieron tres compañeros más, y en El Cairo, Egipto, otros tres. Ya eran nueve y con Zerquera —quien iba al frente del grupo— sumaban diez.

Antes del viaje, el Comandante en Jefe Fidel Castro habló con Zerquera, le explicó la importancia de la misión, se interesó por su familia, pero no le dijo a qué país iría, aunque le expresó que cuando llegara allá se iba a encontrar con una sorpresa que ni esperaba ni podía soñar. «Esa conversación fue uno de los momentos más felices de mi vida», afirma.

De Egipto volaron a Tanzania, adonde llegaron el 18 de abril, y allí el grupo se encontró con Víctor Dreke, José María Martínez Tamayo (Papi), el capitán Rivalta (trabajaba como embajador en ese país), Oscar Oliva y el Che, que estaba disfrazado y parecía un profesor francés. Zerquera llevaba dos maletines, uno que pesaba mucho, con balas de M-1 (después supo que eran para el Che), y el otro contenía dinero en efectivo.

Al despedirlo en el aeropuerto de La Habana, Osmany Cienfuegos le había dado los maletines y le ordenó: «Se los entregas solo al jefe; pudiera ocurrir algún problema, pero como único salvas tu honra es que venga el cadáver tuyo junto con la noticia de que los maletines se perdieron».

Recuerda el galeno que, una vez en Tanzania, con los elementos aportados por el Comandante en Jefe sobre la sorpresa que encontraría, cuando vio a un hombre blanco «camuflajeado» entre los demás, con una pipa y leyendo francés, comenzó a sospechar. Y cuando ese hombre blanco, con una barba a medio salir, reunió a los 14 primeros compañeros que habían llegado, les explicó las tareas y objetivos de su presencia en el lugar, y les preguntó si alguien lo conocía, sus sospechas aumentaron. Los únicos que sabían su identidad eran Dreke (segundo jefe de la futura guerrilla) y su ayudante José María Martínez Tamayo (Papi), pero no dijeron nada.

Zerquera le expresó que tenía una idea de quién era y, ante la exigencia del jefe para que dijera el nombre, respondió: «Me imagino que usted es el Che».

Todo el mundo era soldado

Guevara hizo un gesto afirmativo y seguidamente explicó el porqué de su presencia en tierras africanas. Habló de su afecto y admiración por Patricio Lumumba, y entonces se dieron cuenta de adónde irían.

Dijo que el Movimiento le había solicitado al Gobierno cubano una ayuda. Agregó que entre los dirigentes cubanos, él era el que mejores condiciones tenía para dar ese paso. Que había estado antes en varios países africanos y contactó con el Movimiento de Liberación lumumbista. Habló sobre muchas cosas: que tenían que ser un ejemplo; de cuando se integró a las filas del Movimiento 26 de Julio; de cuando conoció a Fidel; de cómo se fue ganando los grados por los méritos y los actos; que había que ser así, que allí nadie era nadie, que todo el mundo era soldado, empezando por él, y que los grados se irían adquiriendo según se los ganaran. Que llevaba una libreta donde anotaría la historia de cada cual como se hace en toda guerrilla. Puntualizó que allí no quería autosuficiencia, autovaloración, que iban a ayudar y tenían que ser humildes para ser ejemplo. Señaló que la tarea no sería un paseo, que podía durar cinco años y después se valoraría una sustitución progresiva, de acuerdo con los intereses del Movimiento. Seguidamente sacó un diccionario en lengua swahili y le asignó un número a cada uno de los 14 presentes. Moja, número uno en swahili, a Dreke; el dos, Mbili, a su ayudante; el tres, Tatu, para él. A Zerquera, como venía al frente de diez compañeros le puso ese número, Kumi. Como el Che era un excelente estratega militar, después de pasar el diez, saltó al 20, 30, 40, etcétera, con el objetivo de despistar al enemigo sobre cualquier cifra posible. Tras la reunión, Kumi trató de entregarle los maletines, pero el Che le dijo que los guardara.

