No muestran el precio

Dice Laura Viondi que si usted visita la tienda de la Cadena Panamericana de la Zona 8 en el reparto capitalino Alamar, donde se venden artículos con rebajas de precios por mermas y deterioros, debe llevar una calculadora o ser un genio en las matemáticas, que realice operaciones en segundos.

La lectora, quien reside en el Edificio C-5, apartamento 14, en la Zona 6 de esa localidad, manifiesta que allí los artículos aparecen con el precio inicial, y los empleados son quienes buscan en un listado, te dicen el por ciento de rebaja y por ende el resultante.

Laura insiste en algo medular en materia de protección al consumidor: ¿Por qué los artículos no tienen el precio resultante? Eso eliminaría suspicacias y desconfianzas del comprador, y podría prestarse para ciertos engaños.

Y lo ejemplifica con una anécdota: meses atrás, ofertaban unos tenis en unos estantes. Laura tomó un par, pero observó que no tenía etiqueta de precio. Le preguntó a la cajera cuánto valían, y súbitamente, otra dependienta se los arrebató de la mano y le dijo que esos habían salido equivocadamente. No estaban inventariados y no tenían etiqueta, no sin antes lanzarlos al cajón.

Otra irregularidad es que allí no hay guardabolsos. Hay que dejar la cartera en el piso a la entrada de la tienda y estar con la zozobra de que alguien se la lleve, porque la tienda no se responsabiliza con preservarlas.

Considera Laura que en esa tienda falta mucho en materia de protección y respeto al consumidor. ¿Es tan difícil resolver esos detalles, por los cuales se pueden escapar la confiabilidad y el control?

La segunda misiva la envía Armando Villarreal, un padre conmovido de gratitud por todo lo que se ha hecho por su hija de tres años.

Armando, quien reside en Santa Teresa 9, entre Maceo y Luz Caballero, en la localidad villaclareña de Camajuaní, refiere que la pequeña padece un neuroblastoma (cáncer) en la cavidad abdominal, y permanece ingresada desde septiembre de 2006 en el Hospital Infantil José Luis Miranda. «Gracias a la Revolución y sus bondades, mi hija ha recibido un tratamiento que hasta el momento ha costado cien mil dólares al país», manifiesta, y agradece el amor y la dedicación de los doctores Víctor Picah y Berta Vergara; y de los enfermeros Luisito, Martica, Yanelis, Mailín y Mercedes.

En momentos tan duros, Armando ha tenido una familia grande en sus compañeros de trabajo: Salgado, Miguel, Juan Omelio, Maricela, Blasa, Belkis, Carlitos, Oscar, Moraima, Leonelito, Vladimir, Ezequiel y Julio Cosecha. Y en los compañeros del Partido municipal: Enel, Rogelio y Elio Ravelo.

Así somos los cubanos: ante tales situaciones, y por encima de imperfecciones e inconformidades, se nos encoge el corazón y luego se expande pródigo.

La tercera carta la envía Aida Martínez , de calle Tercera número 1509, reparto Casino Deportivo del municipio capitalino de Cerro. Y es una queja ya añejada de inconformidad y desatención.

Refiere la remitente que desde el 2004, y entre huracanes y huracanes, viene reportándose a la Organización Básica Eléctrica (OBE) el deplorable estado en que se encuentra un poste en calle Tercera, entre Segunda y Entrada, en tal localidad: podrido, sujeto apenas por el propio tendido eléctrico. Desafiante e impredecible.

Ya están cansados de llamar a reportar la incidencia, y siempre le han dicho que no hay postes. Y el «milagroso» cada vez se inclina más y amenaza a dos viviendas. La ironía mayor es que en el propio reparto, se han sustituido postes, y en la propia calle Tercera y Acosta, hay un poste nuevo tendido en el piso hace más de cuatro meses.

Entonces, ¿hay postes o no hay? ¿O es que falta otra cosa?

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