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Puertas Abiertas al talento

En el Día del Jurista Cubano, la historia del joven Michel Díaz Céspedes ilustra la valía del singular Programa de aproximación práctica al ejercicio del Derecho que, como en otros territorios del país, se encamina en el Tribunal Provincial Popular de Santiago de Cuba

Autor:

Olga García Palau*

Santiago de Cuba.— «Desde que tuve edad para comprender las cosas, comencé a tener ese deseo de que se fuera justo, de que se respetaran a los demás por sus criterios o decisiones y de que todo fuera lo más equitativo posible; con el transcurso del tiempo aprendí que las cosas no eran tan simples como yo creía. El impulso final para mi decisión respecto a la carrera que iba a elegir, lo obtuve de personas que admiro por su profesionalidad y amor a la especialidad, familia y amigos.

«Ya al iniciar la Universidad, al comenzar a recibir contenidos específicos de la materia, pude vislumbrar el amplio espectro que acoge esta profesión y me apasioné aún más por ella».

Esa inclinación innata por la justicia se acentuó en el joven estudiante de Derecho Michel Díaz Céspedes —según me comentó— cuando de la mano de una estimada profesora, visitó por primera vez el Tribunal Provincial Popular (TPP) de Santiago de Cuba, otrora Palacio de Justicia.

Allí pudo disfrutar de las bondades del programa institucional Puertas Abiertas, iniciativa  que en virtud del acuerdo circular No. 7 del sistema de tribunales cubanos, posibilita el desarrollo de un grupo de acciones encaminadas al fortalecimiento de los vínculos entre esta institución, garante de la justicia en el país, y las personas naturales o jurídicas, las instituciones o entidades en general.

 Aunque no es una práctica exclusiva de Cuba, a lo largo y ancho del Archipiélago la idea ha sido acogida con responsabilidad. En el Tribunal Provincial de Santiago de Cuba ha probado sus resultados por más de tres años consecutivos, en los que ha facilitado a estudiantes y visitantes una aproximación al ejercicio práctico del Derecho. 

De ello da fe el joven Michel Díaz Céspedes, quien en virtud de la provechosa iniciativa, se desempeña actualmente como asistente judicial en la sala I Penal de esta institución,  a la vez que cursa el 4to. año de la carrera de Derecho en la modalidad de curso por encuentro para trabajadores.

—¿Cómo ha sido tu recorrido después de obtener el título de bachiller hasta llegar  adonde estás académica y profesionalmente?

—Después de concluir el preuniversitario pasé el Servicio Militar en  el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT); estuve en varios talleres hasta  llegar a la unidad donde laboraba como técnico en producción de café y cacao. Al terminar esta etapa, comencé a trabajar, al cabo de aproximadamente un año, como ayudante de cocina  en el hotel Meliá Santiago. Con el apoyo de los que en aquel momento eran mis jefes, me formé como cocinero en la Asociación Culinaria de Santiago de Cuba, y alcancé los niveles I y II de Cocina. Luego de pasar los exámenes de ingreso, comencé a estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de Oriente, donde actualmente curso el 4to. año.

—Es posible que trabajar y estudiar a la vez representaran un reto a tu determinación para obtener tu objetivo. ¿Me equivoco?

—Realmente trabajar y estudiar a la vez representa un gran reto, sobre todo cuando se une a ello la responsabilidad de sustentar una familia, como es mi caso; y formarte en la modalidad de curso por encuentro y a distancia es un desafío doble, pues a pesar del esfuerzo de los profesores, por razones de tiempo, no existe la posibilidad de que ellos nos transmitan todos sus conocimientos, de manera que nuestra preparación depende mucho de las horas de estudio individual.

—En algún momento te planteaste no seguir, ¿qué te impulsó a continuar?

—Realmente durante mi carrera, específicamente en el primer semestre del 3er. año pensé dejar la Facultad, pues convergieron varios problemas a la vez, sobre todo en el orden personal y por si fuera poco fue aquel período de dificultades energéticas que afectaron la transportación, y las actividades docentes de la Universidad cerraron por un tiempo. Eso me generó inconvenientes para concentrarme en los estudios, situaciones que casi me cuestan el curso.

