Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un puente frente al muro

Autor:

Yuniel Labacena Romero

El malecón no siempre es el mismo. Es puerta, confidente, inspiración, amor, fiesta, refugio, pueblo, agradecimiento, juventud, patria… A todas horas muchos llegamos allí, donde se acaba la tierra y comienza el mar, porque en ocho kilómetros de muro se puede hallar un poco de cada cosa. ¿Puede alguien dudarlo después de lo vivido este domingo en La Habana?

Quienes participamos en la caravana contra el bloqueo que en muy pocas horas convocó la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) vimos un malecón diferente, desde el muelle flotante de La Habana Vieja, junto a la Alameda de Paula, hasta el Torreón de la Chorrera, pues el puente de amor levantado desde Cuba busca el fin de una criminal política con la que Estados Unidos daña no a nuestro Gobierno —como quieren hacer ver—, sino a la familia toda.

Como yo, más del 70 por ciento de nuestra población ha nacido bajo el injusto cerco, único de su tipo en el mundo por su duración y alcance. Ahí está una de las respuestas de por qué en Cuba hubo una caravana en la orilla de La Habana y amigos de varias naciones «se inventaran» su malecón. El bloqueo es real, lo sufrimos cada uno de nosotros y, de 2019 a 2020, por primera vez, el monto total de sus afectaciones rebasó en un año la barrera de los cinco mil millones de dólares.

¿Qué hubiera sido de este país si no tuviéramos bloqueo? ¿Dónde estaríamos? ¿A dónde hubiéramos llegado? Doce millones de dólares es el costo diario a precios corrientes del arreciado cerco de Estados Unidos contra Cuba. ¿Se imaginan que cada día del año se le pueda dar a un municipio diferente del país esa cifra para que los invierta en su desarrollo económico y social?

Era una pregunta de José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido, durante un intercambio con jóvenes delegados guantanameros en su asamblea de balance 11no. Congreso de la UJC. Decía más: el año, con sus 365 días, permitiría incluso que se le pudiera entregar dos veces esa cantidad de dinero a nuestros 168 municipios y quedarían todavía jornadas para volver a empezar.

Dada su extraterritorialidad, de esa sexagenaria política hostil saben los amigos del mundo, en especial los que la sufren, casi tan bloqueados como nosotros, en los propios Estados Unidos. Allá y aquí urgen, para afianzar los lazos, el normal funcionamiento de las  embajadas de Washington y La Habana, la restauración del programa de reunificación familiar y la liberación en el envío de remesas. Por eso ganó tanto apoyo la campaña internacional Puentes de amor, que solo en el último fin de semana tejió un enjambre de aliento en más de 50 ciudades del mundo, muchas de ellas en la propia nación norteamericana.

Tal es la apuesta de un grupo cada vez más numeroso de personas por levantar las presiones económicas con que Washington daña a nuestro pueblo. Por eso, les contaba, nos fuimos este domingo en caravana, con la fuerza de la razón que le asiste a un país; por eso, agradecimos los gestos solidarios: la pelea por lo justo nos une, como decía en Twitter el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Emocionó ver en las calles o en los balcones a otros cubanos salir al paso de la multitud, como quienes deseaban unirse a la algarabía, conteniéndose apenas en estos tiempos de COVID-19, por la necesidad de cuidarse. Por todos lados se observa, el pasado domingo y hoy, un pueblo con sus hijos más jóvenes en primera línea explicando las razones de su participación y andando en bicicletas, motorinas, patinetas, patines, carros, cocotaxis, bicitaxis… por los malecones de nuestra lucha.

«Los jóvenes cubanos siempre tendremos motivaciones para dar la pelea, para exigir nuestros derechos, para continuar la obra de la Revolución», dijo Diosvany Acosta Abrahante, primer secretario del Comité Nacional de la UJC, al concluir la jornada. Y, como aseguró Díaz-Canel este lunes bien temprano, «la caravana mostró la vitalidad y la energía de la juventud cubana».

Ese es el malecón, con su espíritu de trabajo y disfrute, el mismo donde miles de cubanos y amigos del mundo caminaron con banderas y carteles en los tiempos en que todo un pueblo pedía que el pequeño Elián creciera aquí, con su padre; la vía donde tanto coreamos por el regreso de cinco jóvenes héroes. Eso recordamos este domingo, como también las marchas por allí con Fidel a la cabeza.

Junto a las olas del malecón, el tricolor de nuestra enseña nacional volvió a percibirse más bello y el camino de la libertad, la soberanía y el antimperialismo siguió definiéndose como el único posible para quienes construimos y soñamos una Cuba más próspera y mejor, pero sin presiones, chantajes ni bloqueos. El malecón fue gran puente de amor, de lucha por la vida, por la justicia y la verdad; un hermoso sitio para esas causas dignas, justas y heroicas que la Revolución nos da para defender.

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