Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

En nombre de la danza

El pasado 29 de junio se celebró el centenario del natalicio de Ramiro Guerra. Juventud Rebelde ha querido homenajear al padre de la danza moderna en Cuba, por su impronta e imprescindible legado, mediante una semblanza construida a partir de testimonios de personalidades que lo conocieron y del mismo maestro

Autor:

Lourdes Benítez Cereijo

La historia de la danza moderna en Cuba no puede escribirse sin Ramiro Guerra: hombre incansable, creador excepcional y formador de generaciones de bailarines. De su obra y legado tendrá que hablarse siempre. A su quehacer habrá que volver una y otra vez por la huella que marcó en la evolución de la cultura nacional.

Irreverente, progresista, iniciador, renovador… El padre de la danza moderna y fundador de la actual compañía Danza Contemporánea de Cuba, otrora Conjunto Nacional de Danza, habría cumplido cien años este 29 de junio. Para homenajearle se realizaron numerosas acciones. El Consejo Nacional de las Artes Escénicas colocó una tarja conmemorativa en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, escenario que acogió la primera presentación de su compañía. También se estrenó Ramiro… siempre la danza, documental de Yuris Nórido y Adolfo Izquierdo, conformado con entrevistas a discípulos, amigos y compañeros del bailarín y coreógrafo fallecido en 2019, a los 96 años. Asimismo, fueron digitalizados sus libros, con el objetivo de permitir un mayor acceso a su obra como pedagogo.

Los premios Nacional de Danza, de Enseñanza Artística y de Investigación Cultural, además del Alejo Carpentier, son algunos de los muchísimos reconocimientos a un quehacer cuyo valor trascendió las fronteras de lo posible. Sus piezas son evidencia contundente: Suite Yoruba, considerada su obra cumbre; Impromptu galante, Auto sacramental, La rebambaramba, Orfeo antillano, Medea y los negreros, Ceremonial de la danza Otra zona de su amplia creación, la literaria, descolló con ensayos de alto vuelo como Apreciación de la danza, Calibán danzante, Coordenadas danzariasUna metodología para la enseñanza de la danza modernaTeatralización del Folklore y otros ensayos, Eros baila y El síndrome del placer.

Juventud Rebelde ha querido sumarse a los homenajes mediante una semblanza, modesta para su enorme quehacer, construida a partir de testimonios ofrecidos a diversos medios por especialistas y personalidades que lo conocieron; así como relatos del mismo maestro. Sea esta una ventana para asomarnos a una figura imprescindible, necesaria.

Generaciones de bailarines fueron formados bajo la férrea tutela de Ramiro Guerra.FOTO: Ismael Batista, tomada de Granma.

Recuento

Aunque se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana, su deseo de bailar lo hizo alejarse de las leyes para forjarse su propio camino, y así en la década de los 40 del siglo pasado tomó clases con el maestro Nikolai Yavorsky en la escuela de ballet de la Sociedad Pro Arte Musical. Luego fue discípulo de la bailarina y profesora rusa Nina Verchinina, primera figura del Original Ballet Russe del Coronel de Basil, compañía con la cual llegó a Nueva York.

Es precisamente a su regreso de Estados Unidos cuando el joven bailarín vivió una de las experiencias más duras de los inicios de su carrera. Así lo rememoró en el texto Sangre en los pies, publicado por La Jiribilla, que forma parte de sus memorias inéditas. Compartimos un fragmento que da cuenta de los prejuicios existentes sobre el hombre bailarín en esos tiempos.

Ramiro Guerra decidió que la danza era su vida.FOTO: tomada de cubasi.

Los sucesos tuvieron lugar en el Astral, durante una presentación unipersonal y ante un público proveniente de la «barriada estudiantil que rodeaba a la Universidad… No bien fue percibido un hombre bailando solo sobre la escena, una tempestad de gritos, insultos y risas estalló ante mí. Afortunadamente, había desarrollado un gran poder de concentración y seguridad técnica que me permitió llegar hasta la última nota en medio de la tormenta desatada al borde de mis pies y también desde lo alto del balcón.

