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La gusanera de Miami da vergüenza

Autor:

Juventud Rebelde

La noticia sobre la operación a que fue sometido el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, compañero Fidel Castro, permitió que las personas de todo el mundo pudieran aquilatar mejor las diferencias entre los verdaderos cubanos y los gusanos de Miami.

Y no me refiero a los enfoques políticos antagónicos entre la abrumadora mayoría de los once millones de ciudadanos del país de José Martí, de un lado, y esa gusanera. Esas diferencias son obvias: unos están con la Patria y las conquistas de la Revolución; los otros con el Imperio y su bloqueo.

Me refiero a otra clase de valores. La masa del pueblo quedó pendiente de las noticias, con una cuota de aflicción y esperanza en que el Presidente mejore su salud, confiando en sus reservas físicas y morales, y en la dedicación de sus médicos. Estos son de excelencia para todos los cubanos y ciudadanos de otras latitudes que necesitan su atención.

En cambio, los gusanos que no pasan de ser grupos poco numerosos respecto a los millones de cubanos e incluso dentro de la colectividad que vive en Estados Unidos, se largaron a festejar en las calles de Miami. Lo hacían a bordo de sus costosas camionetas. Otros de a pie, agitaban banderas cubanas y estadounidenses. ¿No habrán visto que el trapo de estrellas y barras está siendo quemado por la mayoría de los mil millones de musulmanes y de otras personas en sus manifestaciones de todo el mundo en repudio al aval que la Casa Blanca da al genocida estado de Israel para bombardear Gaza y el Líbano?

Esa mezcla rara de lumpen, gusanos, mafiosos, terroristas, ricachones y la cuota de confundidos que nunca falta, estaba festejando la supuesta muerte de alguien. Festejaban la muerte, ellos que se dicen cristianos y debieran ser compasivos, solidarios y fraternos con el ser humano. Son estúpidos, porque Fidel Castro no ha muerto y quizá en algunas semanas esté de nuevo en un puesto de lucha. La gusanera se ha apresurado a festejar. ¿No aprenden estos apologistas de la muerte? ¿Qué van a decir si el Comandante les espeta desde su lecho de operado con éxito, «los muertos que vos matáis gozan de buena salud»?

Esos amigos de George Bush deberían tomar nota de que Fidel dejó provisoriamente sus tareas en manos de una media docena de dirigentes del Partido y el Gobierno. Quiere decir que allí en Cuba hay un colectivo de dirección, además de una personalidad extraordinaria. Hay equipo y no solamente una superestrella.

Por supuesto que Fidel algún día dejará de vivir. Pero los gusanos deben saber que eso ocurrirá cuando el organismo del estadista lo decida, no cuando Miami y la licorera Bacardí lo dicten. Aún así, cuando eso ocurra, la gusanera y sus sponsors del Departamento de Estado y la CIA no deberían alegrarse. Fidel Castro ha sido uno de los grandes del siglo XX y ya lo es del siglo XXI. Cuando no esté más físicamente entre nosotros, será también el hombre del siglo XXII para multitudes de los cinco continentes. Todos sabrán quién fue ese gran hombre. Es posible que entonces muy pocos recuerden quiénes fueron unos tales Bush, Rumsfeld y Cheney.

Fidel habrá sangrado de su intestino. Pero la gusanera sangra por la herida irreparable de la gran Revolución de 1959, por las expropiaciones de sus mansiones, empresas y latifundios; por la derrota que sufrió en Playa Girón, por los avances de la medicina y salud de Cuba, por sus proezas deportivas y culturales, por su conversión en potencia biomédica, por la victoria de toda Cuba con Fidel al frente cuando recuperó al niño Elián González, porque la CIA no pudo matarlo pese a 644 intentos.

Sepa la gusanería que la herencia de Fidel Castro no serán los 900 millones de dólares con que lo calumnió Forbes sin ninguna prueba, sino millones de verdades y cosas positivas hechas en beneficio de los cubanos y la humanidad.

Bush y la Fundación Cubano-yanqui solo pueden legar a sus fanáticos una parva de mentiras, falta de valores morales, cárceles ilegales, «daños colaterales» y misiles. Y con eso no van a ir a ninguna parte. Solo podrán hacer pequeñas caravanas en lujosas camionetas en Miami, tocar bocina y hacer un poco de ruido ante las cámaras de la CNN o los fotógrafos del Miami Herald, todo muy fugaz. La vida es otra cosa.

La gusanera festeja una muerte que no es tal y da «vergüenza ajena». (Fragmentos)

*Miembro de MIL POR CUBA y dirigente del Partido de la Liberación (PL) de Argentina.

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