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Un manifiesto simbólico desde las gradas

La crisis sanitaria e inestabilidad sociopolítica que afecta a la República Democrática del Congo, ha impactado la incursión de los Leopardos en el Mundial de Fútbol 2026
 

 

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

Si una selección nacional ha despertado simpatías en la Copa Mundial de Fútbol 2026, ha sido la de la República Democrática del Congo (RDC), que volvió a la máxima cita balompédica 54 años después que debutara en lides mundialistas en Alemania 1974 bajo la denominación de Zaire.

Beneficiada por el incremento de cupos mundialistas —elevados a 48 en la presente edición del Mundial organizada por México, Estados Unidos y Canadá—, la RDC fue la décima selección africana clasificada a la prestigiosa lid futbolística luego de transitar por una fase de grupos en la que enfrentó a Senegal, Sudán, Togo, Mauritania y Sudán del Sur; de sortear un repechaje continental disputado en tierras neutrales marroquíes donde se impuso ante potencias balompédicas como Camerún y Nigeria; y de certificar su ticket mundialista al vencer a Jamaica en el repechaje intercontinental. Más allá de esta exigente trayectoria de clasificación al Mundial de Fútbol, los denominados Leopardos han merecido la admiración del planeta por la convulsa situación sociopolítica, migratoria y sanitaria por la que atraviesa la nación subsahariana.

Tal vez ningún otro sujeto encarne la resiliencia deportiva y cívica del pueblo congolés como el aficionado Michel Kuka Mboladinga, quien ha acompañado a la selección de la RDC en las grandes lides balompédicas, como la Copa Africana de Naciones y el vigente Mundial de Fútbol. Conocido profusamente entre los fans del equipo de los Leopardos y la comunidad de internautas, Mboladinga ha adoptado el alias de «Lumumba Vive», por el homenaje que rinde al padre del independentismo congolés en los partidos que ha apoyado desde las gradas a la selección que defienden estrellas internacionales del balompié como Cédric Bakambu y Yoane Wisa. Más que una estatua viviente que genera millones de clics en las redes y buenos augurios entre la afición congolesa, Mboladinga adopta en sus singulares performances una postura hierática y expectante, que remite a uno de los monumentos más célebres consagrados a Patrice Lumumba en la capital Kinshasa.

Luego del debut de la RDC en el Mundial 2026 ante la selección portuguesa el pasado 16 de junio en el NRG Stadium de Houston, el otro gran hito para los Leopardos en esta cita mundialista se produjo una semana después en el Estadio Akron de Guadalajara en la que, durante los 90 minutos de partido ante Colombia, «Lumumba Vive» pudo acompañar a su equipo desde las gradas. Para cumplir con este sueño mundialista, Mboladinga tuvo que acatar una cuarentena de 21 días, requisito ineludible para los viajeros que provienen de la RDC, duramente golpeada por un rebrote del ébola que ha generado un estado de máxima tensión regional en pleno seguimiento por la Organización Mundial de la Salud. Luego de concluido el encuentro ante la selección cafetera, decenas de hinchas colombianos no dudaron en fotografiarse con el performer de 50 años que ha puesto en evidencia cómo el deporte más internacional no puede disociarse del contexto sociocultural donde es practicado.

De manera significativa, la Federación de Fútbol de la República Democrática del Congo ha gestionado todos los desplazamientos internacionales de Mboladinga —incluyendo la «burbuja» a la que tuvo que someterse el animador en Bruselas a la espera de obtener la visa estadounidense—, ya erigido en un embajador cultural de la sociedad congolesa. Además del respaldo institucional, «Lumumba vive» cuenta con importantes sponsors como el club deportivo Association sportive Vita de Kinshasa e importantes marcas del mundo de las telecomunicaciones como la francesa Orange y la china Tecno Mobile.

Si bien se han materializado en años recientes acciones reparadoras en los ámbitos historiográfico y judicial para que no quede impune el crimen que privó la vida de Patrice Lumumba, los performances de Mboladinga tienen una carga simbólica y reivindicativa difíciles de ignorar. Más allá del virtuosismo corporal y la actitud contestataria de su ejecutante, Lumumba vive ha legado algunas de las imágenes más atractivas del Mundial de Fútbol cuyos eventos más trascendentes no ocurren necesariamente sobre la cancha de juego.

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