Cuba Autor: Ares Publicado: 14/02/2026 | 10:09 pm
A finales de enero, el presidente estadounidense Donald J. Trump firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional en Cuba, vinculada con las relaciones exteriores de La Habana y a la dependencia de la Isla del combustible importado. La orden faculta a Washington a imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo, directa o indirectamente, a Cuba, una medida que pretende cortar uno de los recursos vitales de la nación caribeña y aumentar la presión sobre el pueblo cubano.
La medida representa una intensificación del bloqueo económico estadounidense contra Cuba —el bloqueo occidental más prolongado contra una nación soberana en la historia moderna— al atacar a los proveedores extranjeros en lugar de solo a La Habana.
Esto ocurre en medio de un cambio más profundo en la dinámica geopolítica: las fuerzas estadounidenses han intervenido militarmente en la vecina Venezuela, el principal benefactor petrolero tradicional de Cuba, cortando ese suministro y dejando a Cuba en gran medida dependiente de otros socios estratégicos como México y Rusia.
El presidente Trump describió la estrategia como diplomacia coercitiva con una salvedad humanitaria. En declaraciones difundidas por la prensa regional, afirmó: «No tiene por qué ser una crisis humanitaria. Podrían acudir a nosotros y llegaríamos a un acuerdo. Así, Cuba volvería a ser libre». El Presidente insistió en que el objetivo de Washington era impulsar un cambio político en La Habana, no matar de hambre al pueblo cubano, y sugirió que las negociaciones siguen sobre la mesa (lo cual negó el Gobierno de Cuba: No existen conversaciones, solo intercambios de mensajes).
Pero los críticos de la política de la administración argumentan que los aranceles —al amenazar a los países con gravámenes punitivos si ayudan a Cuba a conseguir combustible— constituyen un bloqueo externo, una medida extraterritorial, que perjudicará desproporcionadamente a los ciudadanos cubanos.
La crisis energética de Cuba es anterior a las últimas medidas estadounidenses, pero se ha agravado. La escasez de combustible ha provocado apagones continuos, ha frenado el transporte público y ha sobrecargado las redes agrícolas y de distribución de alimentos. Altos funcionarios de las Naciones Unidas han advertido que la escasez prolongada de combustible corre el riesgo de provocar un colapso humanitario si las necesidades energéticas de la Mayor de las Antillas siguen sin satisfacerse.
Las autoridades cubanas afirman que las consecuencias ya se están sintiendo en todo el país. Se implementan planes de racionamiento de combustible para mantener en operatividad servicios esenciales: como hospitales, tratamiento de agua y respuesta a emergencias, mientras que el transporte y la actividad industrial se contraen.
Los economistas señalan que antes de las nuevas sanciones, Cuba dependía del petróleo extranjero para generar aproximadamente la mitad de su electricidad y abastecer todo, desde el transporte público hasta los vehículos agrícolas. Con el interrumpido suministro de Venezuela y los envíos de México sujetos a la presión y posibles represalias de Estados Unidos, las opciones de Cuba se reducen rápidamente.
El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha denunciado los aranceles estadounidenses como parte de una escalada agresiva destinada a asfixiar la economía cubana. Calificó la estrategia de «asedio energético» y ha enmarcado la crisis como una continuación de lo que La Habana denomina el bloqueo económico estadounidense, un término reconocido por instituciones internacionales y cuestionado por Washington.
Díaz-Canel y otros funcionarios han adoptado un doble mensaje: enfatizar la resiliencia nacional y expresar su apertura al diálogo con Washington en condiciones que respeten la soberanía cubana. Declaraciones recientes del Gobierno destacan planes para expandir las fuentes de energía nacionales, fomentar la conservación y reorganizar las prioridades económicas.
Hospitales, escuelas e infraestructura crítica están siendo priorizados a medida que se reduce el suministro de combustible. En algunas zonas, cortes severos de la red eléctrica han durado más de 18 horas al día, amenazando la producción de alimentos, el saneamiento y la salud comunitaria.
Los aranceles estadounidenses han recibido fuertes críticas de varias capitales latinoamericanas. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, advirtió que amenazar a los países que suministran petróleo a Cuba podría desencadenar una «grave crisis humanitaria» que afecte los servicios básicos del pueblo cubano.
El papel de México es crucial: el año pasado, su petrolera estatal envió aproximadamente 90 millones de dólares mensuales en crudo a Cuba, un recurso vital que ahora se ve comprometido por las presiones estadounidenses.
A nivel mundial, voces de las Naciones Unidas y líderes religiosos han instado al diálogo. El Papa León XIV hizo un llamado público a un «diálogo sincero y efectivo» entre Estados Unidos y Cuba para prevenir el sufrimiento y evitar la crisis.
En medio de estas tensiones geopolíticas, activistas y líderes de medios de comunicación se están pronunciando. No nos quedaremos callados. Como presidente y director ejecutivo de Black Press of America, a través de la Asociación Nacional de Editores de Periódicos, emito la siguiente declaración: Nos solidarizamos con el pueblo cubano y con la Unión de Periodistas de Cuba. Exigimos el fin inmediato del injusto bloqueo económico contra Cuba. Se trata de una cuestión de derechos humanos, al tiempo que deploramos la inhumanidad de intentar privar de alimentos y oprimir a la nación cubana.
Existe una creciente preocupación mundial de que las medidas punitivas dirigidas al acceso de Cuba al combustible tengan efectos desproporcionados en la población civil, en particular en los ancianos, los niños y las comunidades vulnerables, incluso mientras los Gobiernos debaten sus objetivos políticos.
La economía de la Isla sigue siendo frágil. Cuba, golpeada por décadas de bloqueo, la caída del turismo a causa de la COVID-19 y, ahora, una grave escasez de energía, advierten analistas que, sin cambios significativos —ya sea en políticas, canales de suministro o relaciones diplomáticas—, se enfrenta a una mayor contracción de la actividad económica y a unas penurias cada vez mayores para su población.
Cuba es una nación vital para la diáspora africana, y todos debemos expresar con mayor fuerza nuestro apoyo a nuestros hermanos y hermanas cubanos. ¡Viva Cuba!
*Dr. Benjamin F. Chavis, Jr., presidente y director ejecutivo de la Asociación Nacional de Editores de Periódicos en Estados Unidos
