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La debacle de Israel y Estados Unidos en Gaza

Autor:

Leonel Nodal

Ya está. Se acabó. Así dicen, o nos quieren hacer creer. La guerra genocida de Israel en Gaza toca a su fin. Seis meses después del 7 de octubre, 185 días para ser exactos.

«Las FDI (el Ejército israelí) se retira del sur de Gaza sin cumplir sus objetivos principales». Así lo imprimió, textual, el influyente diario Haaretz en su principal titular de primera plana este lunes. Por su parte, The Times of Israel saca las primeras conclusiones: «La retirada del domingo de las fuerzas terrestres de las FDI de Khan Yunis marca el fin del llamado conflicto de alta intensidad, aunque Hamás sigue en pie y mantiene a 129 rehenes desde el 7 de octubre».

Lo dicen ellos y leyó bien: se retiran sin cumplir sus principales objetivos, Hamás sigue en pie y mantiene en su poder un número importante de prisioneros, militares y colonos con la finalidad de conseguir la liberación de cientos de prisioneros palestinos encarcelados sin juicio, condenados a perpetuidad, por lo que el Gobierno de ocupación militar califica de «terrorismo», al referirse a las protestas y acciones armadas contra las fuerzas represivas y los colonos invasores de su tierras, de las que vienen siendo despojados hace 76 años.

Por supuesto, en realidad la guerra no ha terminado. Israel se ha visto obligado a parar, por la firme resistencia palestina, por la barbarie de sus asesinatos masivos de civiles inocentes, por el repudio de la opinión pública internacional, las manifestaciones en todo el mundo, en particular muy visibles en ciudades de Europa y Estados Unidos, el occidente aliado incondicional. La agresión sigue con menor intensidad. El daño humanitario ya está hecho. Pero Israel está moralmente humillado y derrotado.

¿Qué han hecho? ¿Qué logró Israel, con el apoyo militar, logístico y diplomático incondicional de Estados Unidos, político, económico? El permiso o arreglo con el presidente Joseph Biden, durante su visita a Tel Aviv el 18 de octubre, le permitió al primer ministro Benjamín Netanyahu darle rienda suelta a su odio y rencor —al ser sorprendido durmiendo por el audaz y sorpresivo ataque de Hamás el 7 de octubre— y saciar «la comprensible ira profunda» que sentían los israelíes, según las palabras utilizadas por el jefe de la Casa Blanca, su amigo de más de 50 años.

Tan buen socio que incluso el propio día, la semana pasada, cuando sus militares pulverizaron con misiles tres vehículos de ayuda alimentaria y asesinaron a siete trabajadores humanitarios extranjeros de la World Central Kitchen, autorizó la entrega de bombas y municiones valoradas en miles de millones de dólares. Se le fue la mano a los secuaces de Netanyahu. Un escándalo tan grande y perjudicial para Biden que él personalmente ordenó parar ya la cruenta película de guerra de Gaza.

El saldo de la matanza hasta este lunes se eleva a 33 207 palestinos asesinados, en su mayoría civiles inocentes, de ellos dos terceras partes o más son mujeres y niños, así como 75 933 heridos y más de 7 000 desaparecidos.

El Gobierno israelí encabezado por Netanyahu ha provocado una catástrofe humanitaria sin precedentes. Un millón y medio de palestinos se encuentran refugiados en la sureña ciudad de Rafah, fronteriza con Egipto, a la que el mando militar israelí ¿tenía o tiene? amenazada con una vasta operación terrestre, otra matanza, ante su incapacidad para exterminar a Hamás. La invasión ha sido cancelada, al menos por ahora. Y como consecuencia los líderes de los partidos ultraortodoxos religiosos amenazan con retirarle su apoyo a Netanyahu, lo que confirmaría una derrota política.

El ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista y colono Itamar Ben Gvir, amenazó este lunes con una ruptura de la coalición gobernante que mantiene en el poder a Netanyahu después de que las tropas fueran replegadas el domingo de la zona sur de la Franja de Gaza. «Si el Primer Ministro decide poner fin a la guerra sin un ataque extenso contra Rafah para derrotar a Hamás no tendrá mandato para continuar sirviendo como primer ministro», expresó.

En una declaración que bien pudiera servir de epitafio para Netanyahu, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres afirmó: «Seis meses después, estamos al borde de una hambruna masiva, de una conflagración regional y de una pérdida total de fe en las normas y reglas mundiales del derecho internacional. La crisis humanitaria y el sufrimiento en la Franja no tienen comparación con ningún otro conflicto reciente, con más de la mitad de la población, más de un millón de personas, al borde del hambre y niños muriendo por falta de comida y agua. Esto es algo incomprensible y completamente evitable. Nada puede justificar el castigo colectivo del pueblo palestino».

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