Tras buscar las medicinas y el avituallamiento necesarios en Tanzania, se dirigieron a la frontera con el Congo Leopoldville (antiguo Zaire). Desde Kigoma, en Tanzania, atravesaron en la oscuridad de la noche el peligroso lago Tanganika en dos pequeñas lanchas. Los primeros 14 combatientes cubanos llegaron el 24 de abril de 1965 a la localidad de Kibamba, en el Congo.

Se iniciaba así el andar del Guerrillero Heroico, con un puñado de hombres, por tierras congolesas. En esa gesta llegaron a participar 123 combatientes cubanos.

Ya tienes pacientes

Como la participación del Che no había sido informada, nadie del Movimiento de Liberación los recibió en Kibamba. Entonces Godefroid Tchamleso, un congolés miembro de esa organización que viajó con ellos en la lancha, organizó con algunos combatientes nativos una especie de bienvenida. Los alojaron en unas chozas. En una de ellas el Che puso su hamaca, y esa noche Kumi durmió en el suelo, cerca de él.

Al siguiente día exploraron una empinada montaña, cercana al lugar donde finalmente se estableció el campamento principal. El doctor Zerquera quedó en Kibamba encargado de atender a los enfermos y de recibir a los futuros combatientes que irían llegando.

En una primera ocasión Kumi subió, con mucha dificultad por la falta de preparación, la empinada cima de 1 800 metros de altura donde radicaba el Che, pero la segunda vez fue porque lo mandaron a buscar y, al llegar, encontró al Guerrillero Heroico muy mal de salud, con mucha fiebre y tos seca. Zerquera le preguntó cuál sería el tratamiento mejor para su caso específico, y el Che le dijo que kanamicina, pero se lamentó porque no sabía dónde la iban a encontrar. Entonces fue cuando Kumi abrió el maletín, y Guevara le preguntó que de dónde lo había sacado. Tras las explicaciones pertinentes, comenzó el tratamiento, y a los tres días, ya algo restablecido, le indicó a Kumi que su trabajo estaba en Kibamba, donde tenía un hospital y pacientes que atender.

Poco tiempo después el médico tuvo que regresar porque el Che presentaba hemorragia y fiebre alta. Durante tres largos días con sus noches, Kumi le puso tratamiento contra la malaria hasta que salió de la gravedad. De ahí en adelante, el Che nunca más se enfermó y continuó organizando y dando aliento a sus hombres pese a que los problemas dentro del Movimiento de Liberación del Congo y las condiciones para sostener la guerrilla no eran las mejores.

«Yo aprendí mucho con el Che desde los primeros días en que llegamos a Kibamba, cuando estábamos prácticamente sin hacer nada y nos cayó el “gorrión”, es decir, la nostalgia. Una mañana se apareció en el campamento y me dijo que venía a ayudarme para que no me quejara. Me preguntó a qué yo había ido y establecimos el siguiente diálogo:

«Kumi: A atender a los enfermos y heridos cubanos.

«Che: No, usted vino a ejercer su profesión.

«Kumi: Dígame cómo la ejerzo.

«Che: Coja el maletín y acompáñeme.

«Y el Che y yo, junto al traductor congolés Freddy Ilanga (fallecido más tarde en Cuba), comenzamos a recorrer la zona. Veíamos a los enfermos y decía, a este aspirina; a aquel, vitamina B-2. Al otro día, no tuve que dar el recorrido, los nativos se me metían en la choza para que los consultara, y el Che me dijo: “Fíjate como ya tienes pacientes”.

«Pese a que la gesta del Congo no dio los resultados esperados, afirma Kumi, al paso de los años comprendí que en realidad esa misión sirvió de mecha para alimentar el fuego de la lucha en los pueblos africanos; fuego que después comenzó a incendiar Guinea Bissau, Mozambique, Angola, Namibia, Sudáfrica y todos los demás países que se liberaron».

En total siete médicos cubanos y uno de origen haitiano que estudiaba en Cuba participaron en esta gesta con el Che en el Congo Leopolville.

 

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