El costo de la lejanía

Yenni Sosa Peña (Edificio 27, apto. 30, Reparto Miraflores, Moa, Holguín) quisiera intercambiar con quien decidió que los medicamentos controlados que se vendían en su municipio, ahora se concentren en una farmacia de la capital provincial.

Ella padece hace más de 15 años una rara enfermedad —neuralgia nasofaringe izquierdo recurrente—, la cual le provoca dolores intensos, al punto de impedirle comer, beber y casi hasta respirar. A veces pasa semanas en que apenas prueba bocado, lo cual la mantiene en un estado delicado, por su bajo peso corporal.

La han atendido especialistas en Neurocirugía en Moa, Holguín, Santiago de Cuba, Cienfuegos y La Habana. Todos coinciden en que ese padecimiento no tiene cura. Y no pueden faltarle la carbamazepina y la gapapentina cada ocho horas.

Pero la gapapentina es controlada. Antes se vendía en dos farmacias de Moa, «hasta que a alguien se le ocurrió que los medicamentos controlados debían ser concentrados en una sola farmacia en la capital provincial».

Señala que «no se tuvo en cuenta que Holguín se encuentra a 200 kilómetros de Moa. Una máquina cuesta 200 pesos ida y vuelta por persona. Súmele los gastos de alimentos y las llamadas telefónicas para localizar la disponibilidad del medicamento.

«En mi caso, cuento con un salario de 179 pesos, y hace mas de dos años estoy de certificado médico. En este momento ya se me está venciendo el tarjetón, y no he podido comprar la medicina, por lo cual no la tomo hace casi tres meses».

Aclara Yenni que no se opone al control de medicamentos tan específicos, pero solo unos pocos pacientes los consumen. «No sería difícil designar una farmacia en el municipio que, con el tarjetón, solicite a la provincia el medicamento, y venga ya con nombre y apellidos. Sería una forma sensata de control y asequible para los pacientes que lo necesitamos».

Arcoiris de atenciones

Raúl Soria (Maceo No. 420 Sur, Santa Clara) se sorprendió, para bien, cuando visitó con su familia el pasado 18 de agosto el centro gastronómico del campismo Arcoiris, de esa ciudad, donde recibieron «una excelente atención».

«Ante la necesidad de recreo y expansión —señala—, decidimos en familia visitar el local. Y para sorpresa nuestra quedamos impactados por la maravillosa forma de atención al cliente, y la calidad de la comida: ¡En moneda nacional!».

Recuerda con gratitud al capitán de salón, Delvis; a la afable dependienta Deisy; al empleado que despacha la cerveza dispensada, los cocineros… «Todos, en su conjunto, hacen de El Ranchón —el área a la que fuimos en el mencionado complejo— un lugar de visita obligada para los cubanos de estos tiempos, tan necesitados del buen trato y el buen servicio perdidos en muchos restaurantes y áreas de recreo».

Arreglan y vuelve el problema

Rosa Leiva (Rabí No. 511, apto. 3, entre Zapote y San Bernardino, Santos Suárez, La Habana) denuncia que desde el pasado 4 de mayo su teléfono, con el número 640-5589, se queda sin corriente por espacio de dos o tres días. Y cuando se restablece, dura aproximadamente una semana funcionando.

Van los reparadores de Etecsa, hacen su trabajo y luego se repite la misma tragedia.

El 21 de julio pasado Rosa se comunicó con la supervisora del 114, quien le informó que su teléfono está conectado a un PCM —equipo ganador de pares— y que los pares están rotos. Le añadió que no hay tarjetas y debe esperar hasta que los reparadores vayan. Y así sigue la cliente.

El 6 de agosto fueron, arreglaron, y a las dos horas se repitió la situación. Y además de su número, se encuentran en idéntica situación el 640-9270, de Alberto Boza; el 649-9356, de Juan Pérez; y el 640-0829.

Rosa se pregunta hasta cuándo.

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