Johan Manzambi marcó su primer gol con la camiseta del Aston Villa justo el día de su cumpleaños. Autor: Tomada de X Publicado: 19/10/2026 | 08:47 pm
Villa Park, Birmingham. Exterior noche. La cámara enfoca la fachada victoriana del estadio, iluminada por focos que parecen de platós. Dentro, 42 000 personas esperan el inicio de un capítulo que nadie imaginaba. En el bando visitante, un reparto de estrellas venidas a menos: Ederson bajo palos, Nathan Aké en la zaga, Nelson Semedo, Muriqui y Greenwod como actores de reparto, Romelu Lukaku en el banquillo. En el local, un director de escena llamado Unai Emery, un cumpleañero llamado Johan Manzambi y un verdugo silencioso llamado Nicolas Jackson. El guion estaba escrito. Solo faltaba rodarlo.
Minuto 12. El primer giro argumental no se hizo esperar. Córner corto, centro de John McGinn, Guendouzi peina sin querer y el balón cae al borde del área. Johan Manzambi, que cumplió 21 años ese mismo día debutando en Champions League, se acomoda el esférico con la calma de un actor veterano, se perfila y suelta una volea que toca en Škriniar y se cuela en la red. Villa Park estalla. Manzambi corre hacia la grada con los brazos abiertos, como si acabara de recibir el premio al mejor actor revelación. Su familia, presente en el estadio, llora en las gradas. Es el primer gol del suizo con la camiseta del Villa, y el primero de una noche que se convertiría en su fiesta personal.
Toda telenovela necesita un villano con carisma, y ese papel lo asumió Nicolas Jackson. El senegalés, fichado del Chelsea por 65 millones de euros, había llegado a Birmingham entre dudas y murmuraciones. En el minuto 30, Boubacar Kamara robó un balón en campo rival, filtró un pase y Jackson, con la frialdad de un asesino a sueldo, regateó a su marcador y sacó un disparo raso y cruzado que Ederson no pudo detener. Ocho minutos después, repitió la jugada: presión alta, recuperación y otro latigazo desde la frontal. Doblete en 45 minutos. Su segundo y tercer gol en dos jornadas de Champions. La grada, rendida, coreaba su nombre mientras él celebraba con un gesto de «corte» que parecía decir: «Esto es solo el principio».
Porque si Jackson era el verdugo, Mason Greenwood era el villano de la función. El extremo del Fenerbahçe, exjugador del Manchester United, regresaba a Inglaterra por primera vez desde 2022. Cada vez que tocaba el balón, Villa Park explotaba en abucheos. «Greenwood, Greenwood, ¿cuál es el marcador?», cantaba la grada con sorna. Su noche fue un calvario: intrascendente, superado, invisible. El guion de la telenovela turca le reservaba el papel del antagonista que se desmorona, y Greenwood lo interpretó a la perfección.
La segunda parte fue un mero trámite, pero el libreto aún guardaba sorpresas. En el minuto 67, Yüksek barrió a Manzambi dentro del área. Penalti. Ross Barkley, el veterano de 32 años que había vuelto al Villa para cerrar su carrera, cogió el balón, lo colocó en el punto y lo lanzó con la serenidad de quien ha vivido mil noches como esta. 4-0. Cuatro minutos después, en otra contra, Mbaye le cedió el balón en la frontal, Barkley disparó de primeras, el balón tocó en Elmaz y se coló en la red. Doblete. 5-0. Barkley, que no había marcado en Champions League desde hacía años, se daba un homenaje que nadie había pedido pero que todos celebraron.
Y en el minuto 89, cuando la función ya se apagaba, llegó el epílogo. Alysson se marchó por la banda, puso un centro raso y Tammy Abraham, el exdelantero del Chelsea y la Roma, solo tuvo que empujarla. 6-0. La mayor goleada europea en la historia del Aston Villa. Un set de tenis, dirían algunos. Villa Park, que había vivido tres partidos sin ganar en casa en Premier, celebraba como si hubiera ganado un título. Emery, desde la banda, sonreía con la satisfacción del director que ve su película funcionar. «No merecían un 6-0», dijo después, generoso, «pero para nosotros era muy importante cómo logramos la primera victoria en casa».
Al final, cuando las luces de Villa Park se apagaron y los actores abandonaron el escenario, quedó la sensación de haber presenciado algo que trasciende el fútbol. El Aston Villa, el club que había empezado la temporada entre dudas y reconstrucciones, firmó su segunda victoria consecutiva en Champions y se colocó tercero en la tabla. El Fenerbahçe se marchó de Birmingham como el villano derrotado de una telenovela turca: humillado, superado, sin argumentos. Y el público, que había pagado su entrada esperando un partido, se marchó a casa habiendo visto un capítulo de una serie que, por una noche, tuvo a los villanos como protagonistas.