«El impulso para seguir lo encontré, en primer lugar, en mi familia: mi esposa, mis dos hijas pequeñas y mi deseo de prepararme y ser alguien en la vida. En segundo lugar, en mis compañeros de clases, de los que he tomado ejemplos personales muy admirables, dignos de reconocimiento. En mi curso comenzamos la carrera alrededor de 115 o 120 estudiantes, y en la actualidad solo quedamos en el aula alrededor de 25 o 30, según las actas de Secretaría, y de ellos asistimos frecuentemente 15 o 20 estudiantes; realmente resulta complejo y se necesita mucho deseo y determinación para no desistir en el camino».

Trabajar en la cocina y estudiar en la Universidad a la vez se volvieron para Michel el reto más significativo de su cotidianidad. Ante mis dudas de la convergencia entre las dos profesiones, con la amabilidad que le caracteriza, me ofreció sin más una precisa receta.

«En ambas labores si quieres obtener buenos resultados, necesitas mucha preparación, empeño, y tiempo para dedicarles.  Tanto en el ejercicio del Derecho, como en la cocina, se requiere de mucha concentración y organización, así como de agilidad, ser práctico y estar dispuesto a servir donde hagas falta.

«La cocina es un trabajo dinámico, práctico, acorde a cómo se mueven los tiempos en la sociedad y el Derecho lo es igual.  En el Derecho hay leyes que seguir, y en la cocina, recetas que elaborar y respetar.  Ambos necesitan mucho de nuestra dedicación y entrega».

—El programa Puertas Abiertas y la vinculación del Tribunal Provincial con la Universidad facilitó muchas veces tu acceso a esta institución. ¿Alguna vez imaginaste formar parte de este colectivo?

—Desde que conocí en la Universidad las interioridades del proceso, me interesé mucho por el papel que juega el Tribunal, y desde ese momento me apasioné por querer ser juez y vincularme con esta institución, algo que en cierto momento pensé que iba a ser un poco difícil, pero con la ayuda de dos queridas profesoras y el indiscutible apoyo de la Presidenta de este centro, comencé a laborar aquí como asistente judicial y a adiestrarme.

«He tenido la suerte de formar parte de un colectivo de personas de características excepcionales y con mucha dedicación y amor por lo que realizan. Aquí, sin duda, he tenido hasta el momento la mejor experiencia en mi corto camino recorrido en la vinculación práctica con el ejercicio del Derecho».

—Dentro de las materias del Derecho o sus ramas, ¿cuál prefieres? ¿Por qué?

—Dentro de las ramas del Derecho me gusta mucho de manera general el Derecho Civil, por la cantidad de conocimientos que  aporta y todas las esferas que abarca. Pero, sin duda, mi pasión es por el Derecho Penal, por la dinámica de sus procesos y por la repercusión que tiene para la sociedad.

¿A qué aspiras cuando finalmente te gradúes?

—Cuando me gradúe quisiera ejercer mi profesión como juez. Desearía que fuese en esta misma sala, junto a mis actuales compañeros; pero si no pudiera ser así, estoy dispuesto a servir donde realmente haga falta.

Desde la sencillez, este joven santiaguero ha nombrado con gratitud  a cada una de las personas que le han asistido en este camino. Reconoce que en el ejercicio se ha nutrido de herramientas imprescindibles para el desempeño de la profesión que no vienen descritas en manuales ni  libros. Asegura que estar dispuesto a aprender y escuchar los buenos consejos son móviles para la superación y el buen desempeño de cualquier carrera. Comparte sus preferencias con el rigor del trabajo; insiste, y hace bien, en culminar con éxito la travesía que le ha traído hasta aquí.

Como otras instituciones de este tipo en el país, el Tribunal Provincial Popular de Santiago de Cuba reconoce así la valía del vínculo entre la academia y la práctica en las instituciones. Visualiza en la juventud y la persona de Michel la consagración y el ejemplo que aspira de todos sus miembros profesionales; se nutre de su actitud y se fortalece con su presencia.

El programa Puertas Abiertas no es solo una iniciativa fugaz o un ejercicio sin fundamentos. Es, muchas veces, una plataforma para potenciar los conocimientos sobre el sistema jurídico cubano y sus interioridades, además de ser una valiosa oportunidad para reconocer o potenciar el talento.

 

*Comunicadora del Tribunal Provincial Popular de Santiago de Cuba

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