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Contrapunteo del encuentro Xi Jinping-Donald Trump

La visita de Trump a China evidenció el ascenso de Xi Jinping y el retroceso global de EEUU en economía, tecnología y liderazgo internacional

 

Autor:

Luis Manuel Arce Isaac

Si hay una visita del más alto nivel necesaria en estos momentos de tensiones en el mundo, es la que acaba de realizar el presidente Donald Trump a su homólogo chino, Xin Jinping, pues tuvo la intención —al menos de la parte del gigante asiático— de echarle agua a un barril de pólvora que podría incendiarse al estar rodeado de fuego por todas partes.

La reunión abrió con una impronta de la más elevada importancia: no fue Xi quien atravesó los océanos para ir a Washington, sino Trump el que voló 16 horas y 55 minutos para sentarse frente a su principal rival —en todos los aspectos que definen a una potencia mundial—, en el Gran Salón del Pueblo, cerca de la Plaza de Tiananmen, y no en la Oficina Oval de la Casa Blanca.

Tampoco fue el visitante quien propuso la agenda, sino el visitado, y el tema central no fue Irán, sino Taiwán, la cual China consideró la cuestión más importante. Xi Jinping fue quien planteó una agenda enfocada en la estabilidad gestionada, la cooperación estratégica, los intereses territoriales chinos.

Todo ello para evitar que la rivalidad comercial derive en un conflicto abierto; socios y no rivales a fin de coexistir pacíficamente y gestionar la estabilidad estratégica. Independencia Tecnológica y tregua comercial, y acceso al mercado para eliminar las restricciones estadounidenses a los chips avanzados.

Además, cooperación en Seguridad Global (Oriente Medio) para poder abrir el estrecho de Ormuz, respetar las posiciones de Irán para que cumpla su compromiso de uso pacífico nuclear sin desarrollarlo como arma, tema clave para EE. UU. en el que China se presta a moderar. Reapertura de canales de comunicación: Xi impulsó un mejor uso de los diplomáticos y militares para gestionar las diferencias y evitar que las tensiones se salgan de control.

La impresión inmediata compartida por muchos observadores, e incluso varios medios estadounidenses, es que la visita de Donald Trump dejó al descubierto un cambio más visible en el equilibrio global favorable a China en la competencia con EE. UU., que pierde posiciones económicas, tecnológicas y diplomáticas desde que el mandatario comenzó su ofensiva desde el mismo 20 de enero de 2025, demoledora, pero no solamente para el mundo, sino principalmente para su ejecutor.

Estrategias Divergentes 

Hay consenso en que la visita de Trump y el dominio de la palabra de su interlocutor, dejó en claro una posición dominante de Beijing sobre Washington, que ha retrocedido en todos los frentes con su frustrada meta de debilitar a China.

Los especialistas observaron resultados contrarios a su objetivo, en economía, tecnología, diplomacia e incluso en el ámbito donde Estados Unidos tradicionalmente se sentía casi intocable: la fortaleza militar, la imagen global y la capacidad de marcar la agenda mundial, que está pasando poco a poco a manos de China.

La estrategia china ha superado extraordinariamente a la estadounidense por un grado de efectividad que los ideólogos y líderes políticos y económicos aliados a Estados Unidos jamás previeron o imaginaron: mientras llenaron de guerras de todo tipo al mundo para lograr sus objetivos mediante la fuerza bruta, Xi Jinping hizo lo contrario al privilegiar la paz y la colaboración de beneficio mutuos, con resultados positivos sorprendentes.

Esa mala estrategia llevó al liderazgo republicano a embarcarse en Irán, extender el conflicto a todo el Oriente Medio y comprometerse militar, política y moralmente con un criminal de guerra como Benjamín Natanyahu, y asumir como propios sus objetivos, fracasos y crímenes, en lugar de centrarse en una competencia constructiva con China para no quedarse tan atrás en el avance científico y tecnológico del gigante asiático.

Porque no es solo la fábrica mundial de mercancías, sino el núcleo de la Inteligencia Artificial y la construcción de una nueva época con el máximo crecimiento del conocimiento humano en todos los campos, y altos niveles de bienestar social.

China demostró que el arma nuclear, por mucho que continúe modernizándose, está destinada a los museos, no a la conquista del mundo, y que la ciencia y la tecnología están marcando el núcleo de poder, no los antiguos atributos del poderío militar como creen en EE. UU., incluyendo la red de bases, las flotas de portaaviones y los radares, cada vez más una carga que una ventaja. Irán es la prueba.

El profesor de la Universidad de Harvard Stephen Walt estima que desde su segundo mandato en 2025, ha hecho prácticamente todo cuanto haría alguien que deseara conscientemente que China desplazara a Estados Unidos del premierato, y su país sigue caminando hacia atrás, no adelante. Por ejemplo, mientras la civilización corre hacia la energía limpia, se aferra al petróleo, que ya debió de haber desaparecido para favorecer el medioambiente.

China, en cambio, es el epicentro internacional de la energía alternativa y marcha muy firmemente hacia dejar de ser el gran consumidor de combustible fósil, que todavía es. Pero hace rato es el líder mundial en la construcción de paneles solares y baterías, así como tecnologías de otras fuentes alternas, incluida la eólica, la marina y el biogás.

Trump viajó por más de 16 horas para ir a China y reunirse con Xi Jinping. FOTO: Getty Images

En otros aspectos fundamentales, como la influencia e impacto en la arena internacional, China se ha convertido en el punto focal tanto de los centros urbanos más importantes del mundo desarrollado, como la periferia del sur, gracias a una política de buena vecindad y cooperación comercial y financiera, al punto que la desdolarización que se está viendo desde hace tiempo en los mercados, proyectan al yuan como una moneda altamente segura para los intercambios. Sin que ello signifique un deseo expreso del Banco Central de Beijing de convertirse en divisa preponderante.

Mientras Estados Unidos sigue amarrado a tratar de mantener el dólar por todos los medios como la divisa de referencia y su deuda pública dibuja montañas de papeles sin un valor intrínseco que en gran parte se lo otorgan tenedores de esa divisa como Japón, parte de Europa a pesar del euro, y la propia China. Beijing ha logrado lo nunca imaginado por los departamentos del Tesoro y Comercio: que los intercambios se expresen en monedas nacionales impulsados por el yuan, y que el petrodólar desapareciera como única moneda para las transacciones del hidrocarburo.

La gran diferencia entre uno y otro país es que, mientras Estados Unidos genera violencia, amenazas, guerras y muertes, en nueve conflictos en los últimos tiempos, China las evita.

Mientras Trump es adicto a las guerras arancelarias y comerciales, Xi Jinping ha logrado enormes éxitos con su política de cero aranceles y cooperación comercial, al margen de las asimetrías, y proponiendo beneficios mutuos en pie de igualdad y respecto a la soberanía e independencia de las partes. EE. UU- amenaza, e irrespeta las soberanías. China las reverencia, propone, dialoga, y facilita el acuerdo.

Mientras el líder chino construye factores de equilibrio y diálogo, el estadounidense destruye lo poco que ya le quedaba a su país, y solo habla en pie de igual con tres países: China, Rusia y República Popular Democrática de Corea, potencias nucleares también. Fuera de ese estrecho marco, trata a la patada incluso a sus aliados europeos, y a los demás les apunta a la cabeza con sus cañones y cohetes, o los cerca con sus destructores y portaaviones.

En fin, EEUU es una potencia en decadencia, China en ascenso.

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