«Cuando terminé y me retiraba por la escalera que iba hacia los camerinos, una pareja de bailarines españoles que debía sucederme me dijo al pasar por mi lado que mis pies estaban sangrando. Al mirarme descubrí que había sido terriblemente desgarrado por un clavo en la planta de un pie. Y, curiosamente, fue solo al mirarme cuando comencé a experimentar un dolor terrible. Es decir, que el esfuerzo de concentración que hice en escena absorbió todas mis potencialidades sensoriales, al extremo de no dejarme sentir el desgarrón. Ese fue mi bautismo danzario, al aparecer solo en un escenario de mi país. Algo así como el gladiador del circo romano ante las fieras de aquella jauría que era el público del Astral en aquella época. Inolvidable experiencia».

El lamentable episodio no lo detuvo. Abandonar no estaba en su naturaleza. Aquello sirvió para forjar aún más el carácter, la fuerza, la voluntad. En el mismo texto relata que comprobó con asombro cómo años más tarde una audiencia similar, congregada esta vez en el Aula Magna de la casa de altos estudios, fue «vencida». Describiría esa experiencia como la primera piedra plantada «por el respeto al bailarín masculino en las endemoniadas tierras del subdesarrollo».

Llegados los años 50 tomó clases en la Academia de Martha Graham, a quien calificó como la mejor maestra que tuvo. Esa influencia se sumó a la de otros no menos importantes exponentes como Alberto Alonso, Doris Humphrey, José Limón y Charles Weidman. En tierras cubanas se unió al Ballet Alicia Alonso y en 1952 montó para esa compañía la pieza Toque, con música de Argeliers León, y también Habana 1830, la primera obra con música del maestro Ernesto Lecuona.

Ramiro Guerra era indetenible. Con el triunfo de la Revolución en 1959 y todo lo que ese proceso supuso se crea el Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional. Danza Contemporánea de Cuba (como se le conoce desde el año 1987) nace de ahí y en 1962 se convirtió en el Conjunto Nacional de Danza Moderna.

En varias entrevistas el fundador evocó la forma en que integró el Conjunto: «30 bailarines: diez blancos, diez negros y diez mulatos. De ahí surgieron Eduardo Rivero, Gerardo Lastra, Luz María Collazo, Eddy Veitía…».

El debut fue en febrero de 1961, en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. El programa incluyó dos obras: Mulato, con música de Amadeo Roldán, y Mambí, con partitura de Juan Blanco.

La Doctora Isabel Monal, directora del Teatro Nacional de Cuba en esos años, ha narrado que «cuando Ramiro Guerra salió a escena, en una Sala Covarrubias sin terminar, sin ventilación y con sillas de tijeras, improvisadas, el público cubano lo sintió enrarecido. Pero la danza moderna era totalmente nueva y no tenía un precedente entre nosotros…

Antes del triunfo de la Revolución era una figura solitaria enfrentándose a molinos de viento». Así lo referencia Yuris Nórido en El comienzo de un camino, publicado en el periódico Trabajadores.

Sobre su impresionante y singularísima obra, el escritor y crítico Norge Espinosa expresó en un comentario publicado en JR: «Tuvo Ramiro la lucidez de nutrirse de las pautas de la danza norteamericana y de la europea, para pasarlas por el tamiz de lo cubano: de los orishas del panteón tomó gestos, pasos de baile, maneras de moverse que conformaron la técnica cubana de danza moderna, convertida en referente mundial para la formación de bailarines. También formó un público para esta especialidad, sin pautas definidas como el ballet. Así creó, con la colaboración de sus bailarines, el estilo cubano de danza moderna, orgullo de este pequeño país».

Obra Impromtu galante. Foto: tomada de La Jiribilla 

Los desafíos

Los momentos duros no faltaron. No faltaron en su agitada cotidianidad los desafíos y encontronazos. No faltaron las urgencias y los desalientos. Al celebrarse su aniversario 95 dialogó con el colega Yuris Nórido y confesaba: «Fíjate, yo sueño mucho. Tengo sueños maravillosos. Y casi nunca tengo pesadillas. Eso debe ser gracias a que tengo la mente clarita. Yo lo recuerdo todo y lo guardo todo. Para algo hará falta. Y me acuerdo de lo bueno que viví y también de lo malo». Esas palabras fueron recogidas en un texto nombrado Ramiro Guerra: la última entrevista, publicado en Cubasí.

