Pobre, pero con vergüenza... - Acuse de recibo

Pobre, pero con vergüenza...

El pasado 4 de abril Rolando Pérez Pérez viajaba en ómnibus desde la capital hacia Guantánamo, donde reside, en Pedro Agustín Pérez, entre 4 y 5 Norte. Retornaba de gestiones de trabajo, y el viaje fue muy agotador, pues el vehículo presentaba problemas técnicos. Pero lo más curioso estaba por ver...

Al transitar por la localidad de Taguasco, en la provincia de Sancti Spíritus, los propios pasajeros se percataron de que la tapa del maletero iba abierta. Y el chofer se detuvo a cerrarla.

Al fin llegaron cansados y somnolientos a Guantánamo la madrugada siguiente. Y no fue hasta horas después cuando recibió una llamada telefónica en su centro de trabajo. Le comunicaban que alguien había hallado un portafolios suyo en Taguasco, y habían dejado un número para que llamara.

Fue cuando Rolando reparó en la ausencia del portafolios, pues en la recogida de sus equipajes no se había percatado de que faltaba. Había sido arrojado como consecuencia de la tapa abierta del maletero. Y en él trasladaba documentos importantes, facturas, cheques y efectivo en moneda nacional.

De inmediato, Rolando contactó con la persona, y resultó ser un cubano llamado Orlando Martínez, administrador del hogar de ancianos de Taguasco. «¡Qué clase de persona!, manifiesta Rolando. Hablamos, nos presentamos e inmediatamente me contó cómo había encontrado dicho objeto. Me dijo además que todo lo que había adentro estaba intacto. Y que me despreocupara, que haría todo lo posible por hacerlo llegar a mis manos».

El 9 de abril, Rolando recibió vía correos una caja que contenía su portafolio con todo lo que portaba cuando se extravió. Y ratificó lo que comenzó a comprender cuando habló con Orlando, a despecho de todo lo que uno a veces generaliza por los golpes que le da la vida:

«Sí, hay personas honestas, serias y desinteresadas, entre ellas este hombre, al cual espero conocer personalmente muy pronto, para darle mi agradecimiento en persona», refiere Rolando, y recuerda lo último que le dijo Orlando, como credencial, cuando hablaron por teléfono: «Pobre, pero con vergüenza».

La segunda misiva la envía José Antonio Bravo, vecino de Manhattan 605, entre Quinta y Flores, Los Pinos, municipio capitalino de Arroyo Naranjo:

El pasado 14 de febrero él debía viajar a Baracoa en ómnibus, mediante reservación en ASTRO. Pero el 13 tuvo una novedad familiar y no pudo hacerlo. El 15 fue temprano en la mañana a la agencia de pasajes del Arenal, en Playa, a reintegrar el boleto. Y allí, el administrador le explicó que tales reintegros se hacen a partir de las 10 a.m., en cualquier agencia, y en la Terminal de ómnibus.

Ese mismo día, a las 2 p.m., José Antonio se dirigió a la agencia de pasajes de Santa Fe a hacer el reintegro. Y el jefe de salón le dijo que no podía hacer esa operación allí. El cliente le explicó lo que le habían dicho en la del Arenal, pero él le ratificó que no podía ser allí.

José Antonio volvió a la agencia del Arenal, y le explicó al administrador lo que le sucedió. Este le respondió que en la de Santa Fe tenían que haberle hecho el reintegro, y acto seguido llamó a esta, y preguntó por qué no habían atendido al cliente, pues según él todas las agencias de pasajes pertenecen a la misma entidad: Viajeros.

Después de tal peloteo en una ciudad tan grande y con dificultades para transportarse, José Antonio se siente sumamente contrariado. Y le solicita a la empresa Viajeros una explicación de por qué ha sido tan maltratado.

La última carta es la denuncia de Pedro A. Vives, de calle 39 número 277, apartamento J-1, en Nuevo Vedado, municipio capitalino de Plaza: el 16 de abril, a las 6 y 10 p.m., un camión con matrícula HUR687, con el rótulo CESM Plaza, descargó un gran volumen de escombros en un colector de basura.

Varios vecinos le llamaron la atención a sus tripulantes, sobre tal indisciplina, y ellos dijeron que allí fue adonde los mandaron a verterlos. Al final, el colector está lleno, y los vecinos de tres grandes edificios no tienen donde depositar sus desechos. ¿Qué sucede, al punto de que cualquiera transgrede las normativas urbanísticas y no pasa nada?

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