Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El arma más poderosa

Tan pronto vieron que se cumplía la promesa de juzgar y aplicar la máxima pena a torturadores y asesinos de la dictadura batistiana, Estados Unidos enfiló los cañones del descrédito contra la Revolución Cubana

Autor:

Leonel Nodal

El primer día de enero de 1959, Cuba amaneció con la noticia de la huida del dictador Fulgencio Batista. Los rebeldes de Fidel Castro lo habían derrotado y puesto en fuga. Se fue en tres aviones DC-4 con sus familiares y más cercanos secuaces. Todavía en la pista del aeropuerto militar de Columbia, instruyó al sirviente de turno, el mayor general Eulogio Cantillo, cómo organizar un golpe de Estado encubierto como Gobierno provisional. «Llama al embajador americano», fue lo primero que le dijo. Earl T. Smith, el hombre de Washington en La Habana, el que favoreció hasta última hora la ayuda militar al régimen batistiano, no tardaría en abrir fuego contra el arrollador proceso popular que frustró su plan.

¡Castigo para los asesinos y torturadores… esta vez no puede haber impunidad…! Fue la demanda que se generalizó por toda Cuba tras la caída de la dictadura de Fulgencio Batista.

Después de los primeros fusilamientos dictados por los tribunales revolucionarios, con la abrumadora aprobación de la ciudadanía de todo el país, los mayores diarios, revistas y agencias de noticias estadounidenses —con un virtual dominio mundial en esa época— esparcían las más horrendas versiones de un baño de sangre en la isla caribeña. Comenzaba la guerra de desinformación y la mentira, cada vez con más dinero y recursos tecnológicos, trataría de desvirtuar la verdad de Cuba, una de las claves esenciales de la victoria popular revolucionaria.

Porque si algo había fortalecido y dado credibilidad a la guerra de guerrillas emprendida por Fidel en la Sierra Maestra, en su combate contra las mucho mejor armadas y equipadas tropas de la dictadura, fue informar los verdaderos resultados de cada combate y batalla, confirmando las cifras reales de muertos y heridos, propios y del enemigo en cada enfrentamiento. Al contrario de la práctica habitual de la dictadura, que mentía y ocultaba el número real de sus bajas y exageraba las de los rebeldes.  La mentira, el encubrimiento de sus masacres, había sido el arma del régimen batistiano, que más de una vez dio por muerto a Fidel.

Aquel principio de vencer siguiendo la enseñanza martiana de que la palabra se ha hecho para decir la verdad, y no para encubrirla, sería el arma más poderosa de la Revolución para desbaratar todas las maniobras, distorsiones, falsedades y mentiras tramadas por el imperio mediático de Estados Unidos en la hoy denominada «guerra mediática». Y a solo dos semanas de la victoria de enero que se pretendía mancillar, el Gobierno revolucionario convocó a la mayor conferencia de prensa internacional realizada hasta entonces.

Desde Pinar del Río, al concluir el 17 de enero la visita de la Caravana de la Libertad, Fidel hizo la convocatoria a la prensa internacional. Se cursaron invitaciones a periodistas de Estados Unidos, América Latina y Europa.

Entre los organizadores se encontraba Jorge Ricardo Masetti, periodista argentino que había estado en la Sierra Maestra y entrevistado a Fidel y al Che Guevara, autor del libro Los que luchan y los que lloran. Había regresado una semana antes a Cuba, en el mismo avión que trajo a los padres de Che Guevara. Otro de los promotores sería Carlos María Gutiérrez, prestigioso periodista uruguayo que también había estado en la Sierra.

En menos de 48 horas se organizó todo. Las embajadas de Cuba y la línea aérea Cubana de Aviación hicieron posible que 380 periodistas del continente aceptaran viajar a La Habana. Se hospedaron, en su mayoría, en las 240 habitaciones del hotel Habana Riviera, en Paseo y Malecón.

Se les unieron periodistas de 20 importantes medios de Estados Unidos, entre ellos de Miami News, Cincinnati Enquirer, Baltimore Sun, Washington Daily News, junto con la Broadcasting Corporation, Toronto Press, London Daily Mail, Jours de France, así como El Mundo y El Imparcial, de México, entre otros.

La Operación Verdad tuvo dos momentos clave: una concentración popular el 21 de enero en la Avenida de las Misiones, frente al antiguo Palacio Presidencial, y al día siguiente Fidel sostuvo un largo encuentro con los periodistas extranjeros y cubanos en el salón Copa Room del Habana Riviera

Durante el acto, Fidel expresó la decisión inquebrantable del pueblo de defender a toda costa su propio destino, sin intromisiones extranjeras.

Y luego expresó: «Los que creyeron que después de nuestras victorias militares nos iban a aplastar en el campo de la información, en el campo de la opinión pública, se han encontrado con que la Revolución Cubana sabe también pelear y ganar batallas en ese campo….

«Este pueblo no es un pueblo bárbaro ni criminal. Es el pueblo más noble y sensible del mundo: si aquí se comete una injusticia, todo el pueblo estaría en contra de esa injusticia… Cuando todo el mundo ha estado de acuerdo con el castigo es porque el castigo es justo, es merecido».

Tanto Fidel como el Che Guevara, que entonces era el presidente del Tribunal de Apelaciones sobre los fallos dictados por los tribunales revolucionarios, concedieron varias entrevistas exclusivas a algunos de los periodistas participantes en la Operación.

El periódico Revolución —recuerda el periodista Juan Marrero en una crónica del evento— en su edición del 23 de enero, publicó en casi tres páginas (tamaño sábana) la versión taquigráfica de la conferencia de prensa, en la cual casi 50 de los periodistas formularon preguntas a Fidel.

En sus palabras iniciales a los periodistas, Fidel les dijo: «Nosotros no tenemos cables internacionales y a ustedes, los periodistas latinoamericanos, no les queda más remedio que aceptar lo que les diga el cable que no es latinoamericano. Si me permiten decir algo que considero tengo el derecho de decir, por cuanto afecta los intereses de mi patria, les digo que la prensa de América Latina debiera estar en posesión de medios que le permitan conocer la verdad y no ser víctimas de la mentira».

Jorge Ricardo Masetti, fundador de Prensa Latina. Foto: Archivo de JR

Como resultado de la Operación Verdad, pocos meses después nacía en La Habana la Agencia Informativa Latinoamericana, Prensa Latina, organizada y dirigida por Jorge Ricardo Masetti. Entre los fundadores se incluyeron algunos de los participantes, entre ellos Masetti, Carlos María Gutiérrez y Gabriel García Márquez, quien escribía en una revista de Caracas y aceptó abrir la corresponsalía de la Agencia en Bogotá. 

La difusión de la verdad, donde quiera que se estableció, sería desde entonces la regla de oro de la Agencia, motivo de odio y persecución en las naciones de Latinoamérica que caían bajo la bota de dictaduras militares, y medio confiable de los medios de prensa interesados en descubrir la realidad de sus pueblos y países.

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