Hablaba de lo positivo y lo negativo, hacía un balance de aquello que lo engrandeció y por lo cual tuvo que pagar, en no pocas ocasiones, un alto precio. Se refería en particular a la pieza El decálogo del apocalipsis, para él su mejor creación, la cual no llegó a estrenarse cuando en 1971 fue considerada como «poco convencional y demasiado fuerte». Ese fiasco implicó que Ramiro dejara el conjunto y se aislara, pero como bien han apuntado muchos estudiosos, durante ese distanciamiento encontró otra forma de bailar: escribiendo ensayos que conforman un valioso patrimonio sobre la teoría de la danza en Cuba.  

Al respecto apunta Norge Espinosa: «La fuerza polémica de El decálogo del apocalipsis parecía rozar el límite. Los aires de un momento oscuro alejaron a Ramiro de la compañía que él fundó. Fiel a sí mismo, no se detuvo por ello, y de esa aparente parálisis vinieron algunos de sus libros sobre el arte de la danza que hoy son uno de sus grandes aportes. Restaurado el nivel de las aguas, no quiso volver atrás y retornó a la coreografía con el Conjunto Folklórico Nacional y otras agrupaciones. En 1989 estrenó De la memoria fragmentada: una pieza que recomponía, en el escenario, memorias, obstáculos y nuevas profecías. No volver sobre sus pasos era una de las divisas que proclamó. Y también en ello fue único, indagando siempre, inquietando siempre… Lo que él fundó, baila siempre con nosotros. Sus libros, que deberían ser más y mejor leídos por las nuevas generaciones, no solo de la danza en Cuba, serán bitácoras imprescindibles. Fue un talento y un carácter, y en su ética de rigor nos deja muchos retos por venir. Su nombre danza más allá de la muerte».

Suite Yoruba, considerada obra cumbre de Ramiro Guerra.FOTO: tomada de La Jiribilla 

Los Rigores

En la carrera de Ramiro las cosas no resultaron fáciles. Eso sucede, casi siempre, con los que rompen moldes, con los que se salen de lo común, con los que marchan a la vanguardia con honesta valentía. La realidad es que el significado de su apellido lo acompañó de una forma u otra.

También lo acompañaron en su manera de trabajar el rigor, la disciplina, la dureza, la noble severidad. Se dice que era implacable, incluso demoledor.

La teatróloga Marilyn Garbey se sumerge en las inquietas aguas del temperamento de Ramiro Guerra en un escrito anclado en el sitio www.todaladanza.cult.cu, y lo hace mediante una recopilación de remembranzas como la de Eduardo Rivero, premio Nacional de Danza, bailarín y coreógrafo. El autor de Súlkary cuenta: «Yo siempre me preguntaba por qué era tan cruel conmigo, tan fuerte en cuanto a la disciplina. Me decía: la tiene cogida conmigo. No me dejaba ni moverme, ni soplarme una mosca de la cara. Esto que digo no es mentira, una vez hice un gesto y me gritó: “¡Fuera de la clase. Aquí no se puede estar haciendo muecas ni musarañas”. Después entendí que estaba formándome, de una forma muy fuerte. Entonces pasó a ser mi Dios, como sucede en la India, donde los maestros y los padres son como dioses. Ramiro, mi maestro, es como un Dios, es una gente que yo venero, lo amo entrañablemente».

Para no pecar de absolutismos, podría decirse que la gran mayoría de los alumnos que experimentaron la tenacidad de Guerra le agradecen infinitamente su férrea tutela. Así también lo demuestra Isidro Rolando, premio nacional de Danza: «En lo particular, le agradezco haberme permitido conocerme a mí mismo, porque fue el hombre que me enfrentó a mis posibilidades, las buenas y las negativas, y conocerlas me dio la posibilidad de desarrollarme, no simplemente como bailarín, sino como ser humano. Yo le debo no solo al maestro de baile que me enseñó a moverme, sino mucho de lo que soy hoy».

Por su parte, en Una ausencia imposible, que puede ser consultado en el sitio www.danzahoy.com, el investigador y especialista Ismael Albelo asegura: «Su iconoclasia era incompatible con lo estanco y lo vetusto, su desprejuicio chocaba con los moldes oficiales, su conocimiento enciclopédico le impedía complacencia con la burocracia y la mediocridad. Para él nada era imposible ni prohibitivo, siempre que tuviera una sustancia lógica e inteligente.

