Paredes de agua

«Peligro: fosa». Con esta alerta subtitulábamos aquí, el 16 de mayo último, la odisea que atraviesan la capitalina Niurka Quirós Alfonso (Muralla Nro. 459, entre Bernaza y Villegas, La Habana Vieja) y sus familiares y vecinos.

Resulta que desde el paso de los huracanes Ike y Gustav, sus viviendas quedaron definitivamente golpeadas y ellos fueron trasladados al inmueble que hoy ocupan.

El lugar se encuentra en un parqueo que alguna vez el MINSAP tuvo que clausurar por las deficientes condiciones higiénicas, refería entonces Niurka.

Y agregaba: «Cuando (...) el presidente del Consejo Popular Plaza Vieja, nos trajo para este sitio dijo que no creáramos condiciones por nuestra cuenta, que después pasarían Arquitectura y otros funcionarios; y que el Gobierno se encargaría de todo». Pasó un mes y nada. Siguieron corriendo los días y la comunidad albergada más inquieta.

La amenaza mayor les venía por una fosa abierta dentro del perímetro del parqueo, en la que recalan las aguas negras del edificio, con la consiguiente atracción de ratas, cucarachas y otros vectores infecciosos. Esto, sin contar la fetidez constante.

«El único baño que posee el lugar —apuntaba la remitente— se encuentra al fondo y casi siempre está tupido».

Hoy nos llega la respuesta de la Arquitecta Ivette Pérez Vuelta, directora de la Unidad Provincial Inversionista de la Vivienda en Ciudad de La Habana (UPIV).

«Coincidimos en las reflexiones de Niurka —afirma la Directora de la UPIV— acerca de las condiciones del local adonde fueron conducidos su núcleo y dos más por no poder regresar al inmueble de Monserrate. Por su estado técnico (...) era obligado un tránsito para proteger la vida de los afectados».

El inmueble donde radican las tres familias, admite Ivette, «no tiene condiciones para su adecuación en viviendas, precisamente por la fosa existente». Por ello se gestionan las vías para reubicarlos dentro del territorio.

«La rapidez en estas acciones —expone la funcionaria— transita por cuestiones complejas. El porcentaje de edificaciones en estado crítico dentro de este municipio es alto, por lo que las entidades responsables, junto al Gobierno, buscan alternativas dentro del mismo para minimizar el constante huracán silencioso que provocan los inmuebles agotados por el tiempo».

Y concluye la Directora de la UPIV afirmando que la Dirección Municipal de Atención a las Comunidades de tránsito del municipio, sita en Sol Nro. 58, «se comunicará con Niurka y los restantes núcleos para informar de la solución que se propone».

Agradecemos la respuesta de Ivette. Y ojalá puedan derrotarse más temprano que tarde las trampas del «huracán silencioso» en la vivienda. Hay riesgos, menos sigilosos, que aumentan.

Ya nace el agua en Matagua

Cuando el 5 de marzo último publicamos la carta de la villaclareña Isabel Alonso, el agua llegaba a su comunidad, como un alumbramiento divino, una vez al mes. En la calle Triángulo Nro. 21, de Matagua, Manicaragua, el líquido-fenómeno arribó el día 13, en enero; el 27 en febrero y marzo comenzaba a caminar sin que se vieran señales de él.

Parece que las respuestas de por allá tienen el ritmo del agua. No obstante, siempre se agradece que lleguen.

El ingeniero Julio F. Rivero Calderón, director general de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado en Villa Clara, escribe entonces para referirse al caso que nos ocupa.

Aparte de la visita y conversación con Isabel, Julio nos cuenta que en estos momentos «la situación ha mejorado sustancialmente, por la sustitución de los dos equipos de bombeo que existían en el lugar por dos nuevos, sumamente eficientes.

También informa el directivo que se suprimieron siete salideros en la conductora que lleva el agua hacia el pueblo, la rehabilitación total del tanque de distribución «para ponerlo en funcionamiento cuando las condiciones estén creadas y la rehabilitación de redes a 120 viviendas en 1,9 kilómetros para beneficiar a más de 480 habitantes».

«Todas estas averías —especifica Julio— se solucionan con esfuerzo de la comunidad, el Gobierno y la Empresa, pues no están contemplados en el Plan Económico del año».

Y este redactor no puede menos que preguntar: si lo están rehabilitando básicamente con esfuerzo propio... ¿por qué se ha esperado tanto? ¿Qué fue de las necesidades básicas de la gente en estos tres meses?

¿Último capítulo de «El hueco»?

Y la tercera misiva de hoy viene también de manos de Acueducto y Alcantarillado, esta vez de la Empresa del Este, en Ciudad de La Habana.

Llega para contestar la demanda que el 21 de marzo pasado hiciera aquí Pedro Rodríguez Palacios, de calle Santa Emilia, entre Calzada de San Miguel y San Manuel, en el municipio capitalino de San Miguel del Padrón.

Lo que Pedro relataba en su epístola de entonces parecía una novela de terror. Llevaban ¡15 años! luchando en su comunidad contra las filtraciones que, por sótanos y aceras, hacía el agua albañal. El patio del remitente lucía «una ciénaga» cuando escribió a Acuse.

Pero lo peor fue que después de mucho tiempo, los trabajadores de Acueducto Municipal abrieron en la calle un colosal hueco, «como parte de la excavación rompieron una tubería de agua potable», y al final habían ido dejando el hoyo enorme, a sus espaldas, de boca al firmamento.

Ahora nos responde el arquitecto Antonio R. Lago Taño, director general de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado del Este. Empleados de su entidad comprobaron «la magnitud de lo planteado» y comenzaron a trabajar para revertir la situación.

«Se sustituyeron cien metros de tubería de 200 mm, se repararon 24 entronques de alcantarillados y seis acometidas que se averiaron durante las labores de rehabilitación de esta zona».

«Ya no existe la afectación que motivó la queja, por lo que les ofrecemos disculpas a los vecinos por las molestias causadas», finaliza el dirigente.

Ah, la tardanza... Tantos huecos, tantas historias.

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