Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Tiempos de quijotes

Autor:

René González Barrios*

Toda generación tiene ante sí los retos de su época. Pueden ser políticos, económicos, militares, culturales, ambientales, epidemiológicos, entre otros. Muchas veces, los retos coinciden o se multiplican, según las circunstancias. A veces se mezclan y parecen insuperables, inmensos, aplastantes. En todo caso, vencer las adversidades depende fundamentalmente de la acción del hombre, de su capacidad creadora, voluntad, optimismo y fe en el futuro. Los nacidos en esta Isla parecen genéticamente herederos de quijotes, dispuestos siempre a luchar contra tempestades y a buscar sin descanso el futuro de paz y desarrollo en que no cejan de soñar.

En 1868, en una conjunción generacional, los cubanos se lanzaron a la lucha por la independencia sin más recursos que las ideas y el machete de trabajo. La guerra duró diez años. El pueblo dio múltiples lecciones de heroísmo, creatividad, resolución. España se vio obligada a desplegar en la Isla un ejército de 300 000 efectivos, cifra que jamás potencia alguna desplegó en el continente. Y no pudo vencer por las armas. Solo derrotó a los patriotas la fragmentación de la unidad. Lo mismo pasaría en la Guerra Chiquita y en el período previo a la Guerra Necesaria organizada por José Martí.

En 1895, jóvenes impetuosos y veteranos incansables se lanzaron nuevamente a la búsqueda de la independencia, armados también de ideas y optimismo. La palabra encendida movilizó la esperanza y convirtió en titanes a un ejército popular que estuvo a punto de derrotar a los nuevos 300 000 efectivos del ejército colonial. Nuevamente la división hizo mella y de ella se aprovechó el imperialismo estadounidense para interrumpir la victoria ganada por las armas.

Hartos de corrupciones y crímenes, la generación del Centenario del natalicio de José Martí asaltó el Moncada, sufrió presidio y exilio, desembarcó en el Granma, luchó en las montañas, llanos y ciudades, y derrocó a una de las dictaduras más corruptas y sanguinarias que recuerda la historia americana. Comenzó entonces una nueva Revolución encabezada por Fidel, acompañado por el Che, Camilo, Raúl y otros muchachos que apenas rozaban, los mayores, los 30 años de edad. Con ellos, inspiradores de pueblos, se enfrentó un futuro incierto, lleno de incógnitas y desafíos, en el que día a día se despejaba el camino a la construcción de una sociedad más justa: el camino al socialismo.

Jóvenes analfabetos aprendieron a leer y escribir para después convertirse en técnicos, ingenieros, médicos. Jóvenes imberbes aprendieron el uso de modernas armas para defender la soberanía nacional. Aquella generación halló en los retos de los primeros años el mayor estímulo para sus vidas. Había que hacer a la Isla grande, inspiradora, esperanza de los pueblos del mundo.

Enfrentando desafíos, Cuba creció y ayudó de manera decisiva a las naciones del Tercer Mundo. Miles de cubanos se ofrecieron como internacionalistas: combatientes, maestros, personal de salud, técnicos de múltiples ramas. Cada aprendizaje deseábamos compartirlo, en una multiplicación contagiosa del espíritu solidario heredado de nuestra historia.

Si había que combatir al colonialismo, había cubanos dispuestos; si se necesitaban médicos para enfrentar los estragos de un desastre natural, había cubanos dispuestos; para llevar la luz de la sabiduría a los pueblos analfabetos, había cubanos dispuestos; para toda causa noble y revolucionaria en el mundo, había cubanos dispuestos. Cuba, acosada, bloqueada y agredida, se convirtió en el más noble y altruista ejemplo de solidaridad humana en la historia universal. Era el resultado inspirador y contagioso de un quijote moral llamado Fidel Castro Ruz.

Las nuevas generaciones de cubanos, nacidos con la Revolución, los herederos de las generaciones anteriores, de los hombres y mujeres de Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandidos y la campaña de alfabetización, viajaron a África, en especial a Angola, para reconfigurar los destinos del mundo a cambio de nada, solo con el orgullo del deber cumplido.

Los que no fueron a Angola, Etiopía y otras gloriosas misiones, estuvieron en la Batalla de Ideas, en el desarrollo de la ciencia, la cultura y el deporte, los nuevos escenarios donde sentirse útiles al servicio de la patria. Médicos, científicos, maestros y artistas asumieron un rol de vanguardia. Y en la Cuba asediada, el constructor se sintió orgulloso de sus obras, el obrero de sus labores, el científico de sus vacunas, el médico de salvar vidas y, los combatientes, de la defensa de la patria. Todos son partes del mecanismo sincrónico de un reloj ético. Todos útiles y necesarios, cada cual soñando en la excelencia de su trabajo.

La Cuba de hoy es compleja. Múltiples son los frentes de batallas y muy difíciles las soluciones. El escenario internacional no beneficia, y el imperialismo no ceja, ni cejará, en su intento por derrotar el ejemplo moral que significa para el mundo la Revolución Cubana. En esas circunstancias, se necesita pensamiento crítico, audacia, interacción con el pueblo, creación conjunta y, sobre todas las cosas, fe en el socialismo y la Revolución. Las crisis y las dificultades son, a la vez, oportunidades. Los destinos de una Cuba de justicia social se definen en el socialismo, y dentro de él, sin derecho a claudicar, hay espacios para soñar, crear, desafiar, combatir; espacios para tomar la adarga, subir a Rocinante y seguir acompañando los sueños del Quijote insular, venido al mundo el 13 de agosto de 1926, para legarnos su impronta: un mundo mejor es posible. (Tomado del Centro Fidel Castro Ruz)

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