«Pero ese comportamiento valiente y arriesgado lo hacía una persona muy difícil, a quien era necesario tener muy claras las ideas para dirigirse a él, para pedir consejo u opinión. Ramiro no decía lo que querías oír, sino lo que era necesario escuchar y reflexionar, del modo más directo y sin regodeos. Muchos lo tenían como “imposible”, “indescifrable”, pero los que tuvimos la suerte de trabajar y estar junto a él comprendíamos que esa muralla que su irreverencia le imponía no era otra cosa que sus deseos de la mejor vía para la consecución del trabajo cultural».

Ensayos de El decálogo del apocalipsis.FOTO: tomada de La Jiribilla

En un amplio y valioso dossier realizado por La Jiribilla se incluye un testimonio oral concedido por Eduardo Arrocha a ese medio cultural, el 1ro. de agosto de 2012. El premio nacional de Danza de ese año fue uno de los grandes amigos y más cercanos colaboradores de Ramiro Guerra. En sus palabras precisa que «trabajar juntos fue maravilloso… No he encontrado un director que logre transmitir como él la claridad de sus ideas. Algo fundamental en su manera de dirigir es que había una relación muy estrecha entre ofrecer y recibir; llegado el momento, cuando sacábamos cuentas de lo hecho, no sabía dónde estaba el aporte de Ramiro a mis diseños, ni hasta dónde había aportado yo a su coreografía».

El escritor, crítico y ensayista Jorge Brooks, mánager de Danza Contemporánea de Cuba, está convencido de que Ramiro Guerra «con su labor fundacional, su práctica, con sus estudios, nos deja como legado una cosmogonía danzaria vigente en esta contemporaneidad globalizada, en el compromiso de danzar. Le impuso nuestro carácter, el disfrute del cuerpo por lo vernáculo, lo típico de la gesticulación con todo el sentimiento que nos caracteriza; el apego a la tierra que nos viera nacer, a la vez que el desprendimiento del alma».

Se necesitaría un lienzo casi infinito para intentar reflejar todos los matices creativos de Ramiro Guerra, quien con su arte supo pintar el color cubano sobre los escenarios. Estas páginas son apenas un boceto tímido, un atisbo de su luz. Sabemos que las palabras no alcanzan para perfilar el portento de su magisterio y la vigencia de su obra, pero ojalá sirvan como sincera invitación a conocer, descubrir o redescubrir a un hombre que era, es y será la danza toda. Chapeau, maestro.

 

El rigor y la disciplina distinguieron el quehacer del bailarín y coreógrafo. foto tomada de www.todaladanza.cult.cu

Fuentes utilizadas:

Albelo, Ismael. Una ausencia imposible, en www.danzahoy.com, 7 de junio de 2019.

Arrocha, Eduardo. La danza como concepto, en www.lajiribilla.cu, 28de junio de 2022.

Brooks Gremps, Jorge. Guerra, siempre en la danza, en www.radiorebelde.cu, mayo de 2019.

Castañeda, Mireya. Ramiro Guerra convocó a los dioses de la danza, en www.granma.cu, 28 de junio de 2022

Espinosa, Norge. Adiós al maestro Ramiro Guerra, en www.juventudrebelde.cu, 2 mayo de 2019.

Espinosa, Norge. Ramiro Guerra: Danzar más allá de la muerte, en www.cubadebate.cu, 3 mayo 2019.

Espinosa, Norge. Ramiro Guerra: tres golpes y una nota personal, en www.lajiribilla.cu, 28 de junio de 2022.

Garbey, Marilyn. Ramiro Guerra, en la danza siempre, en http://www.todaladanza.cult.cu/perfiles, No. 1, octubre 2020

Garbey, Marilyn. Ramiro Guerra en diálogo con el coreógrafo, en www.lajiribilla.cu 28 de junio de 2022.

González, Marianela. Isabel Monal: Ramiro es un fundador de la cultura de la revolución, en www.lajiribilla.cu, 28 de junio de 2022

Guerra, Ramiro. Sangre en los pies, en www.lajiribilla.cu 28 de junio de 2022.

Ruiz, Yuris Nórido. Ramiro Guerra: La última entrevista, en www.cubasi.cu, 1ro. mayo de 2019.

Ruiz, Yuris Nórido. El comienzo de un camino, en www.trabajadores.cu, 18 de febrero de 2021

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