El Fenerbache sigue sin levantar cabeza en la temporada actual de la UEFA Champions League. Autor: Tomada de ESPN Publicado: 23/10/2026 | 09:00 am
Hay cementerios que no necesitan lápidas para ser reconocidos. Basta con ver a un grupo de elefantes arrastrando sus colmillos por un campo de fútbol para saber que algo ha muerto allí. El Şükrü Saracoğlu, estadio que un día fue un infierno para los grandes de Europa, se ha convertido en un geriátrico de lujo donde los veteranos del Fenerbahçe acumulan millones, cicatrices y ninguna victoria en la Champions League. Este martes, ante el Slavia Praga, el cementerio volvió a caerse. 2-0 en once minutos. 2-2 en el minuto 90. Otra lápida más en la colección.
Durante once minutos, el Fenerbahçe pareció un equipo joven. Oğuz Aydın, el novato de la clase, recibió en la derecha, trazó una diagonal imposible y clavó un zurdazo en la escuadra de Markovič. Cuatro minutos después, Mason Greenwood, el inglés que juega con la frialdad de quien ya lo ha visto todo, tiró una pared con Semedo y fusiló con la derecha. Dos golazos de esos que se celebran con el puño cerrado y la mirada al cielo. El estadio rugió. Los elefantes, por un instante, parecieron jóvenes.
Pero los elefantes tienen la memoria frágil y las piernas pesadas. En el minuto 14, Matteo Guendouzi, el francés que llegó para ser el cerebro del equipo, cometió un error de juveniles: un pase a ciegas en la salida que Lukas Provod interceptó dentro del área y convirtió en el 2-1. El gol fue un jarro de agua fría sobre un equipo que ya no supo volver a rugir. Y como si el destino quisiera burlarse, a los 20 minutos Nathan Aké, otro de los veteranos ilustres, se marchó lesionado del isquiotibial. El eje de la zaga quedaba en manos de Skriniar y un novato. El cementerio empezaba a poblarse de fantasmas.
La segunda parte fue una agonía. El Slavia, un equipo checo sin victorias en 22 partidos de Champions, olió la sangre y se lanzó al ataque. Guendouzi intentó redimirse con un disparo que se marchó por encima del larguero. Lukaku, entrando desde el banquillo, tuvo el 3-1 en sus botas pero envió el balón a las nubes. Y cuando el partido entraba en el tiempo añadido, cuando los elefantes ya soñaban con una victoria que se les resiste desde 2008, Emmanuel Ayaosi puso un centro desde la derecha y Pavel Kačor, un joven de 20 años, se adelantó a Semedo en el segundo palo y cabeceó a la red. El estadio enmudeció. Los pitos, que habían sonado al descanso, se convirtieron en un rugido de indignación. «¡İsmail, dimisión!», cantó la grada. El entrenador, con 65 años y la serenidad del que ya no tiene nada que perder, dijo que estaba «más triste que los aficionados». Pero nadie le creyó.
El Fenerbahçe lleva nueve partidos sin ganar en la fase principal de la Champions League y no celebra una victoria en la máxima competición continental desde 2008, cuando eliminó al Chelsea en cuartos. La plantilla, construida a base de talonario, está llena de nombres que un día fueron grandes: Ederson, Skriniar, Aké, Kanté, Guendouzi, Greenwood, Lukaku, Muriqi. Pero los años pesan, las piernas no responden y los resultados no llegan.
El Slavia, con un punto, celebró como si hubiera ganado una final. El Fenerbahçe, con dos, sigue en el pozo. La afición, que llenó el estadio con la esperanza de un renacer, se marchó a casa con la certeza de que este equipo no es un proyecto: es un mausoleo.
